-44-

494 56 14
                                    

—Sí.

—¿Quieres ir personalmente o piensas solo dejar un cheque?

—Prefiero hacerlo personalmente.

—Puedo acompañarte mañana. Debemos ir temprano porque la oficina solo recibe visitas hasta mediodía los domingos.

Nicholas asintió. —Gracias, Verena.

De repente, Nicholas comenzó a sentir como se le cerraba la garganta, y tenía dificultad para respirar.

—Nicholas... —Verena lo miró preocupada.

—¿Qué? —Había comenzado a rascarse en todas partes, y sentía como su lengua se volvía pesada.

—Tienes ronchas por todo el cuerpo... ¿Qué pasa?

Nicholas se miró los brazos, en efecto, una erupción de pequeñas ronchas rojas llenaban sus brazos.

—¿Eres alérgico a algo? ¿Qué comiste?

Él se levantó de golpe. —A las hormigas de fuego.

—¡Maldita sea! —Verena lo imitó-. Tenemos una plaga hace meses.

Entonces fue cuando descubrieron una de las patas de la mesa, justo donde Nicholas había estado sentado, colmada de hormigas rojas.

—¿Qué tomas para esto? —Verena le preguntó.

—En el auto tengo un inyector de adrenalina. —Ya apenas se le entendía lo que decía.

—¡Vamos, te voy a llevar a emergencias!

Nicholas se subió en el asiento del pasajero de la camioneta, abrió la guantera, y sacó de allí un auto inyector cuya aguja introdujo hábilmente en uno de sus muslos. Luego se inclinó sobre el cordón de la acera y devolvió el estómago, Verena solo podía escuchar las arcadas. Abrió una botella de agua a medio tomar que encontró en el portavasos, y se la dio cuando estuvo listo.

—Te puedo llevar a emergencias... —le dijo mientras Nicholas tomaba el agua-. No está lejos de aquí.

Él movió la cabeza en negación, apoyándola contra el respaldo del asiento. —Me siento mejor...

—Tuviste una reacción horrible, puede ser peligroso...

—Solo necesito un antihistamínico. —Volvió a buscar en la guantera y tomó una pastilla de un pequeño frasco.

—No es molestia llevarte.

—Dame unos minutos, y si no me siento mejor, nos vamos.

Volvió a apoyarse contra el respaldo, está vez con los ojos cerrados. Verena se sintió tentada a acariciar sus facciones con uno de sus dedos. Su rostro parecía tallado a mano. Nunca lo había observado tan de cerca, pero a pesar de la coloración en su piel, que ya comenzaba a ceder, le pareció atractivo.

—¿Sientes que puedes respirar mejor? —Le preguntó después de un rato.

Nicholas se limitó a asentir sin hablar.

—¿Mi hermana sabe que te pones así?

—No...

—¿Quieres que la busque?

—No...

Verena se sentía satisfecha. Ella había ayudado a Nicholas a sentirse mejor, y Keira no tenía nada que ver.

_____

Keira por fin había logrado desprenderse de sus amistades, y entró en la casa. Estaba pasándola bien, pero no sabía dónde estaba Nicholas. Hacía aproximadamente una hora que no lo veía. ¿Dónde podría estar? Su madre la siguió.

Disimula. (En Proceso de Edición)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora