Capítulo 23

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...

La guerrera de cabello dorado esbozó una sonrisa confiada, a pesar de que estaban rodeados por completo, se veía bastante tranquila, pues tras su llegada, más y más luces cayeron del cielo como asteroides dorados que golpeaban la tierra, y que como el viento arrasa con las cenizas esparcidas en el suelo, así arrasaban ellos con todos los demonios que plagaban aquel lugar.

—Justo a tiempo— Susurró Laia sonriendo.

—¿Qué pasa?— Preguntaba Khara que apenas se estaba poniendo de pie al ver cómo unas luces caían del cielo, hasta que se dio cuenta que dentro de aquellas luces había hombres y mujeres, con unas relucientes armas y armaduras doradas.

—Es...— Susurró Ren.

—No puede ser...— Completó Khara.

El llanto había parado, lo que más sentía ahora era asombro, y uno muy grande; no solo porque aún estaba con vida, sino porque estaba viviendo un evento sin igual.

—Astrid...— Murmuró Ren aún sin creerlo.

—¿Siempre tenemos que encontrarnos cuando te salvo la vida?— Preguntó con una sonrisa de lado.

—Y—yo... yo estoy feliz con eso— Respondió algo confundido y alegre a la vez.

—¡Dámela!— Exclamó Laia quitándole con enojo la espada que había tomado de su espalda— ¡No toques mis cosas, Ren!— Reclamó amenazante acercando a su pecho la misma espada.

—Espera...— Soltó sin dejar de ver cómo los demonios eran derrotados— Lo hice por ayudar— Respondió retrocediendo nervioso en un intento por alejarse de la espada que acercaba cada vez más.

—Se llevan mejor de lo que esperaba— Pensó Astrid gratamente sorprendida..

Eso la había aliviado mucho. No solo había visto un cambio en la actitud de Laia hacia ellos, porque conocía bien la opinión que tenía con respecto a los humanos; sino también parecían haberse incorporado bien.

Khara se acercó a admirar a Astrid de cerca, aún bastante asustada, pero a la vez sorprendida por su aspecto tan distinto, y sin decir palabra alguna la abrazó con fuerza en agradecimiento.

La había tomado por sorpresa, pero a Astrid no pareció molestarle.

—No estoy segura de si eres real, pero gracias— Dijo Khara en un susurro aún con los ojos cerrados.

—Me da gusto que estés bien, Astrid, sigues siendo muy puntual...— Bromeó sarcástica.

—No creo que esos demonios hayan tenido oportunidad contra ti— Contestó extendiendo su mano hecha puño hacia el frente.

El saludo de un guerrero para ellas era aquel golpe con sus brazales, como hizo Laia, y era más que un simple saludo.

Al ver que ya no había más demonios en el techo del edificio, ni tampoco cerca, Astrid quitó la barrera con que los cubrió. Ya estaban a salvo.

—¿En verdad eres tú?— Preguntó él acercándose a verla.

La legión de ángeles guerreros había arrasado con casi todos los enemigos, tanto en tierra como en el cielo, y la situación estaba casi en completo control. No eran tantos como parecían, al menos no contra una legión entera de ángeles.

—Soy yo— Respondió tranquilamente— Traje amigos— Dijo volviendo a hacer aparecer sus alas.

—¿Son tus amigos?— Musitó asombrado— Cierto... Creo que las alas los delatan.

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