CAPITULO 51: MI VIDA, MI INFIERNO

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-Eres alguien muy importante para mi ¿lo sabes? – La chica lo miraba con admiración, cosa que pasó desapercibida por aquel chico que estaba entretenido con su computadora.

-Lo sé – Se limitó a solo decir, realmente no le prestaba demasiada atención a la pequeña chica que estaba a unos centímetros de donde él se encontraba.

-Eres más que un amigo – Ahora sí, presto atención a lo que decía ella – Te lo digo enserio – Hizo un puchero al ver que el chico la miraba como no creyendo sus palabras.

-Lo se...tonta – Se acercó a ella y la abrazó fuertemente – Es solo que me gusta hacerte enojar – Ella puso los ojos en blanco y se separó de él - ¿Qué pasa ahora?

-Te hablo enserio y tu sales insultándome – Se cruzó de brazos y se alejó lo más posible de él.

-Sabes que lo digo en broma – En un solo parpadeo ya se encontraba enfrente de ella – Eres mi pequeña tontita – Ella seguía recelosa de las palabras que él le brindaba – Hablo enserio, tú también eres muy importante para mí, y aunque no lo creas te quiero como no tienes idea.

-¿Lo dices enserio? – Lo miraba con un brillo tan inusual en ella, que él no supo cómo interpretarlo

-No he dicho nada tan enserio en mi vida hasta ahora – la abrazo una vez más y ella no dudo en quedarse con el – Siempre estaremos juntos…

Su corazón palpitaba demasiado rápido, su frente estaba mojada y sentía los labios resecos. Miraba de un lado a otro prestando atención a dónde se encontraba. La habitación era oscura, no sabía si era de  día o de noche, a ciegas se levantó de la cama y empezó a dirigirse a lo que veía que era la ventana; en el camino su pie tiró algo que creyó era una botella, no le dio importancia y siguió caminando, al correr la cortinas se dio cuenta de que los últimos rayos del sol surcaban el cielo diurno.
Su cabeza explotaba, al girarse se dio cuenta de las botellas de vidrio que se encontraban regadas por todo el lugar, caminaba con pereza y en silencio buscaba su celular olvidado en aquellas mantas que no recordaba la última vez que las había lavado; mentalmente anoto que debía hacerlo lo más pronto posible. A su mente volvía aquel olvidado recuerdo que ahora se había convertido en un sueño recurrente, todas las noches las sombras de la culpabilidad lo rodeaban hasta que la bebida se encargaba de disiparlas.
Se metió en la regadera tratando de olvidar lo que el sueño le había presentado, pero entre más lo hacía más recordaba, suspiro amargamente y estuvo en la regadera todo lo que su cuerpo le permitía. Una vez más salía de aquel departamento en el cual vivía casi dos años, después de la tragedia, no tuvo dignidad para mirar a sus padres a los ojos y simplemente argumentó su salida como un proceso de independizarse, claro, trabajaba en la empresas de su padre,  como siempre lo habían querido, mas sin embargo no lo veía y la mayoría del tiempo platicaba a través de correos electrónicos
Por más que trataba no podía olvidar lo que pasaba, noche tras noche, veía la imagen de aquella linda mujer de la que recónditamente estaba enamorado.

[...]

Pasaba por las calles ahora nocturnas, observaba con detenimiento cómo las personas a su alrededor disfrutaban del inicio del fin de semana, en otro tiempo él se habría encontrado dentro de ese grupo. Sus pies lo dirigieron al mismo establecimiento de siempre, el cual ya estaba viejo y presentaba signos de necesitar una reparación urgente, no se entretuvo observando los pasillos, como algunos de los que se encontraban ahí; directamente fue al refrigerador que el ya conocía. Abrió y sacó todo el alcohol que sus manos podían sostener. Con pereza se dirigió a la caja, donde se encontraba aquel señor algo mayor, más que su padre, era claro, puso las botellas en el mostrador y el anciano lo miró con detenimiento  mientras escaneaba las botellas.

-Siempre vienes a la misma hora, compras el alcohol de siempre y te vas – El chico de cabello platinado lo miraba sin entender – Todo eso desde hace dos años, puedo observar que eres muy joven para tener una relación muy estrecha con la bebida – El ceño del chico se empezó a ceñir y el anciano lo notó claramente – Solo soy un viejo que se gana los pocos días que le quedan en esta tienda con los mismos años de mi existencia. No se por lo que estés pasando y sé que no te importara mi opinión, pero te puedo asegurar que la vida es hermosa, aunque tu vida se encuentre en un crepúsculo eterno y no veas el sol, solo serás tú el que puede trazar ese mapa para salir de ese laberinto en el que te encuentras.

El chico no dijo, tomó las bolsas algo aturdido por las palabras de aquél anciano y salió a toda prisa del establecimiento. Las palabras de aquel hombre no tenían sentido, más sin embrago estaba seguro de algo, su padre nunca le habría dicho eso e internamente se sentía con un poco de calma al haberlo escuchado.
No se dirigió a su departamento como de costumbre lo hacía después de comprar, siguió de largo y llegó hasta un parque, el cual tenía años conociéndolo, busco la banca que era de su preferencia y se sentó; siempre le gusto ese lugar, como el parque se encontraba sobre una lomita podía tener una vista perfecta del centro. Dejo sus bolsas a un lado suyo, bajo la capucha de la chamarra que llevaba puesta, las noches frías se empezaban a presentar dando señal a la aproximación del invierno. De uno de sus bolsillos sacó una cajetilla de cigarros y procedió a fumar uno. Mientras lo hacía recordaba todo los acontecimientos que había en su vida, todo lo que había perdido y los sentimientos encadenados en su alma. Sintiéndose miserable, miró al cielo, en busca de la estrella más brillante que encontrara y cuando lo hizo, la bautizo con el único nombre que venía a su mente, cuando sus demonios lo apresaban a la oscuridad de su vida.
Por primera vez sonrió al recordarla, tan hermosa, bella y alegre, llena de vida y sin dejar que nada la detuviera y siempre creyendo en la bondad de la gente, siempre creyendo en el ¿Dónde estaría ella en estos momentos si nunca hubiera escuchado esa conversación? Seguramente con Koga, aquel hombre que si la supo valorar, que siempre estuvo con ella cuando él se había marchado.
Suspirando melancólicamente cerro los ojos y dejo que la fría brisa nocturna entumiera su rostro, olvidando por un momento todo lo que sentía, olvidándola por un momento a ella, pero solo era un instante, solo un suspiro lo que pudo olvidar, porque así pasaran los años la seguiría recordando, tal vez hiciera su vida, tal vez tuviera una familia pero sabía que tarde o temprano el karma vendría por el…
-Chico ¿Qué haces a estas horas solo? – Abrió los ojos de golpe al reconocer la voz de aquel hombre que estaba parado en frente de el
-Sr. Higurashi ¿Cómo se encuentra? – Se levantó y saludo lo más formalmente que podía.

Lo observo con detenimiento, se miraba mucho mayor de lo que era, su piel estaba pálida y debajo de sus ojos unas ojeras se habían acomodado placenteramente, signo de las noches sin sueño que había pasado, no llevaba el pulcro traje de oficina que siempre tenía puesto, en su lugar unos gastados pants lo acompañaba y un abrigo de lana cubría su torso.

-Bien, dentro de lo que cabe – La sombra de una sonrisa apareció en su rostro – Y cuéntame Inuyasha ¿Qué has hecho? No te he visto en estos dos años, solo se por tu padre que trabajas en las empresas.

-Solo trabajo – Se limitó a contestar. El hombre lo observo detenidamente.

-Veo que has desarrollado unos hábitos no tan convincentes – Se dio cuenta de las bolsas que ocultaban el alcohol y del cigarro que fumaba.

-Es algo de vez en cuando- Se sentía abrumado estar hablando con el padre de ella, era muy hipócrita después de lo que había pasado, pero por educación lo hacía, era lo único que le quedaba - ¿Qué lo trae por estas horas a este lugar?

-Viejos recuerdos, estos árboles tienen viejas memorias mías – Miro a la nada por unos segundos – Este era el parque en donde traía a Aome – Ante la pronunciación del nombre, el chico sintió estremecerse y observo al hombre que ahora derramaba algunas lágrimas – La extraño tanto, me siento culpable, siento odio hacia mí mismo.

-No sé qué decirle – El Sr. Higurashi lo miro con detenimiento, de pronto la sorpresa apareció en su mirada.

-Tú debes saber – Inuyasha no comprendía nada – Eras su mejor amigo, tú debes sabe quién era.

-No comprendo el sentido de sus palabras.

-Tu…tú debes saber quién era el padre del bebe de Aome – Lo miro perplejo ¿acaso había escuchado bien?

-Ella…ella…esta…estaba…- Dejo la frase en el aire, no podía pronunciar aquella palabra.

-Si – Se limitó a contestar el hombre haciendo que el poco mundo que le quedaba al chico se derrumbara… 

Después de la TormentaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora