En vísperas de su mayoría de edad, una joven es forzada por su padre a casarse con un hombre rico y misterioso, apodado como "el demonio" por sus ardientes pasiones y su imponente reputación.
Atrapada en un torbellino de deseo y traición, se ve arra...
Me levanté sobre algo suave. Al abrir los ojos, me encontraba en lo que parecía una habitación de lujo. Aún me dolía el cuello, me escocía y quemaba. Me acordé que alguien me pinchó algo en él antes de caer al suelo y... ¡Mi bebé!
-¡Victoria!- Gritaba el nombre de mi pequeña por la habitación, pero no oía su llanto.
Investigué más a fondo la enorme sala y encontré una cuna que parecía de oro. Alrededor había juguetes para bebés y un cambiador. Parecía la habitación de una reina y su bebé.
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Me acerqué lo más rápido posible rezando porque mi pequeña estuviera dentro de la cuna, pero estaba vacía. No recordaba como había llegado allí, ni si quiera si me habían traído al mismo sitio que a ella. Solo recordaba unas manos arrancando a Victoria de mis brazos.
De pronto la puerta se abrió y entró un hombre ya algo mayor pero bien cuidado, con traje y cadenas de oro. En sus brazos llevaba un bebé.
-Dame a mi hija desgraciado.- Dije abalanzándome sobre él.
Uno de sus guardaespaldas me cogió antes de poder ponerle la mano encima a ese desgraciado que tenía a mi hija en sus brazos.
-Cálmate, niña. Tú hija estaba llorando y no quería despertarte.- Se acercó a mi y me la entregó.
-Mi pequeña, ¿estás bien?- Dije mientras la revisaba.
-No la he hecho nada, sois invitadas aquí.- Dijo agarrando mi barbilla. Con mirada de asco retiré la cara de sus manos y me alejé de él. -Escucha pequeña, aquí tendréis todo lo que necesitéis hasta que Marc se presente.-
-¿De qué conoces a Marc?- Dije confusa. ¿Serían los mismos que me secuestraron meses atrás? No podía ser cierto, la última vez que me secuestraron las condiciones eran infrahumanas y ahora estoy en una habitación de lujo.
-¿Conocerlo? Más que eso. El tiene algo que me pertenece y me lo va a entregar por ti y por su hija.-
-Solo soy un contrato, no vendrá, así que suéltame.- Dije esperando convencerle. El hombre echó a sus guardaespaldas y nos quedamos solos en la habitación con la pequeña. Rápidamente fui a dejar a la pequeña Victoria en la cuna y me acerqué a él. -Por favor, deja libre a mi pequeña. Ella es inocente.- El hombre comenzó a enojarse y se acercó tanto a mi que apenas me atrevía a respirar. Si hubiera estado sola ya me habría subido sobre él y le hubiera arreado bien, pero con Victoria aquí a saber que podría hacerla si me atreviese a atacarle.
-Mira, si Marc no quisiera venir a por vosotras, yo iría a por él. Tú serías de mi propiedad y la pequeña una de mis hijos.- Dijo intentando besarme. Le empujé ya cansada y me senté en la cama.
-Yo jamás seré tuya y mi hija menos. Eres un psicópata que va secuestrando gente y, ¿crees que voy a vivir plácidamente contigo? No sé que te habrá quitado Marc pero no me incumbe así que déjenos salir ya.-