En vísperas de su mayoría de edad, una joven es forzada por su padre a casarse con un hombre rico y misterioso, apodado como "el demonio" por sus ardientes pasiones y su imponente reputación.
Atrapada en un torbellino de deseo y traición, se ve arra...
Un destello de luz me hizo entre abrir los ojos hasta que me acomodé a la oscuridad del cuarto y la poco luz que entraba de la ventana. Miré a mi alrededor algo confusa y me giré para ver a Daniel.
La cama estaba vacía y yo estaba... ¿estaba desnuda?
Mirando a todos lados algo nerviosa e intentando recordar porque estaba desnuda caí en la cuenta que esa habitación no era donde Daniel me había dormido si no la de Marc.
-Ayer casi la pierdes con tu futuro marido.-
-Primero: no le llames así. Segundo: gracias por recordármelo conciencia.
Cuando terminé de pelearme conmigo misma me levanté y fui al baño, me metí en la bañera y me dejé caer en el agua como una pluma. Después de veinte minutos salí antes de quedarme como una pasa, me coloqué delante del espejo y me pinté y arreglé el cabello con regalos que suponía que serían de la hermana de Marc (o este demonio se echa rimen).
Terminé y salí del baño, abrí el enorme vestidor y cogí unos pantalones negros con unas vans a juego y una camiseta blanca (ropa que la hermana de Marc me había comprado una vez el demonio me había sacado a rastras de mi casa sin mis cosas).
Al salir de vestidor vi un rincón con unos, ¿veinte bolsos?. Cogí uno negro, me miré en el espejo y...
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-¡Guapísima!.- Me grité a mi misma.
Atravesé el pasillo interminable y bajé las escaleras. En la planta de abajo se encontraba una señora de tercera edad con un delantal quien suponía que sería la nana, pero, ¿Marc aún tiene nana?.
No pude evitar echarme a reír y la señora no tardó en darse cuenta. Por la cara que ponía seguro que pensaba que estaba loca.
-Hola, soy Luce.- Dije con una sonrisa ya algo calmada de mi ataque de risa.
-Buenos días señorita Luce.- Dijo con una voz dulce y casi susurrando.
-No me llames señorita, puedes llamarme Luce.- Dije con una sonrisa.
-Pero el señorito Marc me ha dicho...-
Estallé de la risa, ¿señorito? No podía parar de reírme, un don que tengo.
-¿Estás bien señorit.... Luce?
-Si, estoy bien.... ¿cómo te llamas?-
-Me llamo Cloe pero aquí todos me llaman nana.-
-Vale nana.- La sonreí y me senté en una de las sillas que había alrededor de la isla de la cocina.
-¿Tostadas?-
-Con mermelada de fresa por favor.-
Me terminé las tostadas en menos de cinco minutos, le di las gracias a nana y me fui hacia la puerta. Al abrirla el mayordomo y un gorila que suponía que sería uno de los guardaespaldas de Marc se encontraban al lado de un bmw negro.
-¿Dónde vas señorita Luce?- Preguntó el mayordomo.
-Llamarme Luce y me voy a dar una vuelta.- Pasé de largo y seguí mi camino.
-¡Alto! El señorito Marc me ha encargado su protección.- Alguien me agarró del brazo y tiro de mi con fuerza, me giré y era el gorila.
-Suéltame.- Dije intentando librarme de su agarre. Patalee, tiré, lloré, grité, insulté y no conseguí moverlo ni un centímetro de su sitio (debe ser transgénico o algo).
Agotada en el suelo acabé cediendo, ¿protección? Pero este que se cree que soy una princesa o algo, solo faltaba que me echasen pétalos a medida de andaba.
-Vale. Pero vamos donde yo quiera.- El guardaespaldas me abrió la puerta del coche y entré.
-¿Dónde quiere ir?-
-Al centro comercial.- Dije mirando por la ventana.
-Pero eso está a dos horas de este pueblo.-
-Si me acompañas iremos donde yo quiera.- No podría conmigo, nadie sigue mi ritmo.
Después de dos horas de viaje aparcó enfrente del centro comercial, era enorme y solo había ido dos veces con mis amigas porque estaba muy lejos del pueblo.
-Llegamos.-
-Gracias.- Me bajé del coche y me dirigí a la entrada. Me giré a ver si se iba y mira por donde, le tenía detrás de mi.
-¿Qué haces?- Pregunté furiosa. No necesitaba ningún perrito faldero.
-Vigilarla.-
-Qué soy, ¿una fugitiva?. Espérame en el coche por favor.- Le dije suplicándole pero me negó con la cabeza.
Parece que tendría que pensar en algo para despistarle. Entramos en varias tiendas excepto en las de lencería que se quedaba fuera esperando a que saliera.
-Tengo hambre, vamos al súper.- Me siguió hasta el súper y una vez allí le perdí entre los pasillos y me fui corriendo. Corrí hacia la puerta y seguí corriendo una vez fuera respiré hondo como si de la libertad se tratase, que era más o menos algo así.
Seguí corriendo y me paré para gritar: -Libre.- Grité una vez había pasado dos manzanas del lugar donde se encontraba el centro comercial.
La gente que pasaba se quedó algo confusa, muy normal en mi. Apagué el móvil para evitar llamadas de Marc y me fui al centro de la ciudad a mirar más tiendas.
La tarde se hizo muy corta, entraba en una tienda y otra y sin parar conseguí verme todas.
-Hola.- Dijo un chico moreno sentado a mi lado en la parada de autobús. Tenía barba de los tres días (lo que te gusta, me recordaba mi conciencia). Era alto y fuerte con ojos verdes.
-Hola.- Respondí algo nerviosa. Me sacaría cinco años más o menos, la barba le hace más mayor y atractivo o eso pensaba mi conciencia.