Capítulo 66

4.4K 197 28
                                        


LUCE*

Oscuridad y silencio, es lo único que sentía.

Mis ojos aún demasiado pesados para poder abrirlos del todo, lo intentaban. Los parpados me pesaban tanto como si estos hubiesen sido pegados con superglue. Poco a poco el silencio fue roto por un desconcertante goteo. Una gota tras otra caía con un ritmo bien marcado.

Pequeños destellos de luz comenzaron a aparecer a medida que seguía intentando abrir los ojos. Cuando ya había conseguido abrirlos, la vista empezó a distinguir y aclarar lo que había a mi alrededor. Me encontraba en una habitación totalmente blanca. Tenía un pequeño sofá azul claro, una mesa con un jarrón y unas sillas a juego. También había dos ventanas tapadas con cortinas y con las persianas bajadas.

Me encontraba tumbada en una cama parecida a la de un hospital. En mi brazo llevaba una vía conectada a una bolsa de suero de la cual provenía el ruidoso goteo que había escuchado antes. Llevaba puesto un pijama azul pero no tenía ninguna pulsera hospitalaria. No tenía ninguna herida física a simple vista y solo me dolía un poco la cabeza.

Me levanté de la cama apoyando mis pies descalzos sobre el frío suelo de mármol. Lo último que recordaba era ser sujetada por Marc mientras Daniel moría en el suelo. Ese recuerdo me dolía mucho, pero a pesar de ello, no podía soltar ni una lágrima más. Los ojos aún me pesaban y me dolían de tanto lloro.

Toc, toc.

Llamaron a la puerta dos veces y después abrieron.

-Señorita Donovan, soy el Doctor William. Me voy a encargar personalmente de usted durante su estancia en este hospital.-(Dicho así sonaba más a un mayordomo que a un doctor).

-¿Dónde estoy?- Pregunté sin importarme sus palabras. Sinceramente, ya estaba cansada de despertarme en sitios extraños.

-Está en mi hospital privado. Un hospital de gran privilegio en el que solo acude gente importante.-

-No me importa, quiero irme de aquí. ¿Cómo he llegado? ¿Dónde está mi pequeña? ¿Y el estúpido de Marc?- No podía parar de preguntar y preguntar, estaba tan desconcertada...

-Ja,ja,ja. Que chica tan especial. ¿Qué es lo que ve Marc en ti?- Este se acercó a mi hasta arrinconarme con la pared. La bolsa de suero se desconectó, pero no le importó.

-Esto... ¿Conoces a Marc?- Dije intentado apartarle.

-Claro que si. Somos buenos colegas.-


Era un chico guapo, no mucho más mayor que Marc. El traje de doctor le quedaba bastante bien, pero por experiencia ya sabía que estos eran los que más te la liaban. Un claro ejemplo del millonario hijo mayor de la familia Donovan.


-¿Te ha gustado mi mujer?- Preguntó Marc apoyado en el marco de la puerta tan sexy como siempre.

Ya estaba tardando en aparecer...

-Es especial, sí. Debería hacerle un chequeo para comprobar que está perfectamente bien.- Me agarró del cuello del pijama y empezó a jugar con los botones.

-William...- Marc lo cogió de su bata y le rodeo el hombro con su brazo. -Te dije que le cuidaras, no que le manosearas.-

Que raro... ya pensaba que lo mataba. Parece que se llevan muy bien.

-Este es William, mi mejor amigo de la infancia y un gran mujeriego. Ten cuidado con él.-


¿No lo vas a matar por acercarse a mi? ¿Ni le vas a destrozar la cara por tocarme? ¿No vas a sacar tu pistola y te lo vas a cargar? ¿Estoy en un mundo paralelo en el que mi Marc es un caballero que tiene en cuenta mis palabras y acciones? Mi cara de asombro era un cuento, pero más lo fue cuando noté algo húmedo en mis pies aún descalzos. La bolsa de suero que se había soltado de mi vía había encharcado el suelo donde me encontraba.

Antes de darme cuenta, Marc me tenía en brazos y me dejó en la cama. Me secó los pies con la sábana y me besó la frente. Claramente estaba muerta y todo esto era mentira.


-Iré a llamar a alguien para que lo limpien- Dijo William guiñando un ojo a Marc.

Cerró la puerta detrás de él y de nuevo, el silencio llenó la habitación. Marc me miraba y no apartaba la mirada aunque yo lo hiciera. Sus manos seguían siendo tan reconfortantes como siempre. Le tenía muchas ganas a pesar de lo enfadaba que estaba.

Mi cuerpo comenzaba a calentarse muy rápido, las manos me sudaban y no podía pensar con claridad. Poco a poco esa sensación se estaba volviendo insufrible... Me quité el pijama y me fui al baño que había allí a mojarme la cara. Cuando volví, Marc me miraba desconcertado.

-¿Tienes fiebre?- Preguntó tocando mi frente con sus labios. -¡Estás ardiendo! Voy a llamar a alguien.- Se levantó a abrir la puerta pero esta no se abría.


-Me lo agradecerás.- Se escuchó decir detrás de la puerta.

-¿Has drogado a mi mujer con afrodisaco?-

-Y por que no se ha terminado el suero entero que si no...-

-Cuando salga verás...-


Drogada hasta en un hospital, esto se lo cuento a alguien y no se lo cree.

Marc se acercó a mi y me mojó la cara con agua.


-Relájate y se te pasará.- Dijo sentándose a mi lado.

-¡No lo hará!- Volvió a gritar William desde la puerta.

-¿Te vas a quedar escuchando también o qué? ¿Quieres entrar a verlo?-

-Puedes dejarme que yo la cure si quieres.-

-¡Qué te den!- Dijo Marc cogiendo la almohada y lanzándola a la puerta.

-Me voy, tranquilo. Avisame cuando ya esté mejor.- Se reía tan alto que aún se escuchaban las carcajadas alejándose.


Marc se acercó a mi con paso ligero y me colocó un mechón de pelo detrás de la oreja. Sus labios rapidamente se posaron sobre mi cuello desnudo y comenzó a recorrerlo hasta llegar al pómulo de mi oreja. Lo mordió y soltó un pequeño suspiro de aire caliente, el cual me erizó toda la piel. Sus manos acariciaban mis pechos mientras seguía comiendome el cuello. Después sus besos pasaron a mi boca, primero más lentos y luego más rápidos hasta terminar mordiéndome el labio. Un pequeño dolor punzante comenzó a aparecer en el lugar de su mordida y al posar mis dedos sobre el labio los dedos se mancharon de sangre, pero no me importó. Comencé a tomar el control y le desabroché los pantalones mientras él se quitaba la camiseta. Una vez ya desnudos, metió su miembro dentro de mi sin tener que realizar preliminares.

No sé si era la droga o lo mucho que me ponía ese hombre pero cada vez todo se volvía más fogoso. Sacó su pene de mi y me giró quedando en cuatro delante de él. Sin pensarlo volvió a meterlo dentro y me agarró del cabello. No podía aguantarme y comencé a gemir sin importarme que me escucharan. Marc volvió a sacarla y esta vez se levantó de la cama, me llevó hasta la mesa y me apoyó sobre ella. Después comenzó de nuevo a darme mientras agarraba mis pechos con las dos manos, de estos pasó a la cintura y me dio mucho más rápido. Sus gemidos se entrelazaban con los míos hasta que al mismo tiempo los dos soltamos un grito.

Cogimos aire y nos pusimos de pie. Marc me cogió en brazos con delicadeza y me tumbó en la cama. Estaba tan exhausta que no tardé en cerrar los ojos.


-Aún te odio.- Dije antes de quedarme totalmente dormida.





Casada con un Demonio (+18)  [EDITANDO]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora