Las pocas horas de sueño que he logrado tener en un banco de una plaza cualquiera son interrumpidas por la estúpida llovizna.
El cielo ha cambiado a lo largo de la noche para encajar con mi estado de animo. Hasta parece ser que el Sol ha cambiado para volverse más oscuro y deprimente detrás de las nubes.
Es como si el mundo estuviera cambiando para poder dejar ver su lado oscuro y demostrarme que toda esa felicidad que pensaba tener era solo una maldita mentira. Sin embargo, no es esta la primera vez que me encuentro sin nada por lo que luchar y probablemente no sea la última.
La única diferencia es que ahora ya no tengo absolutamente ninguna esperanza. Creo que no tengo ni una razón para seguir intentándolo. Antes tenía la idea de poder tener un futuro.
Tenía un casa, comida, mis estudios y posibilidades. ¿Ahora? Solamente me tengo a mí.
Cada gota de lluvia cayendo al suelo es una lágrima que no he dejado salir. A cada minuto es más doloroso el darme cuenta que estoy perdiendo la mejor cosa que nunca he tenido por... ¿por qué? Por orgullo, quizás. Porque me hicieron daño. ¿No es humano acaso cometer errores? Pero eso no había sido un error, ellos lo habían hecho adrede. Me escondieron la verdad como si no tuviera derecho a saberla.
Seguro que esa locura de la tradición de la universidad sobre adoptar a un joven del sistema también era mentira. No sé cómo pude haber caído en esa estupidez. Detesto darme cuenta que no es solo su culpa sino que mía también. Si no me hubiera generado tantas esperanzas y hubiera creído que ellos estaban realmente dispuestos a aceptarme tal cual soy, esto no estaría pasando. No me dolería tanto el darme cuenta que la única razón por la que me aceptaron es por un maldito lazo de sangre.
Y me odio. Me odio por no poder odiarlos y que lo único que deseo en este momento es volver a estar con ellos. También me aterra aceptar el hecho de que no sé si puedo seguir adelante sin ellos. Y me aterra saber que extraño a uno de ellos diferente a como extraño al resto. ¿Por qué es tan difícil la vida?
¿Sería diferente de haber nacido en una familia normal? Que pregunta dolorosa. Me ha costado años aceptar que todo lo que siempre me ha rodeado se ha caído a pedazos. Mi padre, mi tío, mi vida y yo. Todos vamos a terminar en el mismo lugar: el maldito infierno.
Ya no aguanto estar sentada bajo la lluvia, debo de dar vergüenza. Sin mirar a ninguna de las personas que pasan por el parque y con mi atención en algún lugar del universo, en una dimensión paralela.
Imágenes de una niña feliz con padres que estuvieran dispuestos a cuidarla siempre que fuera necesario. Puede que hasta un hermano o varios que jugaran con ella cuando se sintiera sola y la ayudaran a superar su primer corazón roto. También sería lindo que tuviera un par de amigas para poder hablar sobre sus parejas. Una pareja sería algo lindo, alguien con quien dormir las noches frías de invierno.
Las calles van cambiando y rápidamente descubro la dirección a la que estoy yendo, pero no tengo las fuerzas suficientes como para ir a otro lugar. Es eso o seguir durmiendo en las calles sin saber qué hacer con mi futuro porque ya no tengo nada por lo que luchar. Me encuentro completamente perdida, sola y despojada de dignidad.
La vida me ha quitado todo; mi familia, mis posibilidades, mis ganas de vivir. Todo lo que una persona puede pedir para su vida, yo no lo tuve. No tuve fiestas de cumpleaños o regalos en navidad. Un beso de buenas noches o un abrazo al llegar del colegio. Ni siquiera pude tener amigos porque los padres de mis compañeros les habían prohibido juntarse conmigo.
Al morir mis padre, no me quedo nada más que desear que alguien me aceptara y me quisiera porque en ese momento no podía ni hacerlo yo misma. Y entonces llegó mi tío.
Entonces las cosas se complicaron más. No podría decir si lo odio por haberme hecho tanto daño como para dejarme tan rota que nadie más quisiera acercarse a mí u odiarlo porque en cierto punto de mi interior todavía le temo. Él no siempre era malo, a veces podía ser el padre que nunca tuve, me conseguía un helado o me ayudaba con una tarea pero lo que yo debía darle a cambio todavía me provoca arcadas.
Ahora está libre. Estuve tan enfocada en los chicos que no tuve tiempo para pensar en eso a fondo, pero no he logrado relajarme en los últimos días por esto. ¿Y si viene a buscarme? ¿Y si quiere vengarse?
¿Y si no es su intención pero nos encontramos en la calle sin querer?
Me da pavor pensar que en algún momento volvamos a compartir el mismo aire y tener que hablarnos nuevamente. No me imagino saludándolo como si nada. No podría hacerlo después de haber visto su mirada de odio y desprecio mientras testificaba en su contra en el juicio.
Porque aún recuerdo ese día y no pienso sacarme de la cabeza la imagen de aquel hombre que tantas noches me atormento y tantos años me torturo, esposado. No voy a olvidar su sorpresa la ver que iba a dar testimonio. Lo único que no me dejo perderme a mí misma en ese momento fue la seguridad de tener que demostrarle a él y a todos que eso no me lastimaba y no me había destruido.
La realidad es que aún me cuesta dormir bien por las pesadillas y tengo problemas de confianza. Es gracioso pensar que esos problemas de confianza podrían trabajarse con ayuda profesional, pero no puedo confiar en un extraño para que me ayude. Es irónico.
Y con solo saber que la chiquita que se encontraba con ese demonio disfrazado de ángel estaría decepcionada de mi por alejarme de las pocas cosas que podrían hacerme feliz en esta vida. El saber que no quiero hacerle más daño a esa pequeña ni seguir quitandole razones para vivir y sonreír, me da las fuerzas suficiente como para tocar el timbre de la gran casa frente a mí.
Me merezco intentarlo una vez más.
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Soledad entre la multitud
Ficção AdolescenteEscapando de un pasado que insiste en regresar, Rebecca vive una vida en la que no se siente bienvenida. Las cosas no le han salido bien y su suerte no ha aumentado con el paso de los años. Desde la muerte de sus padres hasta un secreto desgarrador...
