Cuatro fatídicos días han pasado desde el pequeño altercado en las instalaciones universitarias de Oxford, cuatro días en los que he sido el centro de burlas, comentarios ofensivos y señalamientos por parte de personas que creen que me estoy metiendo entre las sabanas de Nichollas Da silva.
Hijos de perra.
¿Cómo algo tan insignificante como una pequeña disputa pudo convertirse en algo de esta magnitud? ¿Cómo en el infierno los comentarios pudieron llegar hasta Seller's Enterprise? Han sido tantos las exégesis que no me sorprendió en lo absoluto ser llamado un día sábado a las ocho de la mañana para presentarme en las instalaciones ejecutivas de la misma.
La gran mesa de cristal que se extiende frente a mi da cabida al menos para treinta personas -de las cuales solo tres personas hacemos acopio de ella-, logra dar una impresión de insignificancia a cualquiera que no posea su elegancia. Frente a mí, un hombre enfundado en un costoso traje que observa de hito a hito con gesto inescrutable y, en la silla contigua a mí se encuentra el causante de todo este malentendido.
Yo por mi parte soy un manojo de miedos e inseguridades, un nudo se ha instalado en la boca de mi estómago y la ansiedad amenaza con estallar en cualquier momento. Sin embargo, trato de mantener mi expresión en blanco y tranquila.
El video que se proyecta frente a nosotros una y otra vez -tantas que creo que he llegado a aprenderme nuestros diálogos-, es una muestra clara de lo estúpido que fui al haber respondido a los insultos de Andrew en la universidad.
Mi mirada persigue al hombre que observa la pantalla con total concentración, pero que camina a lo largo de la oficina una y otra vez antes de detenerse, para finalmente posar su mirada sobre su hijo y, poco después sobre mí.
— ¿Nunca les enseñaron a resolver sus diferencias en privado? —Sisea en nuestra dirección finalmente. Su acento es un poco más marcado que el de Nichollas, sin embargo eso no lo hace menos atractivo.
Ninguno de nosotros se atreve a abrir la boca para responderle, a pesar de esto, trago de no agachar la mirada, estoy aterrado, Nichollas lo sabe, sé que en mi rostro se puede ver el pánico que siento en este mismo instante.
—Solo fue un malentendido —Me defiendo, y de paso defiendo a Andrew.
Toda la atención del hombre se posa en mí y, en el proceso su mandíbula se tensa. Sus ojos se encuentran con los míos, son azules como los de Nichollas y eso los hace impresionantes, también reflejan ese aire hostil que es propio de mi jefe, su cabello es castaño y su piel es de un tono claro, lo que hace resaltar mucho más su mirada, sé que es tres años mayor que Nichollas por lo que debe rondar los treinta y cinco, sin embargo luce mucho más joven.
—Por ese mismo malentendido la empresa se ha vuelto el centro de suposiciones por parte de diferentes medios, a mí me tiene sin cuidado sus diferencias, pero ¿Hacerlo público? —Escupe, y el sarcasmo tiñe el tono de su voz—. De cualquier manera, ¿Quién es usted?
—Es mi asistente —Responde Nichollas con total naturalidad.
—No te lo pregunté a ti Nichollas, ¿Quién es usted?
—Soy su asistente —Digo—, yo estoy pagando mis practicas universitarias..., bueno, aquí.
— ¿Qué?
—El señor Nichollas me acepto en su empresa por seis meses hasta que culmine la etapa de prácticas, después de esto me queda un año de estudios para poder graduarme —Respondo con total naturalidad.
ESTÁS LEYENDO
Esclavo De Ti
Roman pour Adolescents"Aveces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante" -Oscar Wilde Tan atractivo, Tan alto, Tan reconocido, Tan vacío, Tan arrogante, Tan falso, Tan él. ~▪~ ¡Tenemos nueva portada! Hec...
