Capítulo 45

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...

—Ustedes son de protección civil, saben que es un peligro permanecer aquí. Deben seguirme ahora mismo— Dijo enfadándose un poco sin soltar aún al hombre desmayado ni a la pequeña que tampoco quería soltarla.

—¡No!— Repuso el bombero— Esta zona es libre del impacto de los derrumbes. Esperaremos aquí a que todo se calme. Us... Ustedes también deben venir aquí y cubrirse— Exclamó alzando la voz por el ruido.

—¡Rápido, síganme!— Exclamó Jane empezando a correr despacio para que la siguieran, pero menos de la mitad de las personas que estaban ahí decidieron acompañarla.

Al darse cuenta de que no todos la seguían, frenó el paso para volver a insistirles, pero no pudo hablar siquiera, pues en ese instante una grieta empezó a formarse en medio de la calle, debilitando cada vez más todo el lugar.

Las personas que quedaban aún al lado del edificio, incluyendo a los bomberos, estaban por correr desesperados en cualquier dirección, lo único que había en sus mentes en ese instante era ponerse a salvo, pero sus pies no les permitían avanzar. El movimiento era brutal por la tierra abriéndose y el derrumbe de algunos edificios.

Todo se remecía con fuerza, ya no había lugar seguro, y antes de que todos cayeran por la grieta que amenazaba devorarlos, o que fueran aplastados por escombros, Jane formó barreras en ellos y los golpeó con impactos de luz para alejarlos de la zona de derrumbe.

Aquellos que decidieron seguirla estaban anonadados por lo que veían, pero se sentían cada vez más seguros a su lado, y con su ayuda alcanzaron a los recién rescatados que ahora estaban varios metros lejos del derrumbe.

—¡¿Están bien?!— Exclamó corriendo hacia ellos con la niña y su padre aún en brazos.

—¿Qué me hiciste?— Preguntó el bombero al ver que estaba en un lugar totalmente distinto y además que había sido golpeado con algo pero no sintió el menor dolor.

—Cuídenlos— Pidió bajando a aquel hombre y a la pequeña.

Ya estaban en un sitio despejado y tenían camino libre para alejarse, pero por si no lo tenían claro, Jane se los señaló hacia donde Astrid le había dicho.

—Diríjanse hacia el sur, todos están ahí. Serán guiados a la siguiente ciudad para recibir ayuda de sus autoridades lo más pronto posible— Culminó a punto de alejarse.

—E—espera...— Dijo el bombero.

—¿Te vas?— Preguntó la pequeña.

—Señorita— Dijo él— Gracias...

Las miradas de miedo se habían ido, ya nadie parecía estar asustado con ella, y eso la reconfortó mucho, aunque no lo quiso mostrar.

Los analizó rápidamente una última vez, ninguno estaba lastimado, así que decidió partir para alcanzar a Astrid lo más pronto posible.

Al estarse alejando, la pequeña niña con alrededor de once años, la miraba sonriente y con los ojos llenos de lágrimas por el agradecimiento que le tenía.

Eso la enterneció mucho y la hizo sentir feliz, en el fondo parecía que no le temían, y sintió que todo lo que había hecho valió la pena por completo.

No podía quedarse más tiempo, así que corrió tan rápido como pudo hasta un lugar donde ya nadie la veía, e hizo aparecer sus alas para alejarse de ahí volando al lado este de la ciudad, donde se encontraría con Astrid para asegurarse de que estuviera a salvo.

Aceleró el vuelo tanto como pudo, no quería tardar en estar con ella, pero cuando observó de reojo a cierto lugar, vio algo que la confundió y la obligó a frenar el paso de inmediato.

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