Somos siete personas rodeando una mesa llena de comida y nadie se atreve a decir una sola palabra. Mi vista pasa de las papas a los pedazos de carne que puedo ver desde aquí lo apetitosos que son. Mi estómago decide romper el silencio, haciendo presencia como si fuera una nueva entidad.
Todas las miradas recaen en mí. Comúnmente no me molesta ser el centro de atención, debo admitir que nunca me gusto serlo, pero no me desagrada. Sin embargo, no me gusta serlo cuando es por cuestiones de comida. No siempre tuve un plato en la mesa o un pan para comer, no me avergüenzo de ello pero no me gusta que todo el mundo lo sepa. No me siento orgullosa de las cosas que he tenido que hacer para conseguir un algo con lo que frenar mi hambre.
—¿Hace cuánto que no comes como para que tu estómago de tremendo alarido?— Augustus parece completamente sorprendido por mi hambruna y yo no puedo evitar sonrojarme un poco. Odio sentirme así, no me gusta sentirme inferior al resto, es molesto.
—Creo que un día y medio— murmuro mientras me estiro para enganchar un pedazo de carne con mi tenedor, ya no aguanto verla y no poder comerla. Si ellos quieren morir de hambre, no tengo problema, pero yo voy a comer.
Una tos potente se escucha por toda la mesa y todos miramos a Alex que parece haberse atragantado con su propia saliva. Su mirada está clavada en mí y puedo notar cierto enojo cuando encuadra un poco la espalda después de recuperar el temple.
—¿Por qué no nos dijiste que no habías comido? Podríamos haber comprado algo mientras veníamos— dice molesto.
—No es nada del otro mundo— comento agarrando una gran cantidad de papas. Si voy a vivir acá por un tiempo, voy a aprovechar a comer lo suficiente para llegar a mi peso estimado.
—¡¿Cómo no va a ser nada del otro mundo?!— exclama enojado Alex. Me sobresalto sin poder evitarlo y me tenso, rápidamente mido la distancia entre mi cuerpo y el suyo, pensando en la velocidad que debo tener para huir por si intenta cualquier cosa—. ¿Cuál es tu peso actual?
—Cuarenta y pico— respondo aparentando estar relajada con esto. La verdad que eso es un estimado ya que hace mucho que no me peso o voy al médico para que me diga cuánto debo pesar. Sé que estoy más delgada de lo que debería, pero no se me nota. La ropa que uso es una talla más grande que la que debería usar, así que las personas no suelen percibir mi poco peso.
—¿Y cuánto mides?— cuestiona más tranquilo Jordan. Puedo ver cómo está haciendo cuentas en su mente, seguramente entiende de todas las mierdas de medidas, masa muscular y eso.
—Un metro sesenta y poco— contesto.
—¿Eso es saludable?— pregunta Stephan.
—No, pero tampoco es alarmante— responde Jordan—. Conviene que comience a comer comida en mayor cantidad y con menor cantidad de tiempo entre ellas. También sería bueno que hiciera deporte para quemar una parte de lo que ingiere y subir la masa muscular.
—¡Musculitos tiene cerebro!— digo irónica. No puedo creer que estén hablando de mi salud y lo que debería hacer estando yo presente y que no me pregunten a mí.
—Puedes entrenar conmigo si quieres— menciona tranquilo, pero con un toque de seriedad. No puedo creer que estén hablando en serio.
—Gracias, pero no— digo feliz mientras sigo comiendo y veo como nadie come, me siento algo incomoda—. Deberían de comer, se va a enfriar.
—Vas a entrenar con Jordan— declara Alex.
—No— respondo seriamente. No puedo creer que quiera ordenarme hacer cosas.
—Lo vas a hacer y punto. Y si tenemos que vigilarte cada comida, lo vamos a hacer, ¿no, chicos?— su expresión se mantiene seria, demostrando que habla en serio. El resto asiente y comienza a agarrar comida y seguir mi ejemplo, empezando a comer.
ESTÁS LEYENDO
Soledad entre la multitud
Ficção AdolescenteEscapando de un pasado que insiste en regresar, Rebecca vive una vida en la que no se siente bienvenida. Las cosas no le han salido bien y su suerte no ha aumentado con el paso de los años. Desde la muerte de sus padres hasta un secreto desgarrador...
