El problema de Michael

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(Narra Ashton)

¿Está Sam? – me preguntó Tom cuando abrí la puerta de la habitación.

Está duchándose – le contesté - ¿Ocurre algo?

No, nada. Dile que necesito hablar con ella – dijo Tom antes de irse por donde había venido.

Cerré la puerta extrañado por la repentina visita de Tom. Sam me había dicho que llevaba varios días raro y distante, pero que no había querido hablar con nadie. Era un chico demasiado tímido, me recordaba a Luke cuando empezamos. Sam salió del cuarto de baño envuelta en un albornoz he hizo que perdiera el hilo de mis pensamientos.

¿Quién era? – preguntó mientras se secaba el pelo con la toalla.

¿Quieres matarme?

No, ¿por qué? – me miró extrañada sin dejar de secarse el pelo.

Me sales así y tengo que reprimirme para no ir y besarte ahora mismo

Pues creo que lo que hay debajo del albornoz te gustará más – empezó a reír mientras se acercaba a mí.

Comprobémoslo – le dije mientras cogía la correa del albornoz y la tiraba al suelo.

Hacía bastante tiempo que Sam y yo no teníamos un momento íntimo, por lo menos dos semanas que para mí habían sido eternas. Con el incidente y después mi costilla y su pie la verdad es que éramos un poco patéticos intentándolo. Y cuando podíamos estar a solas, alguno de los chicos conseguía interrumpirnos. Asi que no me pensé dos veces cuando ella se me insinuó con el albornoz.

No me has dicho quién ha venido – dijo ella mientras yo besaba su cuello

Tom, era Tom – le susurré

¿Tom? – se apartó sorprendida de mi

¿No crees que podemos hablar esto en otro momento? – le cogí de la mano y empecé a andar en dirección a la cama.

Tienes razón, hay cosas más importantes ahora mismo – dijo mientras me ayudaba a quitarme la camiseta y nos dejamos caer encima de la cama.

Ella estaba encima de mí, apoyando sus brazos en mi pecho y dejando caer su cabeza sobre ellos. Yo jugueteaba con los mechones que le caían sobre la cara. Aquello había estado muy bien. Estábamos muy bien y era lo único que me importaba en esos momentos.

¿Por qué me miras así? – le pregunté mientras sus ojos estaban clavados en los míos y en su cara se dibujaba aquella sonrisa que ella tenía.

¿Acaso no puedo mirar a mi novio? – dijo levantando una ceja

Por supuesto – bajé mi mano hasta su espalda y empecé a recorrerla lentamente

¿Por qué eres tan guapo? – preguntó sin dejar de mirarme

¿Y esa cursilada? – paré de tocarle la espalda

Tanto andar contigo se me ha pegado. Pero contéstame

Pues resulta que me engendró el dios de la belleza – bromeé

Vale – dejó caer la cabeza sobre mi pecho desnudo y noté como empezaba a reir.

Me toca ahora preguntar a mí.

Let's be UnpredictableDonde viven las historias. Descúbrelo ahora