Nicholas se inclinó hacia ella, descansando su frente contra la suya. Le acarició con el pulgar los labios temblorosos, y acunó su rostro antes de devorarle con la boca los labios. Keira gimió de placer, sintiendo como le vibraban los adentros, dejando como rastro una punzada de dolor.
—Cuando quieras... —Le dedicó una sonrisa complacida antes de irse.
____
Esa noche él regresó tarde de la oficina. No la tocó hasta que se abrazó a ella mientras dormía. Keira sintió alivio cuando por fin se dio la vuelta, permitiendo que se levantara. Había estado en cama toda la tarde y gran parte de la noche y tenía las piernas entumecidas.
Buscó su teléfono que había dejado en el baño, y se sintió agobiada al ver varias llamadas perdidas de Neal. Consideró no marcarle, pero la necesidad que sentía de escucharlo, era mayor que el dolor de su traición.
—Mi amor, por fin... —Dijo Neal cuando contestó-.
—¿Qué es lo que quieres, Neal?
—Necesito verte, Keira. Te extraño. Necesito que hablemos.
—No tenemos nada de qué hablar. Todo entre nosotros está dicho ya.
—No, todo lo has dicho tú, y a medias. No entiendo qué está pasando y necesito verte.
—Neal...
—Estoy frente a tu edificio. O bajas ya, o van a despertar todos en tu casa porque voy a entrar a la fuerza de ser necesario.
—No, tú no puedes hacer eso.
—Depende de ti, mi amor.
—Hagamos algo... —Comenzaba a ponerse nerviosa-. Nos vemos mañana, donde quieras. Y allí hablamos.
Neal se mantuvo en silencio por unos segundos. —Está bien. —Dijo al fin-. Te enviaré la dirección del hotel donde me estoy quedando.
—De acuerdo.
—Una cosa más, Keira...
Ella lo dijo nada. Pero se escuchaba su respiración acelerada.
—Si tú no llegas, no sé qué sería capaz de hacer.
Keira se abrazó a sí misma, y miró fijamente su reflejo en el espejo del baño. Las angustias se le notaban en el rostro. Tan joven y con tanto peso sobre los hombros. No estaba feliz.
Salió de la habitación en silencio, Nicholas no se había vuelto a mover. Bajó las escaleras con sumo cuidado. Se encontró con su padre en el salón. Estaba tomando de un vaso de cristal. Keira presumió que se trataba de alcohol.
—Cariño... ¿Qué haces despierta a esta hora?
—No puedo dormir. —Contestó con amargura.
—¿Estás bien?
—Tan bien como se puede estar en la situación en la que me encuentro.
—Keira... ¿Cuándo vas a dejar de culparme por esto?
Ella lo miró con incredulidad. —Nunca. Es todo culpa tuya y de tus juegos sucios, papá. Tuya y de ese bandido de Emiel van der Voort.
—Hiciste lo que hiciste porque quisiste. Yo nunca te obligue a nada.
—Lo hice por mamá y mis hermanas, lo sabes. Por evitarles el sufrimiento de verte tras las rejas.
—Keira...
—¿Cuándo te vas de aquí, papá? Yo no necesito que estén aquí por más tiempo, quiero estar sola con mi esposo.
Ni ella creía aquello, pero quería a su padre fuera de allí lo antes posible. Y sabía que su madre no se quedaría sin el.
____
Estaba desayunando con sus hermanas y su madre cuando recibió un mensaje de texto en su móvil. Era Neal, con la hora y el lugar para su encuentro. Ese encuentro que ella tanto anhelaba y temía a la vez.
—Keira, ¿Podemos ir al cine? —Rita le preguntó-. ¿Keira?
—¿Qué? Perdón.
—Que si podemos ir al cine. —Repitió-. No hemos pasado tiempo juntas.
—Cariño, tu hermana no puede salir mucho. Está aún delicada. —Dijo Zira.
Rita asintió, pero ahora tristeza cubría su rostro.
—¿Qué te parece si vemos una película esta noche?
La niña encogió los hombros. —Mejor que nada, ¿No? —Se levantó de la mesa, y se fue con su plato a la cocina.
Keira soltó un suspiro.
—¿Ves lo que causas? —Verena por fin habló-. Eres una egoísta.
—Verena, por favor. —La madre intervino.
—No, mamá. Esta solo piensa en ella misma. Y...
—¿Por qué tú envidia, Verena? —Keira le preguntó.
—No seas ridícula. No tengo nada que envidiar a nadie. En especial a ti.
—Que bueno que lo sabes. —Sonrió con amargura-. Porque todo esto es una mierda con el infierno que vivo. No tienes ni la menor idea.
Se levantó de la mesa con la mayor rapidez de que fue posible, y se fue a su habitación.
_____
Estaba arreglándose para su encuentro con Neal, cuando su madre tocó a la puerta.
—Muñeca... —Zira le dijo con dulzura-. ¿Qué es eso que sucedió abajo?
—No sé de qué hablas, mamá.
—Por favor. Puedes confiar en mí. ¿Qué es eso tan terrible que te está pasando?
Keira no dijo nada.
—Cualquiera haría lo que fuera por llevar una vida como la tuya, Kiki. Tienes una carrera, el trabajo que siempre soñaste, un esposo excepcional, y esta casa que...
—Mamá... —Keira se giró hacia ella con los ojos llenos de lágrimas-. ¿Nunca te preguntaste porqué no conociste a Nicholas hasta solo unos días antes de la boda?
—Bueno.. si, pero siempre has sido reservada con tu vida íntima y...
—Mamá, Nicholas y yo no nos casamos por amor.
—Pero... Keira, no entiendo.
—Lo único que te puedo decir es que mi matrimonio es una farsa.
—Estabas embarazada...
—No era suyo. Yo nunca me he acostado con él.
—¿Entonces?
—Ese bebé que yo esperaba... era de otro, mamá. Del único hombre al que he amado en mi vida.
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Disimula. (En Proceso de Edición)
RomanceNicholas van der Voort Keira Auguste Los declaro: marido y mujer.