Capítulo 75

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LUCE*

Era una broma, seguro. No le bastaba con tenerme atada a él que ahora tengo que servirle.

-Es una broma, ¿verdad?-
Pregunté esperando que lo fuera.

-Comportarte, estás en el trabajo.- Se acomodó la corbata y se sentó en la silla.

Toc, Toc.

La puerta se abrió y, con ella, una chica con gafas y traje entró con una carpeta en la mano.

-Buenos días, señor.- Dijo sin ni siquiera mirarme.
-Quería verme.-

-Ella es Luce y es mi nueva secretaria. Quiero que la enseñes la empresa y la ayudes a ponerse al día.-

-Si, señor.- Dijo mientras me fulminaba con la mirada.

No iba a salir nada bueno de aquí...

-Puedes irte.- La chica cerró la puerta y de nuevo me quedé encerrada con él.

-Espero que se te de bien. Esposa mía.- Marc me susurró al oído e hizo que un escalofrío me recorriera el cuerpo.

-No quiero trabajar para ti.

-¿Como mantendrás a la pequeña sin dinero?-

-Yo...- Mierda, tenía razón. A casa no podía acudir o decepcionará a mi padre y a saber que nos harían esta familia de locos.

-Puedes irte con Karen. Ella te enseñará todo.- Me abrió la puerta y me empujó fuera. ¡Pues si que empezamos bien!

Karen estaba apoyada en la mesa de fuera y se acercó a mi a paso ligero.

-Mira mocosa muchas quieren intentarlo, pero olvídate. Mi jefe se aburre rápido de vosotras.-

-Yo...-

-Calla y vamos. Tengo que enseñarte la oficina.-

Mala bruja... Ya te enterarás de quien soy. Pf... ¿Tan mujeriego es este hombre? ¿Lo seguirá siendo aún estando comingo? Aunque nuestro matrimonio sólo es por conveniencia, me fastidiaria verle con otra...

Karen me enseñó todos los departamentos uno a uno, me dio un montón de papeleo y ni si quiera me dejó descansar para tomar algo. Entre el dolor de pies por culpa de los tacones y que no entendía nada más que el Word... Estaba siendo una día horrible.

-Es la hora de irse.- Marc estaba apoyado encima de mi mesa mirando su reloj.

-No he terminado aún.- Dije con un montón de papeles en la mano.

-No importa puedes quedarte yo no molesto.- Después me levantó para sentarse él y me apoyó encima de sus piernas.

Si esto no es molestar, ¿cómo lo llamas? Llamada de atención, fastidio, maldad...
Cualquiera se concentra teniendo el gatillo apuntadote. Si... Lo decía por su amigo.

-¿Podrías sentarte en otro lado? No me concentró.- Dije fingiendo que hacía cosas.

-No sabes lo que haces, ¿verdad? Anda... Traeme un café.- Dijo levantándome de él para echarme a un lado.

-Pero las máquinas están cerradas.- La verdad que no sabía si estarían cerradas o no, pero los pies me dolían mucho.

-Hazlo tú misma en la sala de descanso. Y no te quemes.- Dijo sin apartar la mirada del ordenador.

-No sabes lo que haces... Bla, Bla, Bla. Pues hazlo tú, no estoy aquí por gusto.-

Mientras me quejaba de todo acabé encontrando la sala de descanso. Era un espacio grande y muy bien amueblado, con sofás, una tele, una mesa y electrodomésticos (nevera, cafetera y una tostadora).
Busqué las cápsulas de café y puse a funcionar un café. Por suerte a mi papá le encanta el café y se lo he hecho muchas veces.

-Que no me queme decía... Si sigo así sería lo de menos quemarme.- Pensaba mientras llevaba el café al despacho.

Esto era realmente un laberinto.

-Creo haber visto esa planta por quinta vez...-
Sin rumbo, con los tacones en una mano y el café en la otra, seguí buscando el camino al despacho. El café ya estaba frío, pero no iba a hacerle otro o no saldría hasta mañana y con ayuda de los guardias.

-¿Hay alguien hay?- Me pareció ver una sombra cruzando la esquina del pasillo. Aterrorizada no estaba, solo rezaba un padre nuestro mientras aceleraba el paso cuando me choque con algo por mirar si me perseguían.

-Auch.- Dije tambalenadome un poco. Por suerte el café no se cayó.

-¿Dónde estabas?- Preguntó Marc cogiendo el café. -Está frío.- 

-Por poco me da un infarto. Si está frío, pon señales en esta empresa porque parece la película del laberinto. ¡Que entras y no sales!-

Marc se tomaba el café sin hacerme mucho caso. Me rodeó la cintura con el brazo y me subió a su hombro como un saco de patatas.

-¡Bajamee!-

-¿No te dolían los pies?- Pregunto mientras tiraba el vaso a la papelera.

Sin contestar dejé de patalear y me acomodé como pude mientras la sangre me llegaba a la cabeza.
Una vez en el despacho me dejó en el sofá y se sentó de nuevo al ordenador.

¿Por qué no se lo pedía a algunos de sus trabajadores? La empresa ya hacía rato que había cerrado y aún seguíamos aquí. Además, tenía mucho sueño.

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No te como alguien me acariciaba el pelo y abrí rapidamente los ojos.
¿Me dormí?

-Buenos días dormilona.-  Dijo Marc a mi lado. Estábamos en en casa, él dednudo y yo... Por supuesto que estaba desnuda.

-¿Otra vez?-

-No hemos hecho nada. Te dormiste, te quise despertar. Me pegaste, te llevé al coche y te subí a la habitación. Te quise despertar de nuevo para que te vistieras, me volviste a pegar, te cambié y como era aún más imposible vestirte, te dejé desnuda.-

-¿Enserio hice todo eso?-

-¿Acaso lo dudas?-

Sinceramente, no lo dudaba. Ya había tenido algún episodio de sonambulismo.

-Cómo es sábado y no tengo nada que hacer en la empresa vamos a ir a mirar sitios para la boda.-

¡Boda! Fue como una bala a mi corazoncito.

-No te vas a escabullir. Vienen todos.-

-¿Todos...?- Pregunté con los ojos en blanco.

-Tus padres, los míos, mis hermanos y Victoria.-

-Mi bebé.- Dije tan ilusionada. Llevaba mucho tiempo sin verla.

-No tardes y ponte algo cómodo... Hay mucho que hacer.-

-¿Ni se iba a encargar nuestra wedding planner?-
Pregunté con ilusión.

-April quería arreglarlo todo así que la despidió.-

Tal para cuál.

Mientras Marc se duchaba elegí la ropa que ponerme. Una vez terminó entré yo y después me vestí.

Elegí una camisa blanca con transparencias y un pantalón beige, marrón clarito.

Me arreglé el pelo y bajé a desayunar algo. ¡Iba a necesitar fuerzas!

Casada con un Demonio (+18)  [EDITANDO]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora