En vísperas de su mayoría de edad, una joven es forzada por su padre a casarse con un hombre rico y misterioso, apodado como "el demonio" por sus ardientes pasiones y su imponente reputación.
Atrapada en un torbellino de deseo y traición, se ve arra...
¿Que estaba pasando? Marc había jugado conmigo hasta dejarme tiritando bajo el agua. Como odio los microondas.
Solo le había roto los condones, comparado con esto no es nada. ¡Eres un demonio! Grité golpeando el agua. Ya que había preparado el jacuzzi lo iba a disfrutar. Me enjaboné el cuerpo y me lavé el pelo con champú de hombre. Si, he dicho de hombre. Aún no me había comprado un champú este individuo.
Salí y me envolví con una toalla el pelo y el cuerpo. La toalla del pelo se me daba muy bien pero la del cuerpo... Estaba claro que no era para mi eso de ponerte la toalla enganchada en el pecho (apenas tenía). La enganché como pude y salí del baño.
-Será hija de...- Oí gritar a alguien en el vestuario.
Mierda, nos ha pillado. Me dijo mi conciencia.
-¿Pillado?- Pregunté en alto.
-Luuuuuuce. ¿Qué es esto?- Un Marc rojo y furioso venía directo a mi con algo en la mano. Ahora si que parecía un demonio, solo le faltaban los cuernos y la cola.
Fue gritar demonio y se convirtió. Pensaba en mi cabeza.
-Explícate.- Me dijo dándome lo que llevaba en la mano.
No podía ser. Los calzoncillos que le rompí. Me entró la risa como de costumbre y me puse a reírme en su cara. Tenía hasta ganas de llorar. Pero la risa se me fue cuando miré a Marc. Estaba desnudo con uno de los calzoncillos puestos.
¿Enserio? El agujero tenía que caer justo ahí.
Sabía que me había puesto roja. No necesitaba un espejo para darme cuenta. Mi cara ardía y mis manos sudaban.
-E...estas desnudo.- Conseguí decir.
-Ahhh. ¿Lo dices por mi amiguito? Eso es culpa tuya.-
Quería reírme pero me podían los nervios y las ganas de que fuera mío. Se acercó y me eché hacia atrás. Al quitar los brazos de la toalla esta se cayó al suelo.
Necesito unas tetas. Pensé mirando la toalla.
Marc me miraba divertido. -Ya estamos iguales.- Dijo mirándome de arriba a abajo.
La ostia que le metí le dolió hasta a mi conciencia.
-Me gustas pero te falta algo ahí.- Dijo apuntando a mis senos.
Mi cara de indignación era para portada.
-¿Como te atreves a decirme eso?- Le grité.
-Si no hay no hay.-
-Todavía soy pequeña, me tienen que crecer.- Dije tapándolas. Nadie se metía con mis mandarinas... Solo yo.
Cogí la toalla y me di la vuelta. Me coloqué bien la toalla y me giré para burlarme.
-Lo que te falta delante lo tienes detrás.-
Hoy tenía mucha hambre este hombre porque se iba a llevar raciones de ostias.
Le fui a dar una cuando me agarró.
-No me pegues. No me van esos juegos.- Dijo arqueando una ceja.
-A...a mí tampoco cerdo.-
-Voy a pedir a nana que me compre calzoncillos y una caja fuerte donde meterlos.- Dijo antes de salir de la habitación.
¿Iba a pedírselo con eso fuera? No podía perdérmelo. Bajé corriendo hasta donde estaba nana. Esta estaba roja con la cara tapada por las manos. Marc se encontraba con una sartén tapándose su amiguito como él decía.
Eso parecía una escena de comedia.
-Señorito Marc, lo... lo siento mucho.- Dijo nana aún con la cara tapada.
-No me he dado cuenta.- Respondió Marc dejando la sartén en la encimera. Después de eso salió corriendo escaleras arriba, pero antes le dijo a nana que comprara calzoncillos.
-Tira la sartén.- Le dije.
-¿Ya se fue? Aiii hija con los años que tengo y me da vergüenza mirar aún hombre desnudo.-
-Tranquila nana.-
-Ahora mismo la tiro.- Cogió la sartén y la soltó en la basura. Se limpió las manos en el delantal y se fue a comprar los calzoncillos del señorito.
La casa sola para mi.
-El demonio sigue dentro.-
¡Mierda! Conciencia déjame disfrutar un poco.
Subí a por un pijama largo. Soy muy friolera.
Marc estaba en la cama con el portátil en sus piernas y hablando por teléfono a su vez. Pasé de él y me dirigí al armario.
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Elegí un pijama largo de pantalón gris y camiseta rosa. Además de eso me cogí un gorrino a juego.
Una vez me cambié salí y me puse a cargar el móvil.
Me tumbé en la cama y miré de reojo lo que andaba haciendo Marc.
-Si papa. No te preocupes.- Terminó de decir y colgó.
¿De qué hablarían? Salió mi Luce cotilla.
-Duérmete. Mañana hay cosas que hacer.-
-¿Qué cosas?-
-Mañana lo verás.- Dijo y cerró el portátil. ¿Cómo? Eso no se le puede hacer a una chica. Dejarla con la duda es aún peor que no decirla nada.
-Dímelo porfa.- Puse ojitos de cachorro.
-No, duérmete.- Se acomodó en la cama y se dio la vuelta.
Comencé a agitarlo para llamar su atención.
-Marc... Dímelo.-
-Mmm. Déjame en paz por favor.-
-Marccc.-
Se giró y me miró a los ojos. Me dio un beso en la frente y me dio las buenas noches.