Sesshomaru llego al gran comedor y no vio a Aome por ningún lado se imaginó que no bajaría a cenar, no aguantaría sus berrinches de niña caprichosa. Debía imaginarlo, siendo la hija de una de las más poderosas familias de Tokio era lógico que se comportara de ese modo ¿Por qué la había traído? Esa pregunta rondaba frecuentemente en su cabeza. Cenó tranquilo y solo, no vio a Kaede por ningún lado y eso se le hizo raro ya que por lo regular salía a servirle la cena. Al término fue a la cocina en su busca para pedirle que le llevara una bandeja de comida a la chica, pero grande fue su sorpresa al verla en la cocina, cenando con algunos empleados
-¿Has estado aquí todo el tiempo? – Pregunto ocultando su sorpresa. Los empleados se empezaban a levantar pero Aome les dijo que no se molestaras se levantó y se dirigió a Sesshomaru, ambos salieron por la puerta
-Si – Dijo seria - ¿te molesta? – Y de nuevo estaba retándolo. No dijo nada, simplemente se fue a su despacho, Aome regreso y continúo cenando con los empleados.
La noche era hermosa, Aome se encontraba en su habitación, se dirigió al gran ventanal y salió al balcón donde admiro a la luna, siempre le había encantado verla ¿Qué es lo que aria ahora? Seguir con su vida, el hecho de que Sesshomaru se la llevara a su casa no le impedida que trabajara, no conocía los motivos del joven para llevarla ahí y tampoco cuanto tiempo. Todo era tan abrumador y sin sentido ¿Qué esperaba el de ella? No entendía, pero se olvidaría de ello por un rato quería descansar y que sus pequeños descansaran, mañana sería un día algo ajetreado
Sesshomaru continuaba en su despacho, el papeleo no terminaba y se sentía cansado. Tocaron a la puerta y Kaede pidió permiso de entrar, le llevaba un té. La anciana entro y deposito la taza en el escrito de el quien la miro y ella comprendió que quería hablar
-¿Qué hacia la chica en la cocina? – Pregunto sin dar explicaciones
-Cenando – contesto Kaede con tranquilidad
-¿Por qué ahí? – sabía que estaba enojada pero nunca se imaginó que ella aria tal cosa
-Nos contó, en su casa siempre hacia lo mismo, no le gustaba cenar sola
-Sola, al igual que yo
Kaede se fue. Sesshomaru se continuó con la papelería, la situación le llenaba de curiosidad. Cuando ya no daba para más fue a su habitación, de camino a esta, paso por la habitación de Aome y la vio mirando por la ventana, se veía tan serena y tranquila ¿Qué secretos guardaba aquella chica de los ojos color chocolate? No centro ya que hablaría con ella al siguiente día. Se dio un baño y se acostó a dormir...
La mañana era agradable, Aome ya estaba levantada antes del alba, ese día iría a trabajar. Bajo las escaleras y se encontró a Kaede haciendo el desayuno, cuando la vio le ofreció sentarse
-Buenos días niña Aome – Le puso un poco de avena caliente
-Buenos días Señora Kaede - tomo la avena - ¿Cómo amaneció?
-Muy bien y usted niña
-Igual – le sonrió y miro la hora – Se me hace tarde, me tengo que ir a trabajar
-Espere – Kaede se quedó con la palabra en la boca ya que Aome se fue casi corriendo. Media hora más tarde bajo Sesshomaru ya cambiado y listo para ir a la empresa, siempre tomaba el desayuno en el comedor – Buenos días joven
-Buenos días y ¿la chica ya despertó? – Tomo un poco de su jugo
-Desde muy temprano, ya salió a su trabajo
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Después de la Tormenta
Fiksi PenggemarAmigos y enemigos. Promesas y traiciones. Enamorarse de su mejor amigo fue su perdición ¿como aparentar a su lado? ¿como soportar que otra lo mirara de la misma forma en que lo hacia ella? Huyendo del pasado, encuentra la luz que la oscuridad había...
