Wayward Daughter. Chapter 36.

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—Dean, llegamos aquí apenas treinta minutos y ya tienes la boca llena de chocolate— dije casi gritando al ver su boca repleta de los dulces que se encontraban al centro de la mesita —Ya entiendo porque Crowley te llama Ardilla.

Gabriel nos había llevado a un motel en California y aunque no fuera lo que queríamos, era mejor que esperar nada. No podíamos ser mañosos con este tipo de cosas en espacial cuando eran de emergencia o un favor.

Castiel se retraso pues tenía que poner a Metatron a salvo de los demonios. Aparte de que dijo que quería buscar algo para poder investigar mas sobre Azrael.

—A Crowley solo le gusta llamarnos de nombres porque se le hace divertido.— respondió Dean una vez cuando ya se hubo tragado todo los chocolates.

—Si sigues comiendo dulces a ese paso te va a dar diabetes— sentencie a lo que él solo sonrió con complacencia.

—Y si me da, ¿qué? No es como que tenga una esperanza de vida alta con mi trabajo diario, ¿verdad?— no supe que responder pues prácticamente me había hecho un jaque-mate con eso.

—Touché.— dije por lo bajo dejándome caer a su lado tomando un puñado de esos chocolates.

Esperé a que Sam dijera algo o cualquier cosa que nos pudiera sacar de este lugar pero solo estuvo en su computadora todo el tiempo mientras Dean y yo mirábamos un poco de TV.

—Chicos, encontré algo— no fue precisamente la voz de Sam la que dijo eso. —Hay un caso en Winchester, Kansas sobre una casa al final de la calle que se dice tiene espíritus vagando dentro, muchas personas han entrado y no han salido.— la voz de la chica fue lúgubre como dejando ver lo tenebroso que eso sonaba —Aunque muchos creen que es una estafa local.

—¿Quieres recordarme por que sigues aquí?— dije girando mi cabeza para poder ver a la pelirroja sentada en la cama de piernas cruzadas y laptop encima de ellas.

—Acaba de aparecer el gran malo de la historia, tenemos que saber mas sobre él, es un gran misterio para todos, ¿bromeas? Estoy dentro. Esto promete ser de lo mejor.— dijo con una sonrisa demasiado entusiasta para el tipo de situación que estábamos a punto de enfrentar.

—Creo que tus ánimos no son propicios para la ocasión.— mi voz sonó irritada porque en realidad lo estaba.

—Cálmate. Solo estoy emocionada por saber mas de Azrael y el enigmático Abbadon.

—Por si no te has dado cuenta estoy al centro del huracán. No sé que tanto poder tiene Azrael, o que demonios pretende hacer. Estoy al borde de caer en la locura porque vivo pensando que en cualquier momento Azrael volverá a apoderarse de mi cuerpo. Esto no es divertido. No es emocionante.— dije ahora sobre mis pies enfrente de la cama en la que Charlie estaba sentada. —Hasta hace menos de seis meses mi único propósito era de cuidar que el bosque no se convirtiera en el Infierno en la Tierra y ahora estoy corriendo por mi vida con hermanos que nunca imaginé...

—Y créeme que lo entiendo, pero tampoco puedes pasarte todo el tiempo lamentándote. Estas aquí, estas con ellos, estas con... Debes de hacerte a la idea de que aquí, en este mundo es corre o lucha, vive o muere. Si te quedas en un solo lugar te mueres. Ya no estas en Kansas.— sentenció con esa frase haciendo referencia al Mago de Oz lo cual solo me molesto aun mas.

—No lo he estado desde que mamá murió— bajé los brazos derrotada, cansada y con la cabeza pesando con mis recuerdos de niña.

No dije nada más, Sam me interceptó en mi camino hacía el baño pero solo lo evadí escapando de cualquier tipo de conforte que él pudiera darme. Necesitaba llorar, y necesitaba hacerlo sola.

•••

—¿Estas mejor?— preguntó Sam una vez salí del baño.

Parecía preocupado, tanto que hasta a mí me inquieto sus ánimos.

—Mas estable. Eso creo.— me encogí de hombros sin realmente saber como me sentía. —Quiero golpear a alguien en la cara.

Sam se hizo para atrás pero sin retroceder realmente con una mirada consternada en el rostro a lo que solo pude decir: —Pero jamás podría golear la tuya. Eres adorable.

Sonrió un poco y luego volvió a verme como antes: —Claire, entendemos que esto no es fácil sobrellevar, pero solo tratamos de ayudar.— me miró con atención y podía sentir que sus palabras las decía de experiencias propias.

—Lo sé. Y se los agradezco en el alma.— respondí mientras le dirigía una mirada a Dean. —Me han ayudado mucho, me han salvado cuando no tenían muchas razónese para hacerlo mas que un simple favor de un arcángel que siempre les ha jugado malas bromas. No tenían obligación.

—Oh, Claire— dijo Sam con una expresión suave en el rostro mientras extendía sus brazos en mi dirección, me atrajo hacia él en un abrazo acogedor diferente al que Dean me había dado con anterioridad.

En los brazos de Dean me había sentido protegida incluso resguardada, pero con Sam era una historia completamente diferente puesto que él me hacía sentir comprendida y en calma, como si tuviera un complice en él.

—Ahora hay que hablar— anunció Dean con voz autoritaria. Sam me soltó y luego nos giramos para poder ver a Dean. —Anda, dilo— dijo dándole un golpecito en el hombro a Charlie quien rodó los ojos después de mirar a Dean.

—Lo lamento— comenzó a decir Charlie mirando al suelo. —no sé por que cosas has pasado y no tenía porque decirte eso. Lo siento.

Miré a Dean y luego a Sam pues no comprendía lo que sucedía.

—¿Ya?— dijo Charlie sonando algo fastidiada.

—Hazlo como si lo sintieras de verdad— respondió Dean, ella solo suspiro.

—¿Qué esta pasando?— pregunté sin comprender en absoluto lo que estaba pasando.

—Lo hare desde el principio, Claire. Sé las tantas cosas por las que han pasado estos dos, pero no me había detenido a pensar que tú, al ser la hermana de ellos incluso de otra dimensión tal vez compartes la infancia que ellos tuvieron. No sé, solo una idea.— pausó. Respiró hondo y me miró —El punto es que no debí asumir que tuviste una infancia perfecta en comparación con la de los chicos. Lo lamento.

Miré a Sam quien solo asintió levemente.

—Gracias— respondí apenas pues esto era una situación bastante incomoda.

Dean dio un aplauso que nos hizo saltar en nuestros lugares. Lo volteamos a ver algo molestos por su sorpresivo gesto.

—Bien, ahora tenemos que hablar— dijo Dean mientras me señalaba y luego a él y Sam. —Claire, tuviste una mala infancia y queremos saber que fue lo que paso.

Miré a Charlie y luego a Sam confundida pues nos les he dicho a ellos algo remotamente parecido.

—No lo negaste— comentó haciendo un segundo jaque-mate en el mismo día.

Dean comenzaba a caerme mal por tener ese sexto sentido que solo tienen los hermanos mayores para con sus hermanos y luego presumen con los menores.

—Solo si ustedes hablan de su pasado. Mamá, papá, Adam, quiero detalles.

—Hecho.— aceptó Dean ofreciendo asientos en la habitación para los cuatro.

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