Wayward Sons. Chapter 53.

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—¿Tienes hambre?— después de pasar horas en la misma posición, en silencio y queriendo arreglar el problema en el momento.

—No lo sé. Creo que sí.— dijo Castiel suspirando con tristeza separándose del hombro de Dean.

Dean chasqueo la lengua y esperando a que Castiel recuperara su espacio personal, se levantó de la cama y se acercó a la cocina. El clima fuera de la cabaña no estaba mejorando y el frío de afuera comenzaba a infiltrarse por las rendijas del lugar. Castiel comenzó a notar el frío y se abrazo a si mismo. Dean continuó preparando algo en la cocina y no fue hasta que notó al ángel cerca de la chimenea tratando de encenderla que se detuvo y se acerco a Castiel.

—Deja ahí. Tú solo reposa.— reprendió Dean sin sonar muy duro con el de ojos azules.

—Quiero ayudar, Dean.— respondió Castiel recuperando su postura recta al lado de la pequeña chimenea. —No quiero quedarme en un rincón como invalido. Aun tengo manos, aun tengo pies. Puedo ayudar.— la voz baja y rota de Castiel solo le hizo comprender una cosa y solo una cosa a Dean; Castiel no estaba roto, era un superviviente.

Dean suspiró con profundidad sin apartar sus ojos del hombre de hombros caídos por el dolor, y le sonrió con delicadeza. —Y lo harás, pero hay un tiempo para todo. Ahora es tu tiempo para reposar y descansar. Recupera fuerzas y luego me podrás ayudar.

Castiel lo miró, se frotó el brazo algo inseguro y después de asentir regresó a la cama y se arropó asimismo bajo las cobijas. Dean le sonrió para luego volver a la cocina para poder terminar lo que estaba preparando. Castiel esperó, y cuando Dean por fin terminó, le llevo un tazón con sopa recién hecha a Castiel preparado de las cosas que Jody le había llevado.

—Dean, esto es demasiado. No creo poder terminarlo.— replicó Castiel cuando vio el tamaño del tazón de la sopa.

—Tonterías. Verás que incluso pedirás más.— dijo Dean acomodando unas almohadas para que fungieran como una mesa improvisada. —Ahora, ¿tienes frío? Yo sí.

Antes de que Castiel pudiera siquiera contestar, Dean ya se encontraba preparando el fuego para la chimenea. La luz y el calor de la flama poco a poco comenzaron a invadir el lugar mientras la oscuridad y el frío del exterior intentaban invadir el espacio.

—¿Quieres algo más? ¿Puedo prepararte un sandwich de mermelada y crema de cacahuate?— Castiel quien hasta el momento estaba concentrado en la sopa enfrente de él, paró en seco de comerla y miró a Dean con ojos de suplica. —Esta bien, esta bien. Mermelada y cacahuate será.

Dean se levantó de la cama con rapidez a la cocina a preparar lo que le había prometido al ángel, que después de recibirlo miró a Dean con una sonrisa en los labios algo que sorprendió a Dean. El cazador pensó que Castiel tardaría meses en tan siquiera poder decir una palabra, pero el ángel lo estaba sorprendiendo a cada momento que pasaba. Él estaba realmente orgulloso del ángel, por la fortaleza que tenía aun en esa situación.

—¿Qué sucede, Dean?— habló Castiel aun con un bocado sin masticar en la boca. —¿Pasa algo?

Dean parpadeo y suspiró levantándose de la cama. Caminó por el lugar negando con la cabeza, tratando de disimular el enrojecimiento de sus mejillas.

—Nada. Solo que me sorprendes, Cas. Pensé que...

—¿Me rompería?— le interrumpió Castiel poniendo la servilleta de lado e incorporándose en la cama. Miró a Dean con intensidad. —¿Tan poca fé en mí tienes?

—¿Qué? ¡No! No es eso, es solo que... Amigo, por lo que pasaste... fue algo pesado y grave. Esperaba verte de un mejor animo hasta dentro de unas semanas. No tan pronto.— se apresuró Dean a decir viendo con cuidado cada paso que el ángel daba en su dirección hasta quedar enfrente de él.

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