Capítulo 30

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...

La feroz bestia infernal tomó el arma que usó para herirla la primera vez y la acercó hasta su pecho.

—Sí... Debería hacerlo— Repitió con una sonrisa macabra.

Astrid se retorcía intentando soltarse, tan débil que casi parecía no poder moverse.

Sus fuerzas fueron cayendo cada vez más, había perdido mucha sangre y todo por un único descuido, y el gran desgaste de energía.

Finalmente su cuerpo quedó inmóvil mientras sus ojos empezaban a cerrarse, y sus manos caían sin fuerza. Pero justo antes de caer inconsciente por el daño y la falta de oxígeno, pudo ver frente a ella en el último destello de luz, cómo alguien llegó por detrás del demonio, y esbozó una pequeña sonrisa en su delicado rostro tan lastimado.

El demonio entendió de inmediato por qué sonreía, pero para su mala suerte ya era muy tarde, y antes que pueda hacer algo, una espada atravesó su cabeza por detrás y salió justo en medio de sus ojos.

Un grito de furia fue lo único que escuchó, y después su cuerpo empezó a dividirse por la mitad desde la cabeza hasta la cintura cuando Laia lo iba cortando sin piedad.

A la vez que caían los pedazos hacia los lados, iba cayendo el cuerpo Astrid que quedaba inconsciente pero aún con vida, aunque tal vez no por mucho.

Laia la levantó y se protegió con sus alas de un ataque enemigo que sintió llegar, ni siquiera pareció esforzarse, estaba tan alerta que sabía exactamente todo lo que pasaba alrededor.

El demonio que la acababa de atacar estaba cerca, y probablemente en su mente ya había más de diez formas distintas de haberlo matado, pero ignoró sus instintos y saltó con un impulso de sus alas para volar en dirección a una persona: Krístal.

Krístal luchaba manteniendo su concentración desde el centro del casi destruido muro de escudos, donde sanaba, protegía, y atacaba a los demonios cercanos, pero se aterró al ver a lo lejos que Laia llegaba sujetando a alguien casi cubierta por completo de sangre.

El camino que había tenido que recorrer Ren, ahora era en vano, pero eso no le importó y emprendió el regreso hacia el muro de escudos. Tenía que verla.

Cuando Laia finalmente llegó, Krístal ya estaba preparada para recibirla e incluso les había puesto una barrera de luz al verlas a lo lejos, pero cuando reconoció a Astrid, se alarmó enormemente. Era la primera vez que la veían así en todos los años que la conocieron.

—¡Krístal! ¡Por favor!— Exclamó Laia intentando contenerse.

—Déjala en el suelo— Ordenó sin demora.

—¡Todos, rodéennos!— Exclamó Laia para que los guerreros las cubran, y de inmediato algunos guerreros de escudo retrocedieron hasta ellas para formar un bloqueo protegido por una gran barrera que mantenían los Lucero del alba.

En ese momento llegó Ren corriendo junto a Khara, que lo había alcanzado al verlo volver, y trataron de pasar entre los protectores de escudo, pero no les dejaron avanzar hasta que Laia les ordenó que lo hicieran.

Ren se lanzó al suelo desesperado para verla, sabía que debía darle espacio a los sanadores, pero no podía contener su desesperación, su mente lo traicionaba.

—Maldición— Repetía aterrado.

—Apártense, necesito espacio— Dijo Krístal, que ya la había empezado a curar con ayuda de otros dos sanadores.

—Astrid...— Susurró Khara llegando a su lado con una mirada aterrada.

Oh Dios... Astrid está...— Musitó a punto de romper en llanto.

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