Capítulo 47

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Descendieron con cuidado, nadie los había seguido y el espeso follaje del lugar era la cubierta perfecta, y antes de poder avanzar más, fueron recibidos por ángeles de armadura plateada que ya habían sido alertados de su llegada.

—¡Al fin!— Exclamó Jane al ver que ya estaban tan cerca de la frontera.

—Jane, Lian— Asintió el guerrero que los recibió— ¿Dónde está lady Astrid?— Preguntó preocupado al no verla con ellos.

—Está en camino— Dijo él— Nos ordenó adelantarnos por una emergencia— Dijo sin dejar de correr con todos al lado, y señaló al humano herido con la mirada para que entendieran.

—Entendido— Afirmó con seriedad— Escóltenlos hasta el área de sanación— Ordenó a otros dos ángeles que aparecieron delante de ellos— Y que un sanador los asista— Concluyó frenando el paso para quedarse en su posición como guardia.

—¿Es la entrada sur, cierto?— Preguntó Lian a un soldado que corría con ellos.

—Así es— Respondió.

—¿Por qué hay un grupo de Filo de ébano cerca?— Su guardia es en otras áreas— Preguntó confundido, y al igual que él, ellos tampoco parecían tener respuesta.

—No lo sé, señor, supongo que los han enviado del alto mando como refuerzo o vigilancia— Respondió sin darle gran importancia.

Permítame llevar a ese hombre, ya puedo ver al sanador— Pidió el soldado.

Los ángeles redujeron el paso para esperar al sanador que llegaba, y pronto se encontraron al límite de la barrera de luz a donde estaban por ingresar, pues aún seguían en el bosque.

Desde afuera de la barrera parecía un gran bosque con altos árboles, una abundante y maravillosa vegetación, sin nada fuera de lo normal para estos lugares. Sin embargo, cuando caminaron hacia el otro lado de la barrera, el ambiente cambió por completo.

La avanzada Fuerteluz, uno de los puntos donde los ángeles se asentaron en la tierra para poder hacer frente a la oscuridad, y también uno de los más seguros lugares de todo el mundo.

Fuerteluz estaba protegido permanentemente por una inmensa barrera de luz en forma de domo, que además de bloquear el paso a toda oscuridad y ser prácticamente impenetrable, también generaba un aura que protegía la visibilidad de todo al interior de ella, haciendo que sea totalmente invisible desde el exterior; todo esto gracias al poder de un objeto de poder único, tan escaso en el mundo, que los pocos que aún quedaban, eran fuertemente protegidos por las más poderosas razas en el mundo: El pilar de luz.

Un pilar es una gema de luz, que se dice fue enviada por la misma luz hacia el mundo. Sus tamaños pueden ser distintos, y el que se encontraba en Fuerteluz tenía una altura de más de un metro, y un ancho de medio metro; pero aunque a simple vista parece nada más que un fragmento de luz enorme, en realidad es más que eso, pues su poder es inmenso y protege las más grandes capitales del mundo, siendo los ángeles de luz quienes tienen la mayor cantidad de pilares de luz bajo su cuidado y protección.

A lo largo de los caminos un poco más despejados de vegetación en el interior de Fuerteluz, se veían tropas de soldados del ejército regular, desplazándose en completa formación por sus rutas que les fueron asignadas, muy bien armados y listos para el combate en todo momento.

Dentro de la barrera había zonas donde los sanadores se juntaban formando un área circular en la que concentraban su poder, era en estos lugares donde las tropas que recién volvían de incursiones o guardia eran sanadas para poder volver a la acción más rápidamente.

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