Wayward Sons. Chapter 52.

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Era una mañana fresca, no era helada a pesar del lugar en el que se encontraban. Nubes pesadas y negras sobre volaban el terreno montañoso y boscoso que daban la impresión de que en cualquier momento un diluvio caería sobre el terreno. Dean se encontraba afuera de la cabaña tomando un poco de aire fresco, aprovechando que Jody estaba acompañándolo, él quería ver el paisaje antes de regresar dentro de esas cuatro paredes y ver sin cansarse al ángel que aun continuaba dormido. Dean se había preocupado por las tantas horas que Castiel llevaba en la cama, pero Jody le dijo: —Si lo que le paso es tan grave como dices, créeme, necesitara todo el reposo que pueda tener. Es un trauma fuerte. 

Dean pensaba las palabras una y otra vez. Daban vuelta en su cabeza como un remolino de agua en un lavabo, sin nunca dejar de dar vueltas dentro de él. Una brisa helada lo hizo regresar de sus pensamientos y enfocarse en las copas de los arboles que lo rodeaban. Jody le advirtió de esas brisas; significaban una noche helada. A paso lento comenzó a recoger leños secos, ramitas que le pudieran ayudar durante la noche a mantener un ambiente cálido en la cabaña.

Cuando hubo recolectado bastante se aventuró a regresar a la cabaña solo para ver a Jody parada a la entrada del lugar con una expresión un tanto sombría en el rostro. Dean miró hacia la cabaña apenas un segundo temiendo lo peor. Dejó caer los leños a la entrada de la pequeña construcción y se dispuso a entrar. Jody se adelantó a las acciones del rubio poniendo una mano sobre su pecho para detenerlo.

—Calma, vaquero. Aun duerme.— dijo Jody mirando de reojo a Dean quien pareció relajarse un poco. —Solo quise salir a tomar el fresco.

—¿Cómo lo ves? ¿Crees que se recupere bien?— preguntó Dean regresando por los leños donde los había arrojado.

—Por lo que me has dicho de él, creo que sí, Dean. Aparte, te tiene a ti.— la mirada suave y amorosa de Jody hizo a Dean sentirse cálido por dentro, algo que no sentía muy a menudo.

—¿Y crees qué sere suficiente?— Dean levantó la mirada a los ojos de Jody que lo trataban de descifrar. —¿Sere suficiente para que... no se vuelva loco?

Dean temía la respuesta tanto como había temido hacer la pregunta, pero se tenia que hacer y ahora que la había hecho no sabia que hacer.

—¿Y por qué no ibas a serlo?— Jody le tomó el rostro al rubio entre sus manos y lo forzó a mirarla. —Eres su mejor amigo. Eres la persona a la que mas confianza tiene. Si hay alguien que puede ayudarlo a atravesar este horrible suceso eres tú, Dean Winchester.

—Gracias, Jody— contestó Dean tomando su mano con cariño para luego besarla.

—Bueno, niño, tengo que volver. Un día fuera del pueblo es un día fuera. Necesitan a la comisario.— dijo Jody notando que el Sol, por muy arriba de las nubes estaba comenzando a ponerse. —Avísame si algo sale mal ¿sí?

Dean asintió con una sonrisa triste. Jody ingresó en la cabaña, miró a Castiel una última vez, tomo sus cosas y salió para subirse a su carro policial. Ambos se despidieron una vez más de mano. El rubio mantuvo la mirada en ella hasta que la policía estuvo fuera de su vista. 

Los truenos se hicieron escuchar haciendo que esa fuera la señal para que Dean ingresara a la cabaña con los leños que recolectó con anterioridad. El silencio en el interior de la cabaña era de cierta forma inquietante. Mientras se adentró en la cabaña con cuidado de no despertar al ángel y puso los leños el lado de la chimenea, notó algo en el piso. Pequeñas plumas negras esparcidas por el llegar pero llegando a una concentración grande al lado de la cama de Castiel.

Una vez mas el corazón de Dean se rompió. En silencio comenzó a levantar las plumas y ponerlas en una cubeta a lado de la chimenea. Suspiró con pesar mientras posaba su triste mirada sobre el cuerpo del hombre dormitando a escasos metros de él.

De cierto modo esperaba que Castiel no despertara. No tenia ni idea de como iba a manejar la situación una vez que él abriera los ojos, pero también quería que lo hiciera. Quería verlo y saber con certeza que estaba bien —dentro de lo que cabe.

La pequeña pequeña cama que estaba siendo ocupada en el lugar comenzó a sonar alertando a Dean de que su usuario estaba regresando al mundo de los vivos. Las heridas de Castiel estaban frescas y eran profundas, con Dean creyendo que aun dolían como el demonio. El rubio las había limpiado con cuidado, y había limpiado al ángel para que pudiera reposar mas cómodo. Jody lo ayudo en cuanto pudo, pero se atuvo a solo hacerlo en la cocina, y sala. Tampoco quería que el ángel, tan débil y en tan delicado estado llegara a atrapar una infección en sus profundas heridas.

Castiel movió los hombros, las manos buscando la manta para poder cubrirse mejor en un reflejo para aliviar su temperatura baja sobre estos, pero cuando de dispuso a acomodarse mejor en la cama notó que algo no estaba bien. Los ojos del ángel se abrieron dejando ver un azul del océano hundidos en terror que buscaban algo detrás de él.

—Mis alas— jadeó el ángel dejando caer la cobija sobre sus hombros incorporándose en la cama. —Mis alas.

Dean lo miró, en silencio observo cómo el ángel caía mas profundo en la realidad en la que ahora se encontraba. Las palabras "mis alas, mis alas" las decía una y otra vez en un tono mas deprimente que la vez anterior.

—¿Cas?— Dean habló en un tono bajo que Cas ignoró por completo.

—Mis alas ya no están.— dijo Castiel en un tono mas fuerte, como si eso fuera a hacer que él despertara de un sueño inexistente.

—¡Cas!— dijo Dean en un tono un poco mas fuerte llamando la atención del hombre sobre la cama.

Con cabello despeinado, un conjunto de camisa y pantalones de tela delgada que Jody se había molestado en escoger para Castiel, el ángel se encontraba tratando de comprender.

—Mírame— ordenó Dean haciendo que el ángel volteara. —Todo estará bien.

—No tengo mis alas— por alguna razón Castiel no podia decir el nombre de quien se encontraba enfrente de él, así como mantener sus ojos puestos en los de Dean. —Ya no como antes.

Dean iba a responderle asegurándole que todo estaba bien, pero eso solo lo hizo quedar estupefacto a lo que el ángel de cabello negro y ojos azules dijo.

—¿Cómo dices, Cas?— preguntó Dean aun tratando de entender el porque el ángel, en su condición seguía de cierta forma preocupándose por Dean.

—Mis alas, no están. No por completo, la raíz aun se encuentra ahí, pero... — comentó cerrando los ojos dejando que emociones que sin su aureola, podría sentir como un humano común, fluyeran de él en forma de lágrimas. —Me llevara milenios recuperarlas. Tardaré milenios en volver a ser un ángel de nuevo.

—Oh, Cas— Dean se sentó al lado del peli negro y lo abrazo con su barbilla por encima de su cabeza para darle algo de conforte.

—Mis alas— lloró Castiel con emoción sintiendo y dejando que su cuerpo expresara cada emoción que la pérdida de sus alas causara en él.

Sin dudas algo se había roto en Castiel, algo dentro en el espíritu luchador e inquebrantable del ángel lo había abandonado. Dean necesitaba ser fuerte, necesitaba cuidar de forma competente del ángel y quería hacerlo sin querer derrumbarse por ver a Castiel de esa manera.

•••

Sé que me tarde mucho pero aquí esta. Espero lo hayan disfrutado y hasta la prox.

Beshos y apapashos.

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