No comprendía las palabras de Aome ¿acaso lo había bateado? Si exactamente era lo que había pasado, no entendía o más bien estaba desilusionado. Por un instante creyó que Aome se lanzaría a sus brazos y le confesara que ella también sentía lo mismo, creyó que aceptaría su amor y empezarían una vida juntos, creyó que ella aceptaría que el fuera el padre de sus hijos, creyó que dado algún tiempo, ellos unirían sus vidas, pero estaba equivocado, fue una simple fantasía que cruelmente había creído.
¿El gran Sesshomaru bateado? Era tan absurdo y gracioso a la vez, había puesto sus ilusiones en el cielo que no se midió la altura a la que se encontraba. Estaba abatido, en ella había encontrado la compañía que necesitaba, con ella había olvidado lo que sentía llegar cada noche solo, sintiendo como la soledad lo abrazaba, el silencio le susurraba dulces palabras las cuales le eran gratas. Sintiéndose vacío e incompleto.
Su disfraz para los negocios poco a poco se iba volviendo parte de él, arrastrándolo a la oscuridad de su vida; el poderoso Sesshomaru, el grande y temible ¿Qué podía hacer? La felicidad no era parte de él, o así lo quería creer.
Caminaba por las sombras, resbalándose y levantándose solo, porque así era como estaba, así era su vida, teniéndolo todo y a la vez nada. Pero Aome había llegado a su vida, iluminando todo lo que Cristal había apagado, sintiéndose tan abrumado por la calidez que ella emanaba, su forma de ver el mundo lo llenaban de incertidumbre, su risa y su mirada, su silencio y su misterio, todo de ella lo hacía sentir de una forma que no conocía, ni siquiera aquella a la que una vez amó pudo lograr. ¿Qué era ella? Su esperanza, su luz al final del túnel, el sol que necesitaba, el que calentaba su frio invierno.
Se había acostumbrado a ella, a la forma en que él hablaba, a su forma de caminar, todo lo llegaba a hipnotizar ¿Ese era su amor a primera vista? No, era algo más, era algo maravilloso que ni el mismo pudiera explicar, sintiendo cada día, cada instante, latente en su pecho. Una explosión, un susurro o un suave vaivén, ella era todo y lo sabía, no necesitaba más, la necesitaba a ella, a Aome.
¿Cómo podía explicarle todo lo que lo hacía sentir? Sintiéndose libre, lleno de vida, ella había roto esa cadenas que lo mantenían oculto, que lo apresaban a esa soledad que lo reclamaba y que él había aprendido a amar. En silencio la miraba, deleitándose de ella, de su esencia y por primera vez se preguntó ¿Así es el amor? Era ella su amor.
Pero no el de Aome ¿Cómo podía mirarla ahora a la cara después de ponerse en descubierto? Ella le había dado un rotundo no ¿por qué?, ¿Por qué se negaba a su amor? Había momentos en que el veía esa chispa en sus ojos, esa esperanza que le decía que si lo aceptaba pero se había engañado a sí mismo.
Entonces lo vio, ella había sido lastimada, la habían roto, estaba herida y él sabía lo que se sentía, conocía ese dolor de primera mano. Él podía ser la salvación, si tan solo le diera la oportunidad, si tan solo lo viera de la misma forma en que el la veía a ella.
-¿Por qué? – Necesitaba que le explicara, aunque sea algo tan simple
-No puedo - Bajo la mirada – Aun…no estoy lista – Su voz denotaba tristeza, entonces él estaba en lo cierto: la habían lastimado
-Te quiero – La tomo de las manos y las beso lentamente. Aome sintió su corazón oprimirse, el joven realmente se veía dolido – No te presionare a nada que tu no desees, luchare por cerrar esa heridas – Le dedico una sonrisa tímida y salió de la habitación.
Se sintió de la peor manera, él había mostrado su corazón y ella lo había rechazado ¿Por qué justo ahora? Una vez más comprobó que el destino no estaba a su favor
Miro en su corazón y se dio cuenta de que estaba empezando a quererlo, le gustaban esas miradas que él le dedicaba, adoraba su energía y amaba sus dictaduras ¿Cómo no hacerlo? Él era el hombre más frio que había conocido pero aun así su corazón latía más fuerte al verlo. Era temerosa y siempre lo será, tenía miedo de ser traicionada de nuevo, de que se rompieran los fragmentos que había logrado reunir de su corazón, pero por alguna extraña razón sabía que él no haría nada para lastimarla.
Miles de sensaciones volaban por su mente, estaba aceptando el hecho de que lo quería mas de la forma en que ella hubiera deseado, su compañía extrañamente le agradaba, amaba sus silencios, sus miradas frías, esas demandas que el imponía sobre ella, amaba la manera en que el la protegía y cuidaba, no solo de ella, sino también de sus hijos.
Ella sabía lo que lo enfadaba o lo que lo alegraba, sabia sus lecturas favoritas y sus lugares predilectos, sabía mucho de él y la vez poco. Lo miraba cuando no debía, se perdía en ese mar color ámbar el cual eran sus ojos, se perdía en el sonido de su voz, todo lo demás era sórdido cuando él estaba con ella. Estaba queriendo a Sesshomaru de una forma que ni ella misma comprendía ¿lo amaba? tal vez si, tal vez estaba enamorada pero estaba perdida por su decidía.
Sesshomaru había dejado en claro sus sentimientos ¿y ella? Solamente dudaba y se reprendía a si misma por su decidía. Él la miraba a ella antes que a las demás ¿Por qué no simplemente le decía que si y ya? No, no podía.
Miro su reloj y se dio cuenta de que no podía dormir, tres de la madrugada y aun no conciliaba el sueño, todo lo que había sucedido en la noche estaba haciendo efecto en ella, más de lo que le gustaría.
Salió de su habitación y se dirigió a la cocina. Recordaba que su madre le decía que nada mejor que un vaso de leche caliente pata conciliar el sueño. Estaba calentando la leche cuando escucho una triste melodía de piano. Lentamente se fue acercando y se encontró a Sesshomaru concentrado tocando el piano.
¿Por qué ahora? ¿Por qué en ese momento tenía que recordar su pasado? No podía dormir y no encontró otra forma de pasar el tiempo que tocar el piano, siempre había sido su terapia cuando estaba tenso. Mientras presionaba las blancas teclas recordaba todo su pasado, las imágenes aparecían fugazmente en su mente, como si de un cortometraje se tratase, reviviendo los sentimientos que se encontraban escondidos en lo más profundo de su ser.
El, un gran hombre, exitoso y frio, calculador e imponente ¿Cómo podía demostrar sus sentimientos? No, su perfil no se lo permitía, siempre era reacio a dejar saber que, al final de cuentas también era un hombre que sentía, vivía y soñaba. Él no era un traumado como muchos quisieran decirlo, su pasado no lo apresaba a sus temores, no vivía dentro de ello, solo aprendía a sobre llevarlo, ¿Cómo confiar en alguien cuando todo mundo te teme? ¿Cómo aprender a vivir y no a sobrevivir? …
Ella escuchaba atenta los fríos sonetos que transmitían sus sentimientos, el chico que tenía enfrente tocaba lo que su corazón no podía demostrar abiertamente, lo que su ser se negaba a demostrar. La oscuridad se cernía sobre él y se dio cuenta de que no era un ser frio, no era un ser calculador, no era el Sesshomaru que todos veían día con día. No, él era humano, sus sentimientos reprimidos podían salir cuando él se encontraba en presencia de su soledad, cuando el silencio de sus palabras salía a flote ¿Cómo puede el vivir de esa manera?
Sintiendo el crepúsculo de su vida, se acercó lentamente a aquel hombre, que tocaba sin percatarse de la espectadora que sus sentimientos. Ella lo miro y se dio de lo fuertemente cerrado que mantenía sus ojos ¿acaso recordaba algo doloroso? Y ahora que lo veía de esa forma ¿Qué enigmas escondía su pasado? ¿Cuáles eran sus motivos para encontrarse de esa manera? La frialdad de sus miradas siempre la mantenían al margen pero en esa noche, sabía que era el momento de acercarse a su corazón, de sentirlo y tratar de comprenderlo. Viendo la tristeza de sus acciones se arriesgó a tocar su hombro y hacerle saber que él no estaría solo, ella lo comprendería y acabaría con la relación de su soledad que el mantenía
-Sesshomaru – Susurro apenas audiblemente, el había escuchado su nombre, y sabia de quien era esa voz pero aun así mantuvo sus ojos escondidos, no podía mirarla, no en ese momentos que se sentía vulnerable ¿Cómo simples recuerdos podían afectarlo de cierta manera? Ella comprendió su mensaje sin necesidad de palabras, aferro as su agarre y se quedó con él hasta que la ultimas notas dejaban de sonar…
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Después de la Tormenta
Fiksi PenggemarAmigos y enemigos. Promesas y traiciones. Enamorarse de su mejor amigo fue su perdición ¿como aparentar a su lado? ¿como soportar que otra lo mirara de la misma forma en que lo hacia ella? Huyendo del pasado, encuentra la luz que la oscuridad había...
