25. La Despedida

308 26 6
                                    

Capítulo 25

25|La Despedida.

IVÁN

Habían pasado uno par de días desde que Dimitri me confirmó que estaba contagiado de VIH. No habíamos vuelto a tocar el tema, sé lo difícil que podría ser para el tener que decirle a los demás.

Todo seguía casi igual, excepto porque se sentía extraño empacar mis cosas. Ya había mandado los papeles de la testificación a favor de mi padre. No podía hacer otra cosa.
Hacía mucho tiempo que no recibía ninguna llamada del buffete de abogados, ni de la mujer que prometió buscar a quien sea que se haya llevado los papeles para la anulación del caso.

No podía acusarlo de nuevo, por que me he gastado todos mis ahorros en re abrir el caso de mi madre, para que haya justicia, pero ahora que se anuló, para abrirlo de nuevo necesitaría mucha más pasta. Pasta que mi padre ni loco me daba.

Oye, papá ¿me prestas dinero?

—Si ¿Cuanto?

—Unos 40 mil pesos.

—¿Para que?

—Es para una tarea.

No, ni de coña se traga eso.

Diego y Camila por fin saldrán hoy del aislamiento, pues parece que ambos mejoraron significativamente. Yo, en cambio, estoy totalmente indiferente a lo que pase con ellos.

Claro. Ajá. Por supuesto.

Bien, quizá me dan unas ganas de agarrar a Diego y teletransportarlo a Siria, para unas buenas vacaciones.
Y a Camila... Me dan ganas de borrarla para siempre de mi memoria.

Es difícil, pensar que la persona que ha estado a tu lado más de una década, que solía ser tu mejor amiga, con la persona que ambos se entregaron totalmente, con esa persona que me atreví a imaginar un futuro, de repente ya no sea parte de tu futuro, si no del futuro de... Otro chico.

Mientras empaco el montón de cosas que llevan aquí 12 años, siendo parte de este dormitorio, recuerdos, cosas viejas y mucha melancolía llenan mis maletas y cajas.

Todo se va lentamente a la mierda.

Primero mi familia.
Luego mi novia.
Luego mi esperanza de justicia.
Luego mi seguridad en el colegio en el que he vivido desde hace 12 años.

Aún recuerdo el día en que llegué, en contra de la voluntad de mi madre, tenía seis años, recién cumplidos. Era un niño gordito y cachetón de muy mal genio.
Mi madre y yo eramos atacados por mi padre, no era muy seguido, pero recuerdo haber visto a mi padre golpear a mi madre una o dos veces.
Y una vez de un empujó me quebró el brazo. Entonces mi madre quizó huir, recuerdo ese día vividamente.

Una semana antes de que mi padre me abandonara a mi suerte en un internado, mi madre compró dos boletos de avión de vuelta a España, donde vivían mis abuelos y toda su familia. Mi padre ya era rico para ese entonces y supongo que sospechó que mi madre tramaba algo, pues contrató a una especie de "guardias encubiertos" para vigilarnos.

Serendipia I [El Secreto De Julia] Donde viven las historias. Descúbrelo ahora