Capítulo 33

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Volver a la universidad y la rutina de las clases luego de la montaña rusa que ha sido el fin de semana es extraño. 

No sé cómo debería sentirme respecto a los chicos. Alex es aquel que más desconfianza me provoca porque aunque ha demostrado preocuparse por mi bienestar tanto físico como emocional no puedo olvidarme de la conversación que el otro día lo escuche tener. Además de que una parte de mí sabe que toda su preocupación se debe a que es mi tutor legal, si no fuera porque debe hacerlo, ni siquiera me miraría. Y eso me da miedo. 

Lo que más me aterra es la confianza que estoy empezando a tener al rededor de ellos. Tengo terror a que vuelva a ser rechazada. Y no sé en qué momento este sentimiento se empezó a formar en el centro de mi pecho. Es como si pudiera sentir que algo malo está punto de pasar, como siempre ha sido mi vida. Cuando parece que las cosas están saliendo bien, todo se cae y termino en la misma posición de siempre, sola. 

Los chicos notaron mi cambio de actitud está mañana cuando revisaron si seguía teniendo fiebre o dolores. Me ofrecieron no asistir a las clases y alegarlo a mi salud y aunque estuve más que tentada a aceptar, no me conviene faltar a Matemáticas. 

Tengo los nervios a flor de piel por el maldito examen del viernes. Sé que me ha ido mal, pero no sé qué tan mal. Por un lado me niego a aceptar que no he podido aprobar. Desaprobar un examen siempre ha sido un problema para mí. 

Durante casi toda mi adolescencia e infancia he tenido que lidiar con problemas dentro del hogar donde estuviera viviendo. Esa fue una de las principales razones por las que el colegio se volvió una parte clave de mi estabilidad mental. Lo único que me mantenía en pie era saber que tenía una educación por la que luchar y que esta podría ayudar a escapar de mi realidad. 

Además de que puedo recordar claramente cuál era el castigo por tener una mala calificación. En cada lugar que he vivido era diferente. Los castigos de mi tío eran los peores y preferiría no tener que vivirlos nunca más. 

Un escalofrío me atraviesa con solo pensar en eso y Adam me mira frunciendo el ceño.

 Está sentado junto a mí en el auto. A su lado se encuentra Jordan y Kyle está junto a Alex en el frente. Augustus y Stephan no entraban a clases hasta más tarde por lo que decidieron quedarse durmiendo un rato más. Que suertudos.

Le doy una pequeña sonrisa a Adam para que entienda que está todo bien y vuelvo mi vista a la ventanilla. El camino al campus no es muy largo estando en coche, caminando es otro mundo. Extraño ir en skate a los lugares, tiene su encanto andar en esa tabla con cuatro ruedas. 

—¿Y si nos vamos a tomar un helado y dejamos las clases para mañana?— ofrece Alex. 

—Así no funciona, hay que ir a clases— le digo.

—Pero no quiero— se queja.

—Nadie quiere, solo que lo hacemos igual— le dice Jordan. 

Alex se queja un poco más y todos salimos del auto en el momento que llegamos a la universidad para así dejar de escucharlo. Nos separamos rápidamente y nos dirigimos a nuestros salones de clases sin saludarnos ni nada. 

En mi aula hago lo mismo que he hecho en todas, voy a sentarme en el fondo para no tener que hablar con nadie y quedarme sin hacer nada importante con el celular hasta que entra el profesor y me veo obligada a prestar atención.

—Hola, alumnos— exclama el profesor con una expresión cansada al entrar e iniciar la clase, alguien no tuvo un buen fin de semana—. Debo decirles que la mayoría de las evaluaciones salieron mejor de lo pensado, pero muchos me decepcionaron. Como sabrán esto no es la secundaria así que esto no afecta la nota de la materia, que se basa en la nota de su parcial y el final. Sin embargo, este examen afecta la idea que tengo de ustedes como alumnos, y me da la idea de quiénes son los que van a necesitar un ojo más crítico sobre ellos. 

Soledad entre la multitudDonde viven las historias. Descúbrelo ahora