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El lunes en la mañana, luego de vestirse, alcanzó a Nicholas en el comedor. Estaba tomando café con tostadas, mientras leía el periódico en una tableta.

—Buenos días. —Le dijo.

—¿Cómo dormiste, vida?

Keira contestó con un gruñido.

—¿Café? —Le ofreció su taza.

Ella arrugó el rostro al sentirlo negro y aparentemente sin azúcar. —¿Vas a necesitar a Jackson esta mañana? —Preguntó.

—¿Por qué?

—Quiero saber si me puede llevar a la oficina o si me voy en taxi.

—Yo te llevo.

—No es necesario, Nicholas.

—No está a discusión. —Se levantó, y se acomodó la corbata-. Vamos.

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Eran alrededor de las cuatro de la tarde cuando Janine entró en la oficina de Keira sin tocar, interrumpiendo lo que hacía.

—¡Keira!

—¿Qué sucede?

—¡Adivina quién está abajo!

—Ay no... —Sé quejó al pensar que se trataba de Neal.

—Nicholas. —Soltó un chillido de emoción.

—¿Nicholas está aquí?

—Sí, ¿Lo dejo pasar?

—Por supuesto que sí.

Janine salió de la oficina, y ella inmediatamente sacó de un cajón de su escritorio un pequeño espejo. Se peinó un poco, se retocó el labial, y luego se puso de pie y se planchó la ropa con las manos, justo antes de que volvieran a tocar a la puerta.

—Adelante. —Dijo con voz temblorosa.

Nicholas empujó la puerta, y al verlo Keira sintió su boca secarse.

—Que sorpresa que estés aquí. —Le dijo.

Él se acercó a ella y la besó brevemente en los labios. —¿Cómo ha estado tu día, vida?

—He tenido mucho trabajo. ¿Tú cómo estás?

—Todo bien. Oye, abajo está tu auto listo.

—¿Qué? ¿Lo llevaste al taller?

—Jackson se encargó de todo.

—Estaba buscando opciones de compra en internet, tenías razón cuando dijiste que estaba prácticamente acabado. Me encontré con algunas opciones interesantes. Creo que ya es momento de que compre un auto nuevo que pueda conservar por muchos años.

Nicholas asintió. —De todas formas me gustaría que lo vieras y así te explico cual era el problema.

—Está bien. Oye... ¿Crees que pueda venderlo?

—A un lote de chatarra como mucho, vida. Tiene muy alto millaje.

—Entiendo... ¿Cuanto te debo?

Él rió. —No digas tonterías, Keira. —Posó su mano en la cintura de ella, y se encaminaron al estacionamiento.

No había muchos autos allí, por lo que se dio cuenta de inmediato de que su auto no estaba allí. Reconoció el de Nicholas, junto al que se encontraba Jackson quien asintió y sonrió al verla.

—¿Dónde está?

En ese momento él le ofreció una llave que acababa de sacar del bolsillo de sus pantalones.

—¿Qué hiciste, Nicholas? —Le preguntó, tomando la llave.

Él sonrió. —Encargarme de que mi mujer esté cómoda y segura.

Le señaló una todoterreno de la marca Tesla que se encontraba junto a su auto. Sabía que era una compañía que fabricaba autos eléctricos, con el fin de disminuir la contaminación ambiental, pero nunca antes había visto uno en persona. Era increíble, pero su reacción no fue la esperada.

—¿No vas a subirte? ¿No te gusta?

—No debiste hacer esto. —Dijo sin moverse.

—Keira, no es gran cosa. Lo hice con...

—No, no entiendes. En realidad no debiste. —Le regresó la llave-. Lárgate de aquí y llévate esto.

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Se quedó a trabajar hasta tarde solo porque no quería regresar al penthouse y ver a Nicholas a la cara luego del desplante que le había hecho. Cuando salió de la oficina se encontró a Jackson en el mismo lugar donde lo había dejado, pero ya no había rastros de Nicholas o de aquel vehículo nuevo que había comprado.

—No sabía que estabas aquí. —Le dijo.

—El señor me pidió que la esperara para regresar a casa.

Nicholas tenía en manos un vaso con whisky cuando ella entró al salón. No traía camiseta ni zapatos, vestía solo pantalones deportivos en gris.

—Estás despierto... —Ella notó.

Él asintió.

—Perdóname... Sé que fui bastante brusca e inmadura esta tarde, y tú no te mereces eso.

—Solo quería ayudarte.

—Lo sé... Es que... Nadie me ha dado nunca nada, Nicholas. He trabajado por lo poco que tengo, lo he conseguido a pulso. Papá tuvo dinero alguna vez, pero yo agradecia mi educación y comodidades portándome como mis padres esperaban. Me negué a que pagaran por la universidad, y aun estoy saldando los préstamos estudiantiles. Mientras estudiaba, trabajaba como mesera en un asqueroso restaurante, y antes de conseguir trabajo en la revista, escribía artículos para un periodico en linea. No estoy acostumbrada a tener cosas que no puedo pagar... Y definitivamente no puedo pagar por ese auto.

—Todo eso está perfecto, Keira, pero... Soy tu esposo, y tengo todo el derecho y el deber de ayudarte. Tendrías que reemplazar esa chatarra tarde o temprano, así que yo lo hice... por algo confiable, de lo que no tengas que preocuparte.

—Voy a sentir que te debo algo y no podré estar tranquila.

Nicholas se acercó a ella y acunó su rostro con una mano. —Baja la guardia, por favor. Te dije una vez que podrías contar conmigo para lo que fuese, que te apoyaría incondicionalmente... Y es lo que estoy haciendo.

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Un par de semanas más tarde, Nicholas fue interrumpido por Jackie en su oficina.

—¿Qué sucede? —Le preguntó, levantando la vista de su escritorio.

—Acaban de llamar de la recepción. Está abajo Amber Davenport.

Nicholas rodó los ojos. —Dile que no estoy, que no sabes cuando regreso.

—Parece bastante insistente en que no se irá hasta que hable con usted.

—Maldita sea. —Murmuró, y pegó contra el escritorio el bolígrafo que estaba usando antes de levantarse de su sillón-. La voy a recibir en el salón de juntas.

—Sí, señor.

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—Espero que tengas una muy buena excusa para venir aquí.

—La tengo. —Amber contestó seria.

Por primera vez Nicholas logró ver otro aspecto de aquella mujer frívola y sexual con la que tantas veces había compartido la cama. Vio en sus ojos auténtica preocupación y un brillo inusual.

—¿Qué sucede?

—Nicholas, yo... Creo que estoy embarazada.

Disimula. (En Proceso de Edición)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora