El silencio de Robert.

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Janis

Había comenzado a tomar el tratamiento. Una vez mi padre se enteró, pude ver como empalideció. Desde entonces, mientras Jimmy iba a dejar a los niños, yo iba a tomar quimioterapias, y se lo ocultaba.

No me atrevía a decirle que estaba enferma de cáncer y que era probable que mejorará o empeorará. El tumor estaba en mi cabeza, por suerte no en lo mas profundo, aunque si era bastante grande.

Para ir, le decía a Jimmy que mi padre necesitaba de mi ayuda en idiomas. Y no parecía sospechar. Pero luego, llego el problema de dolores horribles en la cabeza que podían hacerme llorar en segundos. Entonces comencé a consumir marihuana.

Cuando Jimmy iba a dejar a los chicos a la escuela, yo iba a fumar en el patio, el olor no se me impregnaba mucho, aunque los ojos rojos tardaban un poco en pasarse. Durante el consumo, me sentía mas relajada y el dolor se iba.

En una de esas ocasiones, Robert fue a verme sin aviso alguno, para ese momento yo había pedido un boleto fe avión, según Luwin había un tratamiento mas efectivo en Australia, pero era experimental.

Tenía miedo de no poder regresar, pondría como pretexto la ayuda a mi padre, no quería que Jimmy supiera lo que estaba por pasarme.

Cuando vi los rizos rubios, me alarme, porque Scarlett bajó también. Ella sólo me dio un saludo a distancia y entró a casa, pero él se acercó a mi. En mi estado de relajación, no me preocupé.

—Hola, Jan.

—Percy.

—¿Que...? ¿Por que tienes eso en las manos? —me quitó el boleto y lo miró incrédulo —. ¿Es que a caso piensas dejarlos? ¡Dame respuestas!

—No pienso irme por mucho —exhalé el humo.

—¿Qué haces fumando eso?

—Resulta que cuando tienes cáncer es legal fumar marihuana.

—Jan...

—Se lo estoy ocultando a Jimmy, no quiero decirle —quité la cinta que mantenía forma a la trenza que llevaba, y comencé a soltar el cabello —,se me está cayendo a mechones —pasé una mano por el cabello largo y oscuro, y al final se me calló un buen mechón —. Resulta que es el precio a pagar de las quimioterapias.

Sus ojos azules no pudieron mas y comenzaron a lagrimear. Abrí los brazos y permití envolverme en él, lloré como ni hacía en mucho, tenía miedo de perder a mi familia, de que el tratamiento no funcionará, de perder a Jimmy y mis hijos, de que el cáncer llenará mi cuerpo y acabará conmigo.

—Prometeme que le vas a decir, tiene que saberlo, es tu esposo, te ama mas que a nada, no puedes ocultárselo por mucho.

—No quiero, Rob, me niego, tengo que callar día tras día que enfrentó un tumor en mi cabeza, no quiero hacerles daño.

—Te estás haciendo daño a ti también, quizá si lo supieran, estarían mas tranquilos, sabrían que necesitas que ellos sean fuertes por ti... Prometeme pensarlo.

—Lo prometo.

—Bueno, debo irme, Jimmy volverá mas al rato, llevó a James con tus suegros, cuidate —besó mis mejillas y se marchó.

Jimmy

—Mamá, debemos irnos, Jan seguro esta preocupada porque no llegamos.

—Bueno, pero prometeme que este muchachito vendrá pronto otra vez, es idéntico a ti cuando tenias su edad.

—Lo prometo.

—Hasta pronto, James, despidete de tus abuelos —mi hijo fue a abrazarlos y decirles que volvería pronto.

—Cuidate mucho, y quiero que esas notas altas se mantengan —mi padre lo abrazó.

—Hasta pronto —me despedí para luego salir.

Una vez conduciendo a casa, James se quedó dormido y me permití fumar un rato, mientras escuchaba un buen blues.

Al llegar, aparque y saqué a mi hijo, dormido. Lo llevé cargando en brazos hasta llegar a su habitación, Jan entró y me ayudó a cambiarlo, me dio un beso y pidió que le dejará con el un rato.

Luego de estar leyendo un rato, al ver que ella no venía, fui a verla. Miraba atenta a James, acariciaba la mata de cabello negro y oscuro, algo largo.

—Jany, ya es tarde.

—Sí...

—Ven, vamos a la cama, de seguro estas cansada.

—Vamos.

Tomó mi mano y fuimos juntos, desde hacia un tiempo se peinaba con una trenza.

—¿Puedo hacerla yo?

—Eh... No lo sé.

—Vamos, dejame.

Mis intenciones eran claramente otras, una vez con el cabello apartado de su cuello, me permití besarlo, a lo que ella me dio un mejor acceso.

Ahí comenzó algo que ya no íbamos a parar.

La ropa ahora estorbaba, y prácticamente salió volando por toda la habitación. Entonces, al mirarla, desnuda y con la espera a que la tocara, acabé entrando en ella, quien arqueo la espalda. Recordé tanto la primera vez que habíamos estado juntos...

—Ahg, Jimmy...

—Ah... Muñequita.

Hacia tanto que no la llamaba así, que los recuerdos llenaban mi mente. Dejé que se acostumbrará un poco, y al recibir un beso en la mandíbula por parte suya, empecé a moverme.

Estábamos abrazados, sus brazos reposando en mis hombros y yo ahí enredado en la cintura que me hipnotizaba tanto, embistiendo.

—Jimmy... Ah... Ya me... Ah...

—Corramos juntos.

Los movimientos eran imparables, los gemidos a penas silenciados entre besos, acabamos hundidos en un orgasmo.

Se recostó en mi pecho de forma casi instintiva, dejándome acariciar su cabello mientras se relajaba.

—Jimmy...

—¿Si?

—Te amo demasiado.

—Y yo a ti, hermosa.

La besé de nuevo para así abrazarla. Su boca sabía a cigarrillos, pero también tenía ese toque dulce que me hacía rendirme a sus píes.

—¿Como te fue con James?

—Bien, sus abuelos parecen extrañarlo mucho, también me preguntaron por ti.

—Seguro Elizabeth, ella siempre es una mujer linda, siempre lo ha sido.

—Sí, ella fue la primera.

—¿Y tu padre?

—Oh, me preguntó por ti y Scarlett, está bastante bien, aunque algo enfermo.

—Desde que conozco a ese hombre sé que se niega a ir al doctor por muy enfermo que esté.

—De él saque lo terco.

—Y que me lo digas.

Reí para así besarla de nuevo.

—Te amo, Jan.

Una carta para Jimmy PageHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora