Wayward Daughter. Chapter 21.

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El carro se movía con una velocidad constante en nuestro camino de regreso a Lebanon. Todavía nos quedaban cerca de dos horas por recorrer y yo ya quería llegar al búnker. Ese lugar aunque enorme y lleno de secretos me daba cierto sentir de comodidad. Sabía que no era una casa, mucho menos mía, pero algo en ese lugar me hacía sentir segura. Era extraño para mí pensar de esa manera pues la última que vez que sentí algo remotamente parecido a eso fue con... tío Bobby cuando era apenas una niña.

Intenté dormir por lo menos quince minutos ya que Sam decidió escuchar un podcast en su celular y yo me estaba aburriendo. No pasaron mas de dos minutos con mis ojos cerrados para que Sam quisiera matarnos a ambos. Abrí los ojos de golpe tratando de saber por el súbito frenar del carro que era lo que pasaba, y cuando levante la vista hacía la carretera lo supe.

—¿Qué le pasa a este?— dije tratando de recuperar el aliento.

—Claire, quédate aquí— dijo Sam mientras se bajaba del auto para encontrarse con Crowley en medio de la carretera.

La quemazón comenzó de nuevo en mi pecho, y junto con el dolor de cabeza que me estaba comenzando a surgir, también empece a sentirme mareada. Me recargué contra el asiento del auto, reposando la cabeza y respirando con tranquilidad pero nada parecía indicar que el dolor se iba a ir pronto.

Abrí los ojos de nuevo y los posé en el par enfrente del auto. Unos escalofríos invadieron mi cuerpo cuando escuche con claridad esa voz.

¿Me pregunto por que él no lo mata aun? Después de todo, son enemigos natos.

No supe a quien se refería la voz para que estuviera muerto, pero tenía razón. Crowley era el Rey del Infierno, Sam era un cazador de monstruos, ¿entonces por qué mantenían una conversación civilizada?

Tomé mi arma y la sostuve con fuerza en mi espalda mientras bajaba del automóvil. Crowley me vio moverme con cautela y supe que había adivinado lo que tenía pensado hacer.

—Pon esa arma en el suelo, niña, no estas lista para saber lo que realmente sucede.— dijo con un acento en la voz. Ese comentario me hizo enojar y Sam lo notó.

Alcé mi arma hasta llegar a la altura de su cabeza. Ambos me miraban expectantes, pero yo por otro lado no quería escuchar razones.

—No creo que quieras jalar el gatillo— dijo el hombre con una mueca burlona en el rostro.

—Oh, pero si quiero.— dije sintiendo la quemazón en el fondo de mi garganta. Apreté el gatillo no una, ni dos veces, sino mas de cinco casi hasta vaciar el arma.

El hombre termino en el suelo y conforme mas disparaba mas me acercaba a su cuerpo en el suelo.

—¿Y eso por qué fue?— preguntó Sam viendo lo poco estable que me encontraba y el cuerpo sangriento de Crowley a mis pies.

—Personas como él sacar a relucir lo peor de mí.— contesté.

Sabía que este hombre no estaba muerto. Era un demonio y mis balas no eran dañinas contra estos hijos de perra, así que espere a que dejara sus dramas de lado.

—Eso fue un error— me dijo una vez ya se hubo levantado del suelo. Su traje estaba hecho añicos y manchado por todos lados de sangre. —¿¡Como te atreves a dispararme a mí!?

Rodé lo ojos y le volví a disparar, pero ahora en el cuello para que de quedara callado tan siquiera tres segundos.

—Ahora, explícame una cosa.— dije mirándolo a los ojos y aunque los suyos no eran el típico vacío negro que ya había visto antes sino rojos carmesí, igualmente mantuve mi vista fija en él. —¿Por qué sigues apareciendo? Dos veces nos has asaltado en la carretera, y la otra nos salvaste de Azura. ¿Por qué?

Crowley parecía haber roto su concentración por un segundo porque me miro con cautela y el arma en mi mano. Luego miró a Sam y sonrió.

—Alce, esta chica es inteligente. ¿De donde la sacaste? Me agrada, va directo al punto.— dijo el hombre a lo que yo solo suspiré con fastidio —¡Bien! Dire lo que tengo que decir.

Hizo una pausa dramáticamente larga y luego se giro a verme.

—Durante las últimas semanas ha habido cientos de revueltas en diferentes partes del mundo.— pausó —Los alborotos han sido de demonios que no controlo yo.

—Eres el Rey del Infierno.— era una afirmación.

—No de ellos. Esos demonios no son míos.— dijo Crowley. —Esperaba que tu hermano me diera una pista de lo que pudiera estar pasando, Alce.

—¿Dean? Y ¿por que él?— mi voz pareció interrumpir el hilo de los pensamientos del Rey. Ambos me miraron y Crowley con algo de confusión.

—Pensé que tal vez había sido él— continuó Crowley. —Pero no es así.— suspiró —Hay algo, Sam, algo que es mas grande que yo, mas grande que ambos de ustedes dos Winchester.

Por un instante pensé que Crowley me había incluido en su declaración, pero cuando no me dio una de sus miradas furtivas supe que se refería a Dean y no a mí. Me sentí aliviada, pero también algo resentida porque no fuera de la otra forma.

—Entonces ¿qué es?

Entonces la mirada que tanto había esperado llego. Crowley me miró y señalo con la cabeza.

—Creo que tiene que ver con ella.— Sam miró con algo de pesar mientras que la quemazón en mi pecho se sentía hueca.

***

Es corto, lo sé pero tampoco quiero añadir algo que es de otro capítulo para ser narrado.

Hasta luego, linduras. Beshos. Bye-bye.

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