Capítulo 13

1.4K 110 11
                                        

No creo que tenga palabras para describir el olor que sale de la cocina. Podría ser algo dulce, pero también es salado y algo amargo. Huele a comida casera, huele a muchos tipos de comida. Si cerrara los ojos y me preguntarán dónde creo que estoy, diría que estoy en una de esas competencias de comida en la que los mejores cocineros del mundo compiten entre ellos por un premio estúpido.

—¿Quién dijiste que cocina aquí?— pregunto.

—Stephan es nuestro hermano y, básicamente, cocinero personal— responde Alex, con su sonrisa de marca personal, quien me sigue llevando de la mano hacia el magnífico olor que despide la cocina.

—¿Quiénes viven aquí?— cuestiono relajada, pero atenta a su respuesta. Si voy a vivir cuatro meses enteros aquí, voy a tener que conocer a mis compañeros de vivienda.

—Somos seis en total. A Kyle y a mí ya nos conoces, del viaje. A Adam lo viste cuando llegaste— asiento recordando al oriental que logro hacer que Alex dejará de divagar—. De Augustus ya te había hablado— el que le gustaba la moda, pero estudia biología marina—. Stephan es el encargado de la cocina, como ya te dije, y está Jordan, el deportista de la casa. Somos un grupo muy variado pero nos queremos— comenta orgulloso de la relación que tienen. Me gustaría decir que me da asco, que me repugna que sean tan cercanos, pero solo me genera envidia. Nunca tuve algo así.

Claro, están los niños, pero nunca tuvimos ese tipo de relación. Nosotros tenemos una relación que no fue por elección, no elegimos vivir todos juntos. Es un relación por necesidad. Ellos necesitan alguien que los cuide, por su inexperiencia y yo necesito algo que me mantenga firme y despierta.

Me di cuenta que el tal Jordan se quedo en el piso de arriba y nos dejo a mí y al morocho solos. Por alguna razón, me hubiera gustado que siguiera estando con nosotros. Su voz es relajante.

"Si supiera quién eres en verdad, te odiaría, puta" una voz en el fondo de mi cabeza hace aparición, pero decido no escucharla y seguir con la conversación.

—Son muy unidos, al parecer— menciono un poco decaída, pero escondiendo lo que eso me provoca.

—Somos hermanos. Ahora tú eres una de nosotros, así que eres nuestra hermana también— dice.

Alex vuelve a tirar de mi mano, llevándome otra vez hacia la cocina.

—¡Steph!—le grita emocionado a un chico que está sacando una bandeja de un horno enorme y de lujo.

La cocina es hermosa y espaciosa. Combinaron el blanco de las paredes con alacenas negras, una mesada de piedra negra y una gran heladera plateada en conjunto con el horno plateado. Tienen varios electrodomésticos sobre la mesada: una tostadora, una licuadora, una batidora y una hermosa cafetera.

El pobre Stephan se sorprendió tanto que casi tira la bandeja que tenía carne encima y en el vago intento de evitar su caída, se quemó la mano derecha. Así que ahora se encuentra con la mano bajo el agua fría que sale de la canilla de un fregadero, que deben de usar para limpiar los platos.

—¿Cuántas veces tengo que repetirlo?— comenta frustrado a Alex—. Si alguien está sosteniendo un objeto caliente, ¡no lo asustes!

—Por lo menos salvaste la comida— digo mientras veo todo lo que está cocinando o ya está preparado. Para estar cocinando en este momento, la cocina está bastante limpia y prolija. Además de la bandeja con carne hay un bol con ensalada, papas al horno en un gran plato y una linda torta decorada al fondo. Tiene chispitas de chocolate sobre unos conitos de crema. Mi estomago hace ruido ante la vista. Ahora que lo pienso no comí nada en todo el día.

—¿Tú quién eres?— me cuestiona con el ceño fruncido, para poder mirarme tiene que voltear la cabeza y mantener la mano bajo la caída de agua.

—Rebecca Smith a sus servicios— digo con una reverencia ostentosa.

—¡Oh! Ella es Rebecca— exclama recordando algo—. Es linda— dice mirando a Alex.

—Ninguno tiene permitido acostarse con ella o insinuarsele en ningún sentido, ¿de acuerdo?— amenaza todo protector. Actúa como si fuera mi hermano mayor perdido. Realmente se toma en serio lo de hermanos y eso.

—Está bien, está bien. Pero vas a tener que ponerle el ojo encima a todos los chicos de la universidad, nuestra hermanita es guapa— parece que yo quede fuera de la conversación y ninguno se da cuenta que sigo presente mientras hablan de mí.

—Sé cuidarme sola— intervengo en su loca y demente conversación mientras me como una de las papás. ¡Dios! Está muy buena. Tiene la cantidad exacta de condimentos y tiene un leve sabor a ahumado que enamora. Podría casarme con estas papas.

—No creo que sepas cuidarte de universitarios llenos de hormonas, muñeca— comenta elevando los hombros Stephan.

—No creo que puedas cuidarte de los pandilleros de los barrios bajos en la madrugada que normalmente van armados, cariño— le digo ofendida—. Aprendí a cuidarme sola hace años, no voy a permitir que nadie vuelva a ponerme una mano encima, querido.

—Chica ruda, me gusta— dice un chico con el pelo teñido de verde agua, que acaba de entrar a la cocina—. Augustus Sandersons a sus órdenes, Su Alteza— se presenta extendiendo una mano al frente.

Soledad entre la multitudDonde viven las historias. Descúbrelo ahora