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Ella hizo silencio. No le molestaba. Estaba bastante confundida, pero definitivamente no le molestaba.

Nicholas alzó una ceja. -¿Y bien?

-No, no me molesta. -Admitió-. Pero si...

-Sin peros. -La interrumpió-. ¿Te dijeron ya cuando vas a poder salir de aquí?

-Todavía no, pero espero que sea pronto. No soporto un segundo más estar aquí.

-¿Qué te duele?

-No me duele nada.

-¿Te gustaron las flores? -Le preguntó, dirigiendo su mirada al arreglo junto a la cama.

-Sí, Nicholas, gracias.

. . . .

-Con cuidado, con cuidado... -Zira le decía a Nicholas mientras el llevaba a Keira en brazos hacia el interior del penthouse.

-Todo sería más fácil si me hubiesen permitido caminar. Estoy bien.

-No podemos arriesgarnos a que te lastimes y tengas que volver al hospital. -Su madre volvió a hablar.

-Quiero descansar, solo eso.

-Tenemos una pequeña sorpresa antes. -Edmund le dijo.

Nicholas la bajo con delicadeza sobre uno de los sofás del salón.

-¿Cómo que una sorpresa? No necesito más...

-¡Kiki! -Rita llegó corriendo por el pasillo y se lanzó a sus brazos.

Keira lanzó un chillido de dolor, y Rita se separó inmediatamente de ella.

-¿Te lastimé? -Preguntó aterrorizada.

-¡Debes tener más cuidado Rita! -Zira la reprendió.

-¿Estás bien, vida? -Nicholas se sentó junto a ella, y tomó una de sus manos entre las de él.

Con los ojos apretados, Keira tomó una bocanada de aire antes de volver a hablar. -Estoy bien.

-Perdóname, Keira. -La pequeña le pidió.

-No pasa nada. -Sonrió con dificultad-. ¿Qué haces aquí, latosa?

-¡Sorpresa! -Extendió los brazos y abrazó a su hermana con delicadeza.

Keira miró a Nick de reojo, el le sostuvo la mirada.

-Yo no soy la única que está aquí. ¡Verena!

Verena llegó caminando por el pasillo. -Parece que hubieras visto un fantasma, hermanita.

-No, no es eso. Es solo que me sorprende que estén aquí.

-¡Pues ese es el punto! -Dijo Rita, divertida.

Luego de unos minutos de fingir que estaba feliz por la llegada de sus hermanas, Keira hizo intento de levantarse.

-¿Necesitas algo? -Nicholas le preguntó de inmediato.

-Quiero recostarme, me duele la cabeza, y estoy cansada.

-Te ayudo. -Se ofreció.

-No vayas a...

Antes de que pudiera terminar su idea, Nicholas la había levantado del suelo y la tenía entre sus brazos.

-En un rato te llevo algo de comer, mi cielo... -Fue lo último que escuchó de su madre antes de perderse escaleras arriba.


Disimula. (En Proceso de Edición)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora