Kikyo no regreso en el resto de la semana, realmente no esperaba que regresara después de todo lo que le había dicho, se arrepentía la forma en que le hablo, pero de una u otra forma tenia que hacerlo, hacerle entender que no había ni podría haber nada entre ellos dos.
Sus padres habían ido a visitarlo toda la semana, siempre bombardeándolo de preguntas para saber el motivo por el cual había intentado aquello, pero no les diría, no podía decirles el motivo por el cual había querido quitarse la vida, sabia que era muy cobarde el callarse, pero su madre ya había llorado mucho por él y no quería darle otro disgusto.
Los doctores iban y venían, tratando de colmar de comodidades al hijo del magnate Sr. Taisho y ni hablar de los psicólogos quienes insistían en que Inuyasha tomara alguna de sus terapias, argumentando que su depresión lo llevaría a una nueva recaída, pero el joven sabia que por mas terapias que tomara, la culpa nunca lo abandonaría y mas al saber que su hijo se había ido con ella. De todas las visitas que recibió fue una la que más le sorprendió, no se esperaba que Miroku fuera a visitarlo.
- Veo que ya te has recuperado – Hablo el joven al ver la cara de sorpresa de Inuyasha – y me alegro mucho
- Miroku...no pensé que vendrías
- Yo también pensé lo mismo, pero aquí estoy – Dijo con total sinceridad el chico quien se dirigió a la ventana de la habitación, el ambiente entre Inuyasha y él era tenso, no sabía que decir realmente.
- ¿Y...y como has estado todo este tiempo? – Dijo con nerviosismo el chico de cabello platinado
- Bien, me gradué de abogado, y ahora estoy trabajando en un bufet de abogados, es algo pequeño, pero es decente – Contesto sin mirarlo, aun observaba por la ventana
- ¿Y Sango?
- Igual, está bien, aceptó casarse conmigo
- Me alegro, de verdad, espero que sean muy felices
Nuevamente se volvieron a quedar en silencio, tenían tantas coas que decirse, pero no sabían como hacerlo, como volver a ser los amigos que un día fueron en el pasado. Inuyasha sintió el pesar de la nostalgia, a su mente volvía los momentos que habían vivido juntos, las bromas que habían hecho, las risas y llantos, las tardes que pasaban juntos jugando videojuegos. Se habían convertido en confidentes, en mejores amigos, pero ahora no son más que desconocidos, solo dos personas con recuerdos en común.
- Antes no solíamos quedarnos tanto tiempo en silencio – Dijo con nostalgia Miroku, al parecer también había tenido los mismos pensamientos de Inuyasha.
El joven sonrió al recordar como su madre los solía reprender por no mantenerse callados por mas de cinco minutos, de igual forma, sus maestros los castigaban constantemente por sus carcajadas escandalosas. Su niñez a lado de Inuyasha fue una de las épocas que nunca podría olvidar.
- ¿Recuerdas como solía llamarnos tu madre? – Preguntó Inuyasha a Miroku quien aún continuaba observando por la ventana. El chico sonrió ante la pregunta de Inuyasha
- Si – Por fin de giro a ver al chico que estaba aún en camilla – Periquitos
Ambos volvieron a reír, Miroku se acercó hasta la cama donde Inuyasha se encontraba y sentó en un sillón que había a un lado. El ambiente poco a poco volvió a ser normal, algo que infinitamente agradecieron los dos.
- Nos alejamos tanto todo este tiempo – Nuevamente Inuyasha evito ver a Miroku quien solo escuchaba atentamente lo que decía
- Mas bien, tu te alejaste de nosotros – Recrimino Miroku.
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Después de la Tormenta
FanfictionAmigos y enemigos. Promesas y traiciones. Enamorarse de su mejor amigo fue su perdición ¿como aparentar a su lado? ¿como soportar que otra lo mirara de la misma forma en que lo hacia ella? Huyendo del pasado, encuentra la luz que la oscuridad había...
