El reloj marcaba las nueve en punto, la hora acordada había llegado. Dio el último nudo a su corbata y verificó en el espejo que estuviera correctamente puesta.
- Amor ya es hora – Gritó un poco para que su novia lo escuchara desde el piso de abajo.
A pesar de vivir juntos, cada quien tenía su propio espacio para poder vestirse. Se puso su reloj en su muñeca derecha y sentó en el sofá que había en la estancia. Suspiro un poco al darse cuenta de que la chica tardaría un poco en bajar, era tan común en ella que irónicamente lo esperaba.
- Perdón – Se disculpó la joven al ver a su apuesto novio sentado – En Serio que trate ser lo más puntual que de costumbre, pero no sé qué salió mal.
El chico de los ojos azules sonrió al ver el nerviosismo de su chica. Extendió su brazo y acarició su mejilla con tanta delicadeza que la chica sintió que se derretía en ese momento. Ambos salieron a la calle tomados de la mano, el día era tan perfecto que las calles estaban un poco llenas de personas que querían desfrutar el día, pero eso no era impedimento para que recorrieran el camino de siempre.
- Ya he comprado las rosas – La miró un poco sorprendido, tal gesto de ella lo había dejado un poco desconcertado.
- Ayame no te hubieras molestado – Sus ojos se posaron en los de ella, sintiendo el más puro amor que solo con una persona había sentido.
- Se que la amaste y fue alguien muy importante para ti.
- Es cierto – Se detuvo y la tomo de los hombros para que lo mirara, perdiéndose en los ojos color esmeralda de ella - La ame demasiado y su partida me dolió hasta el alma, en estos años he comprendido que las cosas pasan por algo – Ayame bajo la mirada un poco dolida por las palabras del chico quien de inmediato se dio cuenta de lo que había dicho – No lo niego, pero tampoco te voy a negar que contigo he conocido un tipo de amor diferente, tan inusual, tan...único. Te amo y quiero que sepas que eres lo más importante de mi vida ahora.
Sin decir una palabra más, se fue acercando a los labios de la chica y le deposito un cálido beso lleno del más puro amor que el chico le ofrecía en esos instantes.
- Kouga – Los ojos de Ayame se cristalizaron ante la confesión del chico.
Un remolino de emociones se encontraron en su ser, las palabras dichas, el sentimiento entregado le era hermoso. Muchos años sufrió por un amor no correspondido de la misma manera que ella deseaba. Se enamoro de una ilusión, una esperanza que no fue más que un sueño. Entrego todo y recibió tan poco por ello ¿Así era el amor? Se convenció a si misma de que lo era. Pero con el tiempo supo lo lastimada que encontraba, le dolió hasta el alma el separarse de aquel chico de familia prestigiosa, quien una y otra vez le recrimino su pasado, aquel que ella no había pedido pero que fue la única manera de poder sobrevivir aquella ajetreada ciudad de Tokio. Muchas lunas habían pasado desde que decidió encerrarse en aquel viejo bar donde las lagrimas y risas eran el pan de cada día.
Emprendieron su camino sin decir nada más, con timidez estiro su mano hasta tocar la de él; un escalofrió recorrido todo el cuerpo del chico, sintiéndose diferente, feliz era la palabra correcta para el momento que estaba viviendo. Por su mente vagaban las distintas imágenes de su vida, todos los sentimientos que conllevaba cada momento; desde la tristeza al dolor, hasta terminar en la felicidad y esta ultima provocada por la chica pelirroja que llevaba de la mano por aquellas calles de la ciudad.
Giro su cabeza en dirección a Ayame, miro su perfil con detenimiento concentrándose en las suaves líneas que formaban sus facciones, sintió la tibiez de su piel por el contacto que tenían sus manos al estar entrelazadas.
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Después de la Tormenta
FanfictionAmigos y enemigos. Promesas y traiciones. Enamorarse de su mejor amigo fue su perdición ¿como aparentar a su lado? ¿como soportar que otra lo mirara de la misma forma en que lo hacia ella? Huyendo del pasado, encuentra la luz que la oscuridad había...
