CAPITULO 42: LOS RECUERDOS DE UN PASADO

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-¿No tenias una reunión hoy? – Pregunto la chica de cabellos rojizos

-Solo por estar contigo dejaría todo – La aferro más a su cintura y continuaron caminando.

Se encontraba detrás de ella y aferraba su cintura desde esa posición, caminaban lentamente, ella se sentía protegida en los brazos de aquel joven de cabello platinado del cual se había enamorado. El ocaso estaba llegando dando una espectacular vista al rio Támesis que se encontraba a lado de ellos. Realmente el amaba esos momentos en los que se olvidaba de todo y solo estaban ellos dos, amándose y disfrutando de la maravillosa ciudad en la que Vivian.

-¿Sabes que me encanta estar así contigo? – Pregunto cerca de su oído jugueteando cariñosamente con su pelo

-Lo sé, y a mí también me encanta – El, deposito un cálido beso en el cuello de ella, provocando que esta riera – Sesshomaru me haces cosquillas – Se giró sobre sí misma y quedo frente a él, era más alto que ella, así que tenía que levantar la cabeza para poder mirarlo a los ojos – ¿Quien se habría imaginado verte de esta forma tan cariñosa? – Con sus brazos rodeo el cuello de el

-Tú me haces cambiar, solo contigo puedo ser de esta manera – Beso sus labios con calidez – Todo de ti me enamora, todo de ti me seduce ¿Sabes por qué? – La chica lo miro a los ojos, ambas miradas, el dorado intenso de él y el grisáceo de ella se fundían en un intenso amor – Porque te amo

-Yo también te amo Sesshomaru...

Despertó al escuchar su alarma sonar, su corazón latía con fuerza, otra vez había tenido ese maldito sueño o más bien recuerdo. Ágilmente se levantó de su cama y miro la hora en su celular, noto la fecha que se marcaba y recordaba todo, aun sentía dolor y rabia al mismo tiempo ¿Por qué simplemente no lo dejaba ir? Lo había intentado varias veces pero al final terminaba más que dolido. Su nombre aparecía en sus noches más oscuras al igual que su rostro; la había amado como nunca antes lo había echo y a pesar de todo la perdonaría si la tuviera en frente.

Se dirigió a la cocina como todas las mañanas, ya se encontraba listo para ir a la empresa. Aome se encontraba ayudando a Kaede quien la cuidaba de que no se lastimara. Su relación cambio desde aquella lección de piano, estaban aprendiendo a ceder y negarse a simples cosas, como siempre, Aome le quiso reponer todo lo que estaba haciendo con ella, así que se ofreció como su ayudante de tiempo completo. Sesshomaru acepto solo para que la chica no se enojara con él y la verdad era muy buena propuesta, solo con una condición: Que trabajara desde la casa. Aunque no se lo dijera, el sentía cierto temor por la salud de ella y de los pequeños a quienes con el paso de los días les estaba tomando cariño.

-Buenos días Sesshomaru – Saludo Aome cuando este entro a la cocina para tomar su desayuno.

-Buenos días – Se limitó a saludar. Poco a poco Aome se había acostumbrado a esas expresiones frías del joven de los ojos color ámbar

-Tu desayuno está listo – Coloco el desayuno en frente de el

-¿Tu no comerás? – la miro y ella le sonrió

-Estoy preparando el mío - Al término, Sesshomaru salía a toda prisa pues ya se le hacía tarde. – Espera – El nombrado se giró y ella se acercó a el – Tu corbata está mal – Con confianza la acomodo y el contuvo la respiración – Y ten se te olvidaba tus papeles, recuerda que hoy es la reunión con el empresario de Alemania y que tienes que llamar al norteamericano

Se sorprendió de lo que había dicho, realmente había olvidado esos detalles, si no se lo hubiera recordado se lamentaría de ellos más tarde. Le dedico una sonrisa en señal de agradecimiento, pues aunque la verdad se había convertido en el trabajo de Aome recordarle ciertas cosas como su buena asistente que era

-Cuídalos – Puso una mano sobre el vientre de ella, ese gesto se hacía cada vez más común en el que ya no le sorprendía a la chica que lo hiciera. En respuesta los bebes empezaron a moverse – Y cuídate tú también – Y sin decir más salió por la puerta, ella se quedó en el umbral de la misma mirando como el auto empezaba su marcha.

Sonrío sin que nadie lo viera. La imagen de Aome como toda una mujer casada lo hizo estremecer y le parecía tierno de cierta manera: el como el hombre de la casa dirigiéndose a su trabajo y ella su linda esposa preocupado por él. Sacudió su cabeza para alejar esos absurdos pensamientos, claro se lo había imaginado por que la estampa de ellos dos realizando esas acciones lo meritaban. Aome era su amiga y la ayudaba porque lo necesitaba, pero a pesar de ello le gustaba esas simples acciones, aún recuerda cuando su madre hacia lo mismo con su padre antes de irse a la oficina, realmente era exactamente igual ya que en aquellos años, su madre estaba embarazada de Inuyasha.

Sin darle más tiempo de penar, Jaken se detuvo en la florería que le había indicado su jefe. Sesshomaru bajo y compro una única flor de jazmín, antes de ir a la empresa tenía un lugar a donde ir.

Como todos los años, Sesshomaru llegaba a la misma hora de siempre, con paso firme camino por el sendero de concreto en busca de la tumba que tano conocía. Al llegar, deposito la flor que había comprado, observo la pulcras letras de granito blanco que había en ella: Cristal Harvey, amada novia y amiga

No supo de la traición hasta que había pasado el funeral, pero aun así la recordaba. Recordaba como la había conocido, siempre era el mismo recuerdo que venía a su mente cuando llegaba a su tumba:

Como todas las tardes, Sesshomaru salía a correr al parque que se encontraba cerca, siempre era lo mismo todos los días, casi no había nadie a pesar de aun haber luz del sol, a lo lejos diviso a una mujer de cabellos rojizos como el fuego. Estaba dispuesto a ignorarla pero llamo su atención, realmente era hermosa. Al estarse acercando pudo notar la divertida escena: la pobre chica estaba en dificultades con un perro el cual era más grande que ella, prácticamente la estaba arrastrando

-Max espera, cálmate – A pesar de sus palabras, el perro la ignoraba. De un momento a otro el perro empezó a correr llevándose con el a la pobre mujer. A Sesshomaru se le hizo divertida la escena pero la ayudo y comprendió que el animal tenía mucha fuerza para aquella mujer – Gracias - le sonrió de una forma tan linda que Sesshomaru olvido por completo lo que estaba haciendo

-Creo que necesitas ayuda para entrenarlo – Aun Sostenía la correa del perro quien se paseaba entre ellos ansioso

-No es mío, es de mi amiga pero como no está me pidió que lo cuidara – Hizo una mueca a lo que a él le pareció linda

-Bueno pues dile a tu amiga que necesita entrenarlo – Ambos rieron – esta raza de perros suele tener mucha fuerza

-Ni me lo digas, es muy cariños pero a veces suele ser muy ansioso – miraron al perro el cual ya se había echado al sentir que ya no se movían – Pero que descortés soy. Mi nombre es Cristal – Extendió su mano para saludarlo

-Mucho gusto, mi nombre es Sesshomaru...

Suspiro pesadamente al darse cuenta en el lugar donde estaba. Cuatro años había pasado y la muerte de ella aun dolía como el primer día, pero también estaba el rencor de haberlo traicionado de esa manera ¿Por qué? Comprendía que se haya enamorado de otro, a pesar de haberle dado todo, ella se enamoró, era así de simple pero lo que nunca entendería fue porque nunca se lo dijo, porque tuvo que escapar de esa manera de él. Si ella le hubiera confesado sus sentimientos tal vez ella estaría viva con Chris y él bebe que ambos esperaran, pero no aquí, en este lugar tan frio y desolado, al final de cuentas los tres están juntos y eso se lo hizo ver Kagura quien al igual que él no comprendía porque nunca se lo dijeron...

Después de la TormentaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora