Wayward Daughter. Chapter 59.

413 31 16
                                        


Yacía en el suelo, el frío del mismo me llegaba a la espalda por lo delgado tela que llevaba puesta y me provocaba malestar al respirar. Me faltaba el aire pero aun con la adrenalina disminuyendo de mi cuerpo me era difícil. Intente incorporarme pero mis manos no me respondían, mis brazos estaban congelados en una sola posición siendo plagados por una sustancia tibia y espesa. No era mi cuerpo tratando de recuperarse de la súbita desaparición de Azrael, sino yo entrando en shock por la herida de lanza que me habían provocado con anterioridad. Estaba muriendo.

—Oh, Dios. Es Claire. Azrael la ha dejado— pude distinguir la voz de Charlie entre la poca lucidez que aun me quedaba. —Cas, Gabriel. Uno de ustedes, cúrenla.— su voz era desesperada y llena de terror que me hizo estremecer.

—Yo lo hago— dijo Gabriel. Lo vi poner sus dedos sobre mi cabeza para poder sanar mis heridas.

Casi al instante de sentir el roce de sus dedos sobre mi piel sentí un fuego surgir dentro de mi  con una concentración sobre mi pecho que me hizo gritar en dolor por lo que parecieron ser horas hasta que poco a poco fue desapareciendo hasta que pude abrir los ojos y afrontar la realidad.

Deje el aire salir de mis pulmones de golpe provocando que me dolieran los dientes. Fue tan liberador que lo hice de nuevo, y la segunda vez viendo de cerca un cabello rojo sobre mu cabeza y la sonrisa mas brillante sobre sus labios.

—¡Claire!— me levanto del suelo en un fuerte abrazo que me dejo nuevamente sin aire. Sentí sus lagrimas sobre mi hombro, y sollozos invadiendo mis oídos rompiendo mi corazón.

—Lo lamento, Tomatito— le respondí con un nudo el la garganta. —Lamento todo esto.

—No importa. Lo que importa es que ya estas con nosotros— dejo de abrazarme para mirarme a los ojos y luego darme un sentido beso en los labios —Solo eso importa.

Se hizo de lado dando paso a mis hermanos que me miraron y luego de sonreír me extendieron sus manos para ponerme en pie. Me miré por un segundo admirando el hermoso vestido rosado que llevaba puesto pero manchado de sangre.

—Es bueno volver— dije para que luego Sam y Dean me abrazaran entre ambos.

—Es bueno tenerte de vuelta.— la sonrisa de Sam me hizo sentir  mucho mejor.

—Ya los extrañaba, par de idiotas.— dije mirando a Dean que en respuesta hizo una mueca como un niño pequeño para luego sacarme la lengua.

—Vamos, tenemos que sacarte de ese incomodo vestido y averiguar el siguiente paso de Azrael.— dijo mi hermano mayor mayor después de pasarme su chaqueta y cubrir mis hombros.

Entre el par de ángeles, mis hermanos y mi chica discutieron lo que estaba por suceder y lo que Azrael estaba planeado pues los cambios que había hecho hasta el momento solo eran las primeras partes de lo que estaba por venir. No dije nada, no podia decirlo aunque supiera con exactitud lo que el plan de Azrael implicaba.

Abbadon se encontraba cerca, y Azrael regresaría por mí tarde o temprano a terminar la última fase de su plan maestro. Era algo grande, pero no tenia ni idea de como es que nosotros; un grupo de inadaptados tratando de combatir su destino escrito en piedra, con unos de nosotros destinados a morir a manos de ese destino que tanto tratábamos de evitar iban poder detener esto.

Regresé la mirada hacia el almacén del cual estábamos por dejar atrás mirando en el suelo unas manchas de humo en forma de alas yacían donde el cuerpo que en algún momento albergo al ángel Balthazar se encontraba ahora sin vida. Entendía lo que había pasado, y me dolía en el alma que hubieran tenido que sacrificarlo a él por tenerme de regreso.

Wayward Winchester. Donde viven las historias. Descúbrelo ahora