Todos los festejos que los chicos hicieron con la propuesta de Augustus se fueron al retrete cuando se dieron cuenta que las clases no iban a detenerse solo para que tuvieran una aventura de fin de semana. Así que cada uno tuvo que volver a dirigirse a los salones de clases.
Debo admitir que me estoy encariñando con ellos y esto de tener que pasar todas las clases sola se está empezando a hacer agotador. Es como volver al secundario. Las clases se vuelven eternas y al mismo tiempo no duran el tiempo suficiente como para poder aprender lo suficiente para no tener que estudiar todo el tema devuelta más tarde. Es frustrante.
Filosofía. Que materia tan inconclusa. Al final del día, a casi nadie le sirve estudiar filosofía si no quiere dedicarse a algo que tenga que ver con ella. Agradezco a los Dioses que la tenga solo los viernes.
La peor parte de filosofía es el salón se encuentra en la otra punta del edificio. Hay que caminar por pasillos interminables que se encuentran llenos de alumnos yendo y viniendo. Una gran diferencia de la universidad y la secundaria es que el resto de los alumnos se quedan dentro de las instalaciones casi todo el día. No todos tienen clases en el mismo horario.
Sin darme cuenta termino por cruzarme con la única persona de todo el establecimiento que preferiría no volver a ver jamás. Manuel junto a sus nuevos compañeros, quienes deben ser tan malos como él. Él se encargo de hacer de mis días en el orfanato infelices.
En su defensa, los orfanatos ya son suficiente infelicidad, él solo era un extra. Él se encargaba de robar de mis juguetes, manchar mi ropa o contarle a las cuidadoras mentiras sobre mí. A los seis años esa era un infierno al que tenía que afrontar después de perder a mis padres. Al lograr salir de ahí tuve que afrontar el hecho de que un niño te cortara el pelo, no era lo peor que podía pasarte. A los 15 tuve que regresar y encontrarme con que sus maldades habían evolucionado. Aún ahora me atormenta su voz.
Si lo pienso a profundidad, es estúpido. Él no era ni es absolutamente nada mío, ni amigo, ni hermano, ni primo. De todas formas se las ingenió para lograr entrar en mi mente. Palabra a palabra fue entrando en mis pensamientos, en mis pesadillas.
—Miren quién está aquí, el perrito faldero de los Pantera— comenta uno de los chicos que acompaña al gilipollas.
—¿Qué hiciste para poder estar en la fraternidad?— pregunta otro—. ¿Te los cogiste por separado o a todos juntos?
Con toda la fuerza de voluntad que tengo, decido mirar a otro lado y seguir caminando como si nada estuviera pasando. Como desearía poder ser invisible y que nadie se diera cuenta de que existo.
Manuel no dice nada y me reconforta por lo menos saber que se ha quedado con la cabeza gacha, evitando los problemas. Aunque me haya hecho la estadía en el orfanato horrible también lo he visto llorar cuando eramos niños y nadie quería adoptarlo o cuando era el aniversario de la muerte de su hermana.
Es demasiado difícil odiar a alguien que sabes que la ha tenido tan difícil como tú en la vida. Mi error más grande es que termino analizando su comportamiento como hago con todo el mundo. Darse cuenta que su mecanismo de defensa es ser un capullo con el mundo es algo que tuve que aceptar. Sin embargo, no voy a aceptar que vuelva a decirme ni un insulto nunca más.
Yo también la tuve difícil en la vida, yo también sufrí y, de hecho, sigo sufriendo, así que tengo derecho a sentirme enojada con el mundo y las personas que viven en él. ¡Yo también tengo derecho a sentir!
Con esa declaración hecha sigo caminando, ahora con la cabeza un poco más alta. Estoy decidida a seguir adelante. Lo que viví no está bien y por más que mi cerebro quiera convencerme de que fue mi culpa, no lo fue.
El aula de filosofía está casi lleno. Lo bueno de que esto no sea la secundaria es que ya nadie pide los lugares del fondo, los alumnos prefieren ir al frente o en el medio. El fondo puede ser todo mío.
Sin mirar a nadie camino hasta al final del salón y me siento en la punta más alejada de todas, quedando alejada de todos. Aprovecho el momento para poder usar mi celular. Todavía estoy acostumbrándome a este. De a poco estoy aprendiendo a utilizar cada aplicación a mi antojo. Es divertido mirar todas las cosas que se pueden hacer.
El grupo de la fraternidad está a explotar de mensajes y estos no dejan de aparecer. Todos mandan mensajes sin darse cuenta que otro ya dijo la misma cosa anteriormente. La mayoría está hablando sobre las vacaciones que al parecer ya decidieron que vamos a tomarnos. Puede que sea lindo dejar toda esta locura atrás y olvidarme por un rato de la universidad.
—¿Con quién hablas?— pregunta Manuel sentándose al lado mío.
—No es tu problema— le contesto sin sacar la mirada de la pantalla. No quiero volver a ver su asqueroso rostro. Siempre fue presumido sobre la supuesta belleza que tiene, pero es completamente hueca.
—Quería hablar contigo— dice tratando de ganar mi atención.
No le respondo y me dispongo a seguir la conversación que tienen los chicos en el celular. Lentamente los mensajes comienzan a ser menos y ellos comienzan a salirse del chat para, probablemente seguir con sus vidas de personas responsables y sociales. Yo solo quiero que me trague la tierra, ¿tan difícil es?
—Quiero disculparme contigo— el inútil junto a mí parece querer tener una charla sentimental justo ahora—. Fui un imbécil y realmente me siento mal por ello.
—Primera cosa— le digo mientras veo al profesor entrar al aula y a todas las personas callarse o bajar la voz así que termino por susurrar—, no me importa lo que sientas o lo que sentiste en el momento. Segunda cosa, si piensas disculparte con alguien, hazlo contigo mismo porque yo no te voy a dar mi perdón ni en mil años. Tercera cosa, agradecería que te fueras de aquí porque realmente no estoy de humor.
—¿Qué quieres que te diga?— pregunta ofendido en voz baja—. Estoy pidiendo perdón por lo que hice mal en el pasado. Deberías...
—No debería hacer nada, eres y fuiste una de las personas que he conocido en mi vida y tendrás que vivir con eso.
—¿Qué querías que hiciera?— se acerco tanto a mí que puedo hasta sentir su aliento en mi cuello—. Eras la niña más linda de todo el lugar, pero la princesa de rizos no quería hablar con nadie. Era la única forma que tenía de tener tu atención.
Su asquerosa mano se apoya en mi rodilla. Nadie está mirando a donde nosotros estamos y esta vez el estar alejada de las personas solo me puso en peor estado. La mirada de Manuel sobre mi me quema al igual que su tacto. No puedo creer que después de todo el día de mierda que tuve de pasar esto me este sucediendo. Definitivamente alguien allá arriba me odia con todo su corazón.
—¡En el fondo, cierren la boca!— grito el profesor en el medio de su lección y quise salir corriendo a agradecerle para no volver nunca más.
Manuel se aleja de mi pero no quita su mirada.
Después de estar tanto tiempo odiando el grupo de la fraternidad, por fin me siento tranquila sabiendo que existe y soy parte de él.
"¿Alguno puede sacarme de aquí?", envío el mensaje con las manos temblorosas y rezando para que al menos uno de ellos no se encuentre en clase.
"Ya estamos yendo para allá", responde Jordan segundos más tarde.
Por alguna razón, no dudo ni por un segundo de que eso sea verdad.
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Soledad entre la multitud
Novela JuvenilEscapando de un pasado que insiste en regresar, Rebecca vive una vida en la que no se siente bienvenida. Las cosas no le han salido bien y su suerte no ha aumentado con el paso de los años. Desde la muerte de sus padres hasta un secreto desgarrador...
