Wayward Daughter. Chapter 8.

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La cabeza me dolía mucho, como si tuviera resaca después de algún encuentro con Melissa, pero sabía que esto no era una simple resaca pues no estaba en mi apartamento, Melissa no estaba gritando desde la cocina que era lo que quería para desayunar, y estaba sola. Me incorporé en mi cama, que era de la habitación que Dean me había ofrecido. El cuarto estaba oscuro y yo tenía este dolor en la nuca tan intenso y un extraño sabor de boca. Me levanté de la cama y salí a donde recordaba de la última vez, estaba la cocina.

Escuchaba voces pero por lo mismo de mi horrible migraña no alcancé a reconocer la tercer voz del todo, aunque sabía que de algún lado la conocía. Aparecí en la cocina, vi a Sam ponerse de pie al verme, y acercarse a mí de inmediato.

—Claire, ¿estas bien?— lo miré y luego negué con la cabeza. —¿Necesitas algo?

—Una pastilla para la migraña.— dije sin voltear a mirar a Dean que me observaba desde la barra del otro lado de la cocina.

Un tercer hombre se encontraba en el lugar, pero me dio pereza voltear a verlo.

—Y dime, Claire— comenzó a decir Dean desde donde estaba. —¿Quién es Jensen?

Levanté la mirada hasta donde estaba él confundida de que dijera ese nombre. No quería responder, pero él tan causal esperaba recibir una respuesta. Miré a mi alrededor hasta que mi vista se detuvo en él. Mi corazón se detuvo por un instante, pude sentir casi toda la sangre de mí cuerpo subir a mi cabeza y un mareo invadir mis sentidos.

—Jensen...— jadee sin apartar la mirada del hombre en la gabardina que estaba parado en un rincón observando todo.

El hombre de la gabardina se tensó al ver que solo lo veía a él con atención, esperando a que él hiciera algo. Yo lo hacía, yo esperaba que él me reconociera, que me consolara como yo lo recordaba. Pero al parecer él se encontraba tan confundido como yo.

—Espera— dijo Dean poniéndose en pies —¿Quién es Jensen? ¿Y qué tiene que ver él con ese tipo?— Dean señaló al hombre de gabardina y luego a mí.

—Tú no eres Jensen— me dirigí al hombre de gabardina quien con algo de lastima me miró.

—No, no lo soy— respondió el hombre en voz baja. —Pero ¿quién es ese Jensen del que tanto hablas? ¿Acaso él significa algo para ti?

—Sí, se podría decir eso— dije al tiempo que Sam me ofrecía una pequeña pastilla junto con un vaso con agua. —Lo lamento.

Podía sentir las miradas de todos en el lugar sobre mí, y el dolor de mis recuerdos atravesando mi corazón. Los ojos se me comenzaron a empañar pero al tiempo que quise desaparecer del lugar, ellos habían descubierto que algo no estaba bien conmigo.

—Claire, ¿qué es lo que sucede?— preguntó Sam reteniéndome en la entrada de la cocina.

—Lo lamento. En serio lo siento. No ha sido mi intención ser un problema para ustedes, es solo que tú eres igual a él.— dije señalando al de gabardina. —Eres igual a él.

—Claire, ¿a quién?

—Jensen Novak— respondí en un susurro. —Fue mi prometido.

Traté de recuperarme de los recuerdos que me embargaban de ese día, de tratar de que su rostro familiar no me afectara como lo hacía, y principalmente de no sentirme tan destruida como me sentía, pero el anillo en mi dedo pesaba más de lo que recordaba y mi corazón apenas podía soportarlo.

—Espera, ¿qué?— dijo Dean —Entonces ¿ibas a ser Claire Novak si llegabas a casarte con ese tal Jensen?

—Dean, por favor— dijo Sam a mi lado regañando a su hermano por el comentario. —Ahora no.

—¿Claire Novak?— dijo el hombre de gabardina sin apartar la mirada de mí tratando de encontrar algo en mi cara.

—Vamos, Claire. Tienes que descansar.— dijo Sam tomándome de los hombros sacándome de la cocina mientras los otros dos solo me miraban en desconcierto.

—¿Quién es Claire Novak, Sam?— pregunté en voz baja dejando el árbol con patas me dijera algo.

No respondió, solo continuó caminado manteniendo su mirada al final del pasillo.

—Sam— mi voz salió firme mientras sostenía la mirada sobre él y me detenía en medio del pasillo.

—Ella es...— suspiró con cansancio, como si pensara en contarme —Es una larga historia. Te contaré todo lo que necesites saber cuando estes mejor, ¿sí?

Lo miré un momento tratando de entender el porque no me lo decía de una buena vez, pero supuse que su respuesta tendría que ver con el hombre de gabardina y al ver mi reacción con ese hombre, Sam dudó en contarme. Yo quería en serio saber que era lo que estaba pasando, y no quería esperar mas porque si lo hacía probablemente olvidaría el asunto. Me detuve en seco provocando que él se girara para verme.

—Dime— mi voz era demandante y seria. Un mensaje claro de que no tenía intenciones de ir a algún lado, no sin antes escuchar lo que fuera que estuviera pasando.

—A quien tú acabas de reconocer como... ¿Jensen? Es Castiel, y es un ángel, literalmente.

El como era posible de los ángeles en la Tierra ahora no era muy importante para mí, solo quería saber porque la cara de mi una vez prometido estaba del otro lado de este gigante con cabello de de sirena.

—Jimmy Novak es el nombre de su vasija. Castiel esta poseyendo su cuerpo.— dijo Sam a lo que yo solo me quede mirando al vacío tratando de entender lo que me decía — Los ángeles son...

—Complicados. Lo entiendo.— terminé de decir pues comprendía que si Sam seguía hablando no explicaría mejor las cosas. —Entonces ¿su nombre es Jimmy Novak?

—Ya no. El hombre antes de Castiel lo era.

—Y ¿quién es Claire Novak? ¿Su esposa?—pregunté esperando la respuesta.

—Su hija. La hija de Jimmy.— miré a Sam un momento sintiendo como el aire comenzaba a faltarme. Tuve que sostenerme de la pared para no caer.

En este mundo habían versiones de mis hermanos que jamás existieron en mi mundo, también estaba Jensen cuyo nombre fue Jimmy aquí, y una tal Claire Novak hija del doppelgänger del que fue una vez mi prometido. Era demasiado para conocer en un solo día y aun así aquí me encontraba, tratando de entender cada pequeño detalle que no tuviera sentido como si quisiera encontrar ese detalle que no encajara con el perturbador sueño en el que me encontraba.

—Yo no soy ningún doppelgänger, Dean.— la voz de Castiel me trajo de vuelta a la realidad, o el nefasto remedo de ella.

—Ya te lo he dicho, Cas, puedes leerle la mente a la gente siempre y cuando ellos te lo permitan.— le respondió Dean algo molesto, pero no lo suficiente para comenzar una riña. Yo solo fruncí el ceño.

—Pero fue tu...— la respuesta de Castiel fue interrumpida por algo, o alguien pero no supe qué.

—¿Doppelgänger?— se giró a verme Sam tras escuchar el intercambio de palabras de su hermano y Castiel. —¿Qué sabes de esas criaturas?

—Nada— me encogí de hombros. —Solo sé que son como lo gemelos malvados de ciertas personas. Y pienso que Castiel o quien sea, es uno de mi Jensen.

Cerré la boca de golpe tras escuchar lo último que dije y me mordí la lengua por un momento.

—En mi mundo existen cuentos de estas criaturas sobrenaturales. No son reales, solo mitos y cuentos de hadas para niños pequeños.— proseguí queriendo que Sam olvidara lo que dije sobre Jensen, y tal vez mi reacción ante eso. —Nada real. Eso no existe.

Miré la pared a mi lado pues esto se había puesto incomodo. Yo seguía frotando el anillo en mi mano sin olvidar la presencia del hombre en la cocina, sin comprender como era posible todo este enredo.

—Iré a dar una vuelta por el lugar. Si aparece Gabriel, dile que quiero hablar con él— dije antes de alejarme de Sam y perderme por los pasillos del inmenso lugar.

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