Capítulo 3

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...

Ambos bandos intentaron atacarse en ese momento, pero pronto se replegaron al ver que estaban muy igualados a pesar de que uno de ellos sostenía una reliquia, pues los otros eran muchos.

Alleria y sus compañeros se veían conflictuados por lo que debían hacer. Atacarlos no era una opción, pero si permitían que su desesperación hiciera que intentaran tomar las reliquias a la fuerza, las podrían terminar usando de forma equivocada y no para guiarlos hacia la luz; era su deber resguardarlas y a aquel templo, pero también proteger a sus hermanos de caer en la oscuridad.

Cuando la batalla por fin empezó, Alleria derramó más lágrimas, con gran pesar y un dolor en el corazón por no saber qué hacer más que suplicar ayuda a la luz.

Su deber era para con su gente y con la luz, debía proteger el santuario y también a todas las razas, sin embargo, si los atacaba y ponía fin a la vida de alguien, no se lo perdonaría jamás; y en ese momento sus súplicas fueron oídas.

Una sensación de tranquilidad invadió su cuerpo, no daba crédito a lo que le mostraban sus ojos, pues de pronto vio una figura envuelta en luz, que aún a lo lejos, entre los árboles que crecían de la noche a la mañana, emanaba una gran presión, y una sensación de tranquilidad sin igual.

Entonces todo conflicto y odio se detuvo, pues bastó su sola presencia, andando en medio del que se convirtió en un campo de batalla.

—Eres...

La joven no quería siquiera parpadear, tenía miedo de que solo estuviera imaginando todo y al abrir los ojos ya no lo pudiera ver más.

—En'thalo... — Musitó sin poder creerlo aún, con un gran dolor por verlo después de tantos años.

El rostro de En'thalo no expresaba ninguna señal de enojo, dolor o tristeza; no había duda en su mirada.

Caminó con calma entre los presentes, no había dicho una sola palabra, pero los guerreros no se movían y ni siquiera ellos mismos sabían por qué, solo sentían que así debía ser.

Toda su fiereza y errática voluntad parecía desvanecerse poco a poco ante su presencia; después de unos segundos optaron por declinar sus armas, y arrodillarse para esconder sus rostros con vergüenza.

En'thalo caminó tranquilamente en medio de todos aquellos que antes estaban luchando y se dirigió hacia Alleria, quien también permanecía en el suelo sin saber qué hacer más que observarlo.

—Llegaste— Dijo ella, con la mirada temblorosa intentando frenar sus lágrimas.

Entonces supo En'thalo al verla a los ojos, que ella siempre lo esperó y nunca dejó de creer en él.

—Alleria— Susurró enternecido por el inmenso amor que le tenía— Lo hiciste muy bien— Completó con clara alegría.

Extendió una de sus manos poniéndola sobre su hombro sin dejar de mirarla, y sintió la pureza de su corazón, y sus acciones; entonces no le quedó duda alguna y la infundió con su luz.

—Te mantuviste incorruptible, no perdiste tus esperanzas y tu voluntad permaneció firme, eres hija de la luz, que ahora estará siempre contigo.

El rebosante poder que infundió en ella la llenaba de pies a cabeza y la hizo sentir más segura que nunca. Eso solo hizo que no espere más, y se lanzó hacia él para abrazarlo sin querer soltarlo.

El conflicto que ahí tuvo lugar ahora era cosa del pasado, ya ninguno de los presentes sentía intenciones de pelear, pero En'thalo sentía aún su oscuridad, por lo cual llamó primero a aquellos que junto a Alleria se enfrentaron sin temor a las sombras para compartir su luz con ellos también.

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