Wayward Daughter. Chapter 17.

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—¿Cómo dicen?— dijo Sam tratando de comprender del todo lo que pasaba. —¿Me están diciendo que todos ellos, incluso él?— Sam señalo a las fotos en la pared y paro en una en especial —Pero él tenía más de cuarenta años de edad cuando murió. ¿Cómo es posible?

—Somos más viejos de lo que parecemos.— respondió Tiago con una sonrisa tosca en los labios. —Tenemos en este planeta más de dos mil años, queridos niños.

De cierta forma esperaba una cifra larga de como cien años tal vez trescientos años de edad pero oír dos milenios en edad, eso me hizo dar un traspié.

—¿Dos mil?— repetí volteando a mirar a Sam que se encontraba al lado mío. —No sabía que se podía extender tanto la vida de un ser humano.

—En aquel entonces habían mejores hechizos que los que existen ahora. Muchos de aquel entonces fueron destruidos por los fanáticos de la iglesia católica.

—Los Templarios.

—Algo así— dijo Liana —Pero volviendo a ellos, no fuimos nosotros. Nuestros hijos y aunque no los criáramos, nos duelen sus muertes.

—¿Por qué tener hijos si no los van a mantener con ustedes?— pregunte sin comprender del todo esa lógica.

—¿Es una broma?— dijo Liana casi incrédula a mis palabras. —Somos lo que somos, ¿y condenarlos a ellos a una vida como la de nosotros? Jamás.

—Hoy ustedes nos sorprendieron, jamás podríamos poner en peligro a nuestros hijos a voluntad.

—Todos están muertos.— dijo Sam con cierta molestia en la voz —Y todos ellos eran humanos comunes y corrientes.

—No lo eran. Tenían el don, solo que no supieron como desarrollarlo. Nosotros venimos de una linea pura de hechiceros, ellos... serían poderosos de saber quienes son en realidad.— la tristeza era palpable en el lugar y Tiago no se esforzaba en ocultarlo.

—¿Cuál es el punto de tener hijos si no los van a conservar?— Sam de nuevo con un tono de voz bastante grosero sonó desde el otro lado de la habitación.

—Descendencia.

—¿Pasar una eternidad y solo ver los hijos de otros crecer?— dijo Liana —Tal vez enterré varias generaciones de ellos, pero la alegría de saber que vivieron una vida plena y completa esta ahi.

Hasta cierto punto entendía lo que decía, pero por otro lado no lo comprendía.

—Como sea, están muertos y no por causas naturales.

—No todos ellos. Esa década tuvimos ocho hijos— dijo Tiago —Ellos son mas grandes. Aun quedan dos.

—¿Dos?— pregunté.

—Gemelos. Ambos fueron adoptados por la misma familia, fueron afortunados. Tienen apenas veinte años.— dijo Liana sin soltar un momento la mano de Tiago. —No queremos que terminen igual que Viktor o los demás.

—¿Saben qué o por qué los están atacando de esta manera?— mi voz sonó tranquila, para la gran multitud de emociones que estaba comenzando a sentir en mi estomago. —Es horrible.

—Lo sabemos, pero no sabemos como detenerlos. Ya lo hemos intentado de todo pero ellos siguen muriendo. Los siguen atacando.

—¿Quienes?

—Azura y sus perros del infierno.— respondió Tiago. —Es una demonio que ha intentado asesinarnos durante dos mil años.

—Y ahora que descubrió que hemos tenido hijos durante un milenio decidió buscarlos y asesinarlos.

—¿A todos?— pregunté pues me parecía extremista de matar a todos los descendientes de ellos dos, tan rápido.

—A los que ha podido encontrar. Aun quedan dos. En los últimos cincuenta años tuvimos ocho hijos.

En general con cada cosa que este par de brujas decían yo me quedaba sin habla.

—¿Dónde se encuentran los menores?— preguntó Sam. Tiago y Liana lo miraron algo sorprendidos. —Ustedes serán brujas, pero ellos nacieron y crecieron en la ignorancia de sus raíces. No merecen la muerte por los infinitos pecados que sus padres hayan cometido.

—Sam...— dije sintiendo que estaba siendo demasiado duro con ellos. —No hay necesidad se ser grosero.

—Claire, tú no conoces nada de ellos como para defenderlos. Son brujas, y deben de morir como tal.

—¡Sam!

—¡No, Claire! He leído sobre ellos. Conozco su historia. Su culto hace dos mil años, pusieron un encantamiento en una joven pareja, ellos serían quienes espaciarían el conocimiento oculto de sus artes por el mundo en un tiempo donde algo profano como tan divino caminaba sobre la faz de la tierra.

—¿De qué estas hablando?— me quedé mirando a Sam sin entender ni una sola palabra de lo que decía.

—Son israelíes. ¿Hace dos mil años?— espero a que yo captara la indirecta —¿La Biblia?

—¿Estas hablando de...?— fui interrumpida por la voz de Tiago.

—¡Sabemos que somos abominaciones! Pero nosotros no elegimos ser esto.

—Tiago, no lo hagas. Sabes que es mentira.— replicó Liana —Hemos hecho cosas que nos condenan, que no nos dejan con un halo sobre nuestras cabezas.

—Y por eso merecen morir como lo que son.— dijo Sam bastante molesto desde el otro lado de la habitación.

No comprendía del todo el repentino enojo de Sam hacía Tiago y Liana. Eran brujas, supongo que dos mil años viviendo en este lugar no podrían mantener a un par tan singular como ellos quietos así que tenían que buscar formas de... ser libres. Como yo alguna vez lo hice.

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