Capítulo 15

1.4K 101 0
                                        

—Deberíamos despertarla— susurra uno de los chicos. Supongo que su idea es que yo no me dé cuenta, pero me desperté en el momento que abrieron la puerta. Tengo sueño liviano.

—Déjenla dormir un rato más, ayer fue un día muy alocado para ella— comenta otro.

—Pero ya casi es mediodía— refuta el primero.

—Cállense de una vez— digo enojada mientras volteo en la cómoda cama.

Las horas que ellos creen que dormí las pasé atenta, alerta y entre pesadillas. No me siento descansada ni feliz de levantarme. Quiero que se vayan y me dejen en paz. Por ahí logro desaparecer entre las sábanas y termino por no volver al mundo real.

—Ya deberías de levantarte— explica Kyle. No es una sorpresa que él sea el que quiere interferir en mi descanso.

—Púdrete— la almohada bajo mi rostro dificulta que se entienda bien lo que digo, pero soy bastante obvia en este momento. A nadie le gusta que lo despierten.

—Hay que anotarte en la universidad y necesitamos que estés presente para hacerlo— se justifica. No hay ninguna razón que pueda quitarle la culpa de despertarme. Deberá morir con el remordimiento.

—Tenemos huevos revueltos y tocino para que desayunes— comenta Jordan.

—Deberías de aprender de tu amigo, Kyle— le digo levantándome un poco, atándome el cabello en el proceso en una cola alta. Los rulos pueden verse bien en algunas personas, pero a mí me quedan mal y de todas formas tengo que cargar con todos los problemas que estos suponen—. Convencer a gente con comida es mejor que con tramites escolares aburridos que no pedí hacer en un principio.

Kyle pone los ojos en blanco y niega con la cabeza. Por otro lado, Jordan parece muy alegre con su logro. Una sonrisa orgullosa se asoma en la comisura de sus apetecibles labios. No suelo fijarme mucho en los hombres, pero Jordan es guapo. Nunca me van a oír admitirlo y no voy a tener una relación con él ni en mil años, pero eso no le quita su encanto.

—A desayunar se ha dicho— comenta alegre.

—Ya es tarde para estar desayunando— se queja Kyle.

—Eres demasiado aburrido— le digo levantándome y estirando un poco mis músculos mientras voy al baño a lavarme los dientes.

Los dos chicos salen de la habitación y yo dejo salir el aire que estaba conteniendo desde que escuché la puerta abrirse. Recuerdo una pequeña niña morocha mirando con terror el picaporte de la puerta de su pequeña habitación, esperando que aquella noche el monstruo se decidiera por no entrar, pero me encargo de borrar la imagen con el agua del grifo. No puedo permitirme volver a ese agujero oscuro que mi pasado representa.

Abro mi bolso y saco una vieja camiseta gris de hombre. Me gusta usarla. Es una de las pocas cosas que he podido guardar de contados momentos especiales de mi vida. Me pongo uno de mis jeans roto en algunas secciones, esta moda de usar ropa desgastada ayuda a que pase desapercibido que en un principio era un pantalón completo. El tiempo lo lastimó un poco, pero puedo usarlo de todas formas. Mis fieles compañeras zapatillas sin marca y demacradas me acompañan en este hermoso día. Admito que me da miedo que terminen por romperse completamente y ya no sirvan para nada, pero las usaré aún así porque unas nuevas no salen gratis. Estamos en pleno verano por lo que no debería de hacer frío, pero no puedo evitar ponerme mi hermosa chaqueta negra. Creo que siempre fue negra, puede que no fuera este tono de negro cuando llegó a mis manos, sin embargo, para ese momento, ya había sido usada por otras personas.

Sin hacer mucho ruido, bajo casi corriendo las escaleras. Las alturas me dan un poco de miedo, debo decir. Y no hay mejor manera que evitar darse cuenta que uno tiene grandes posibilidades de caer por los escalones y morir que haciendo la bajada a toda velocidad. Si voy a morir por caer por las escaleras, que sea por ir corriendo a comer.

Soledad entre la multitudDonde viven las historias. Descúbrelo ahora