Wayward Daughter. Chapter 24.

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—¿Dónde me equivoque?— escuche la voz de alguien conocido en el lugar y por instinto me acerqué a esa voz.

Me encontraba en una bodega abandonada, era un como el almacén de algún tipo. El lugar estaba vacío y yo me encontraba en el rincón del lugar alejada de lo que parecía ser una reunión clandestina, sino fuera porque una persona se encontraba dentro de un circulo de fuego que no dejaba de arder.

Caminé por el lugar hasta poder acercarme al grupo de tres en el lugar. Cuando pude distinguirlos me acerqué a ellos con más confianza. —Sam, Dean, Gabriel, ¿qué paso? Lo último que recuerdo fue que...

—No lo hiciste. Nadie puede derribar a Cas de esa manera.— dijo Sam ignorando mi presencia por completo.

—Fue mas por la forma en que hablaste del Armageddon.— prosiguió Dean a decir aun sin siquiera voltear a mirarme.

—Lo cual significa...— Gabriel solo miro a Dean esperando que él se explicara.

—Llamémoslo experiencia personal pero nadie se enoja de esa manera a menos de que estén hablando de su familia.— concluyó Dean sin apartar su fría mirada de Gabriel.

Hubo un breve silencio entre ellos y fue ahi donde me di cuenta de que no era que Sam, Dean o Gabriel me estuvieran ignorando, sino que no podían verme u oírme.

—¿Qué es esto?— suspiré cerciorándome de que tuviera control total de mis funciones motrices. Esto no era un sueño.

—Entonces ¿quién eres tú? ¿Gruñón, Estornudos, o Gilipollas?— el tono de Sam era bastante molesto. Algo le había hecho Gabriel a Sam y ahora quería saber que era, prometía ser interesante.

Gabriel lo miró con tranquilidad y tal vez algo mortificado: —Gabriel, ¿de acuerdo? Ellos me llaman Gabriel.

—¿Gabriel? ¿El arcángel?— Sam parecía sorprendido de saber sobre Gabriel, casi como si fuera no la primera vez que se veían, pero como si supiera esa información por primera vez.

—Culpable.— Gabriel lucia tan relajado a pesar de estar en ese circulo de fuego.

—Muy bien, Gabriel, ¿cómo es que un arcángel se convierte en un bromista?— preguntó Dean poniendo atención a Gabriel y cada pequeño detalle que el susodicho le pudiera dar.

—Mi propio programa de protección a testigos. Escapé del Cielo, me hice un transplante de cara, esculpí mi pequeño rincón en el mundo hasta que ustedes dos lo arruinaron todo.

—Y ¿qué dijo papi cuando tú escapaste y te uniste a los paganos?— la voz de Dean sonó llena de burla y prepotencia.

—Papi nunca dice nada sobre nada.— contestó Gabriel con decepción.

—Entonces ¿qué paso? ¿Por qué huiste?— Sam quería saber sus razones, el por que de lo que hizo.

—¿Lo culpas? Hizo a sus hermanos nuestra responsabilidad a esos gilipollas— atacó Dean claramente molesto por Gabriel.

—Cállate la boca. Ustedes no saben nada sobre mi familia.— habló Gabriel con un obvio sentimiento en su voz de algo que no supe como identificar —Yo amaba a mi padre. ¿A mis hermanos? Los amaba. ¿Pero verlos irse contra el otro, en la garganta del otro? No pude soportarlo, ¿bien? Así que huí. Y ahora todo se esta repitiendo todo de nuevo.

—¡Entonces ayúdanos a detenerlo!— gritó Sam casi desesperado.

—No se puede detener.— respondió Gabriel.

—¿Tú quieres ver fin del mundo?— preguntó Dean con una mezcla de sorpresa y nauseas.

—¡Yo quiero que esto acabe! Yo tengo que sentarme a esperar y ver como mis propios hermanos se matan entre si gracias a ustedes dos— podía ver las diferentes emociones que corrían por la cara de Gabriel y me daba tristeza. —El Cielo, el Infierno, a mí no me importa quien gane. Solo quiero que termine.

—No tiene porque ser de esa manera.— contraatacó Sam. —Debe de haber otra manera de evitar esto.

Por alguna razón no me gustaba hacia donde estaba yendo esta conversación. Presentía que esto no iba a terminar bien.

Una estruendosa y sarcástica sonrisa dejo salir Gabriel mientras levantaba la mirada al techo del lugar: —Es la historia de dos hermanos que se amaban, y que se traicionaron. Uno pensaría que ustedes dos podrían verse reflejados en ellos.

—¿De qué estas hablando?— preguntando Sam expresando mi misma interrogante.

—Ustedes pobres hijos de perra— dijo Gabriel en un tono burlón —¿Por qué creen que ustedes dos son las vasijas?

Espera ¿qué? ¿Vasijas? Eso es lo que es Jimmy Novak para Castiel, son los recipientes humanos de ciertos ángeles. Pero yo no sabia que Sam y Dean eran vasijas igual.

—Piénsenlo. Michael, el hermano mayor: leal a un padre ausente. Lucifer, el hermano pequeño: rebelde del plan de papi. Ustedes nacieron para eso chicos. ¡Es su destino! Siempre fueron ustedes. Como es en el cielo, así debe de ser en la Tierra.

Esto Sam nunca lo mencionó, mucho menos que Sam fuera el recipiente de Lucifer, el diablo en persona.

—Un hermano tiene que matar al otro— dijo Gabriel mirando a cada par de ojos enfrente de él. —¿Por qué creen que he estado molestándolos todo este tiempo? Porque desde el momento en que papá nos abandono, todos sabíamos que esto acabaría con ustedes. Siempre.

El silencio que creció entre ellos me carcomía por dentro. Sam me contó sobre Dean, lo mucho que amaba a su hermano mayor y el ver a ahora la cara de Dean mortificada por decidir que decir ahora para defenderse me rompía el corazón. Él también amaba mucho a su hermano.

—No— habló Dean llamando mi atención y la de Gabriel también. —Eso no va a pasar.

—Lo lamento chicos, pero esto va a pasar. Son como las cosas deben ser— dijo Gabriel por fin quedándose con la ultima palabra sobre el tema.

Sentí una pesadez sobre el pecho, no como las quemazones que sentía cuando Crowley estaba cerca, esto era físico, algo estaba golpeando mi pecho con desesperación. Mi boca se abrió y algo fue forzado a entrar, para luego toser con toda la fuerza que mis pulmones me permitieran expulsar el aire atorado en mí. Comencé a toser tan fuerte que tuve que incorporarme para evitar que lo que fuera que estuviera en mi garganta no me ahogara por completo.

Alguien me daba palmadas en la espalda, mientras me sostenía del brazo para mantenerme erguida. Puse mi atención en el lugar donde me encontraba y quien me sostenía. Estaba en mi habitación en el búnker, y me sostenía Dean, quien me miraba con atención y algo mas que no supe que era.

—Dean— dije apenas pudiendo hacer que mi voz sonara lo suficientemente fuerte para que me oyera.

—No me asustes así, niña. He estado en vela toda la noche y ¿ahora decides morir? No eres muy oportuna.

—¿Qué haces aquí?

—Te desmayaste durante dos días, Claire. ¿Qué fue lo que paso?— me hice hacía atrás jadeando por el ataque pulmonar que acababa de darme.

No me sentía del todo lucida para poder responder esas preguntas, y lo único que pude hacer fue simplemente recostarme de nuevo.

Wayward Winchester. Donde viven las historias. Descúbrelo ahora