CAPITULO 24: LUTO EN MI ALMA

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La celebración por su graduación había sido agradable, todo fue tranquilo pero sabía que no podía seguir atrasando la noticia tanto para sus padres como para Inuyasha. Al siguiente día de la graduación salió en busca de Inuyasha, fue a su casa porque sabía que él no salía hasta pasado el mediodía. Los minutos pasaban y el camino a la casa de Inuyasha se le hacía eterno, pero ¿Qué le diría al llegar? No podía llegar y decir simplemente "Hola Inuyasha, estoy embarazada" no podía hacer eso. Tenía que decírselo, no podía pasar más tiempo así.
Llego a la casa del chico de cabello platinado, la hora de la verdad estaba por comenzar pero cuando se estaba acercando escucho a Kikyo discutir con él. Era mejor irse pero quería saber el motivo de la discusión ya que nunca antes los había escuchado pelearse de esa manera pero como dicen la curiosidad mato al gato o en este caso a ella.
Aome no podía creer las palabras que decía Inuyasha, los besos dados y las caricias ¿Todo era un juego? Al parecer sí. Una simple apuesta, jugo con sus sentimientos por algo tan simple, tomo su cuerpo como si fuera una muñeca, como si fuera desechable. En su interior quería creer que eran mentiras que el chico decía pero su mente le confirmaba todo lo dicho. Lo peor de todo había lastimado su orgullo diciendo que no era una mujer ¿Entonces qué demonios era? Siempre amo a Kikyo y ella lo sabía pero lo que no sabía cuánto la odiaba ¿la amistad fue una farsa? No lo comprendía, no comprendía como aquel chico que se decía su amigo pudo utilizarla de esa manera ¿a que venían esos arranques de pertenencia que tenía sobre ella? Todo era confuso, no podía seguir en ese lugar. Salió corriendo, no quería ver nadie ni escuchar nada simplemente quería escapar de ese lugar; llego a su casa echa un mar de lágrimas, los empleados la miraban consternados pero ella no le importó. Subió a su habitación lo más rápido que pudo y cerró su habitación con llave.
Lagrimas amargas derramaban sus ojos. El dolor era insoportable.
«Escucha, tu corazón se acaba de romper»
-¿Tiene solución?
«No»
Las palabras de Inuyasha retumbaban en su cabeza. Ella era simplemente una apuesta, una maldita apuesta echa por quien sabe quién y él; Traición, es la palabra que se venía a su cabeza, traiciono su corazón al darle sentimientos vacíos, jugo con su corazón como si fuera un simple juguete desechable ¿Por qué le pasaba todo eso? No lo comprendía, no sabía por qué había jugado de esa manera con ella
"-Fue difícil, me repugno al estar con ella -" Las crueles palabras del chico retumbaban en su cabeza. ¿Solo asco sentía por ella? ¿Siempre le repugno su presencia? Las pablaras parecían sacadas de su peor enemigo, era tan irónico que las dijera aquel chico que conocía de toda la vida "-Y lo comprobé lo…fácil que puede ser-" le decía fácil, le decía que era una cualquiera, una mujer sin escrúpulos. No lo entendía, no entendía por la crueldad de sus palabras. Sus sueños se habían roto, sus ilusiones estaban destrozadas, estaba rota y no había quien la pudiera reparar. El llanto salía con fuerza de todo su ser, sentía mil dagas atravesar su cuerpo y el dolor seguía en aumento
-¿Así es como se siente morir?
«No, morir es fácil»
-Entonces ¿Qué es esto?
«Es tu sendero al infierno»
¿Por qué ella? ¿Por qué de entre todas tenía que ser ella y por qué tenía que ser él? No comprendía por que el destino se empeñaba en que fuera infeliz, los castillos se han empezado a derrumbar dejando un gran abismo difícil de cruzar.
En la lejanía de sus pensamientos escuchaba las risas de Inuyasha, las risas de lo estúpida que había sido, lo ingenua y tonta. Entregándose a él por amor y el por un simple juego, por una cruel mentira, dándole en bandeja de plata su corazón y él lo tomo para destruirlo  sin dejar rastro de ello. Era débil, siempre lo había sido; esto la había destrozado más de lo que ya estaba, había avanzado 2 pasos para retroceder 10 y cada vez sería más difícil. No podía estar frente a él y no recordar las palabras que  había dicho. Ahora comprendía ella era tan infantil, era tan insípida ¿las palabras que le habían dicho reflejaban su realidad? Tenía miedo de saber la verdad pero su mente le decía que si, su realidad era esa palabras dichas por otros antes.
Recordó a su pequeñín, ese niño no tenía la culpa ¿Cómo podía decirle que su padre jugo con ella? No podía decirle lo tonta que había sido, ¿pero qué sería de él? Era obvio que su padre no lo querría, sería tan cruel que su padre lo mirara con desprecio, así como la despreciaba a ella. Sus padres la casarían a la fuerza con él en el mejor de los casos ¿y si le quitaban a su hijo? No se perdonaría si le arrebatan a ese ser que estaba dentro de ella ¿Qué alternativas tenía?
«Huye»
¿Sería esa su mejor alternativa? No lo sabía, pero no podía quedarse, si quería tener a ese bebe tenía que huir, era una débil cuartada pero era su única opción, sus padres no le perdonarían el error al haberse acostado con Inuyasha. Tenía que escapar pero ¿A dónde? Siempre había soñado con ir a Australia  a conocer la jim jim falls, ese país le encantaba y nunca le había dicho a nadie sobre su sueño de ir a ese lugar.
« ¿Qué es lo que aras? »
-Trabajar
« ¿En qué? »
-De lo que sea, nada me detiene si tengo un ideal
Su gran ideal, su hijo, por el aria lo que fuera.
Tenía dinero en el banco, lo suficiente como para vivir con lujos por dos años pero tenía que ver lo que necesitaba ya que su hijo vendría al mundo. Sin pensarlo más tomo un baño rápido y alisto una maleta con algo de ropa y sus papeles. Tenía que salir rápido antes de que se dieran cuenta de sus planes, silenciosamente salió de la casa, teniendo cuidado de que nadie se diera cuenta. Al llegar a la calle, tomo un taxi la cual la llevaría al banco cambiar sus tarjetas de crédito.  Sabía que Sango no le perdonaría si se iba sin decir nada; cuando ya estaba de camino al aeropuerto cuando la llamó por teléfono
-Sango – Su voz se quebraba, no podía evitar sacar el sentimiento con su amiga – Me voy
-Aome ¿Qué tienes? –le preocupaba la voz de su amiga
-Fue en juego – Soltó las lágrimas – Fue una apuesta
-¿De que estas hablando? ¿Dónde estás?
-Voy rumbo al aeropuerto, me voy
-Espera, voy apara allá – Y sin decir más colgó. Aome sollozo en el camino, se sentía usada. El camino al aeropuerto fue más rápido de lo usual y cuando se bajó del taxi, su amiga ya estaba ahí
-Aome – Sango corrió a abrazarla - ¿Qué paso?
-Inuyasha se acostó conmigo por una apuesta
-¿Qué? ¿Estas segura de lo que dices? – Sango no podía creer lo que escuchaba
-Sí, lo escuche de su propia boca….
Aome empezó a relatar toda la conversación de Inuyasha con Kikyo. Su amiga se sentía impotente al estar escuchado lo que decía Aome ¿de verdad está hablando de Inuyasha? Si se lo hubiera dicho otra persona no lo creería. Cada palabra que decía, su cólera iba en aumento, empezó a odiar a aquel chico que jugo con los sentimientos de su amiga ¿Por qué la odiaba tanto? Fue su amiga por años y aun así no tuvo consideración por ella. Y lamentablemente el que tenía que pagar los platos rotos era el hijo de ambos
-No te vayas Aome
-Tengo que hacerlo, si sigo aquí me derrumbare – La mirada de ella era vacía, y eso le preocupaba a Sango
-Iré contigo
- No es necesario, necesito hacer este viaje sola – trato de sonreírle a su amiga
-¿ya se lo dijiste a tus padres?
-Para que, si lo hago van a preguntar quién es el padre y si no les digo son capaces de quitarme al niño y eso no lo voy a permitir
- ¿A dónde iras?
-A Australia. Te mandare mi dirección cuando llegue
La mirada de Sango era triste y decía que quería ir con ella, no la quería dejar sola pero Aome está firme en su decisión, tenía que hacer el viaje y olvidarse de todo y empezar de nuevo. El sonido del anuncio del vuelo de Aome las saco de sus pensamientos, era hora de irse
-Te quiero mucho Sango, eres una excelente amiga. Tal vez algún día regrese – le dio un fuerte abrazo a su amiga – Por favor dale este sobre a Kouga me duele dejarlo así pero es mejor para los dos y por favor promete y haz que Miroku y Kouga prometan que nunca le dirán a Inuyasha que él es el padre del niño, por favor ni a mis padres si se llegan a enterar y una última cosa no le digas a Kouga lo que te he contado si quieres a Miroku pero no a él, no sé cómo podría reaccionar
-Te lo prometo – Tomo el sobre de Aome y lo metió en su bolso – Te extrañare amiga – Le dio un último abrazo a Aome y un beso y la vio desaparecer por las puertas de cristal que daban a la sala de espera…

Después de la TormentaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora