Atontado, esa es la palabra. Me empiezo a mover atontado. Estoy cansadi, me siento la cara hinchada y me escuecen las mejillas. ¿Las tengo húmedas? Noto cierto frescor en la frente y como un soplo de aire directamente sobre mi rostro. Intento abrir los ojos, pero es un poco complicado, creo que también los tengo más hinchados de lo habitual. ¿Qué me pasa? Tras una breve lucha, consigo abrirlos y me encuentro delante de Tae. Está arrodillado ante mí, y creo que estoy en su cama. Me da aire con un trozo de cartón y, en silencio, retira de mi frente un paño helado. ¿Qué ha pasado? Está demacrado, blanco. Por cómo me mira veo que está preocupado. Levanta la mano derecha y me acaricia la boca con el pulgar, inquieto. Apaga el cigarrillo, tras dar las últimas caladas. Me observa con fijeza y arruga la frente. Parece arrepentido. Lo observo sin apenas moverme. No lleva camisa, sólo un pantalón de pijama largo y yo sigo desnudo.
—Hoseok —susurra—, ¿te acuerdas de algo?
—¿Qué? Presiona los labios contra mi frente, depositando un sonoro, fuerte e intenso beso. Un gesto que me obliga a hacer memoria, a preguntarme por qué ambos estamos tan extraños.
—Hoseok, yo, no sé… —musita apagado y se vuelve a arrodillar—. Perdóname. Y de pronto todo se vuelve claro a mi alrededor. Mi respiración se acelera, mi pecho sube y baja descompasadamente. Siento ansiedad y me parece que me ahogo. Sin controlar mis sentimientos, como he aprendido a hacer, las lágrimas se desatan y caen con libertad. No puedo moverme, estoy
destrozado .Perdido, con sensaciones tan contradictorias que creo que enloqueceré. Ahora entiendo sus frases desde que ha vuelto a mi vida.
«Quiero conocer a este Jung Hoseok…».
«¿Tanto daño te… te han hecho…?».
«Estás precioso».
«¿Qué te ha pasado…?».
«Este sí es mi Hoseok».
Era él… y yo no lo sabía. Los momentos felices que vivimos juntos se mezclan con el hecho de haberle puesto cara al hombre que al principio me sacó de un pozo sin fondo. Su modo de cuidarme, de recibirme, de apoyarme… Su manera de animarme
y de hacer que volviera a quererme. Lo conocí cuando más lo necesitaba. Lloro a mares, sintiendo aquellas caricias y las que ahora me hace en la mejilla, enjugando mis lágrimas con el arrepentimiento reflejado en el semblante, en sus ojos. Pero todas esas huellas se envenenan cuando recuerdo la noche de nuestra despedida. No fue el daño físico que me causó lo que
provoca esta ira en mí, fue su abandono. Me ignoró y perdimos algo tan nuestro que jamás podremos volver a recuperarlo… Una persona que no tenía culpa de nada y que no nació por su orgullo. Lo odio, ¡lo odio con toda mi alma! Le doy un manotazo en la mano y me siento, encogiéndome junto al cabecero de la cama donde hace poco hemos hecho el amor tan apasionadamente. Lo miro demostrándole mi desprecio, mi dolor y
decepción.
—¿Cómo has podido engañarme así? —le espeto, lleno de impotencia—.¡¿Cómo has permitido que llegáramos hasta aquí?!
—Hoseok, por favor, antes te has desmayado —implora, con las manos en alto, en señal de que me respetará—. Intenta calmarte, escúchame. Levanto yo también las manos abiertas, advirtiéndole que no se acerque. Él asiente y da un paso atrás, y se sienta al borde de la silla, justo enfrente de mí. Se pasa las manos por la nuca, se aprieta los párpados con los dedos y me mira abiertamente, permitiéndome ver un dolor que, a pesar de mi rencor, sé que él siente con sinceridad. Al mirarlo, el corazón me da un vuelco. Reacciono de nuevo, sorprendido. ¡Es Vante! ¡Su cara! La que nunca me permitió ver… Me estoy ahogando, levanto la cabeza en busca de un poco de aire.La ansiedad me estrangula con un nudo en la garganta.
—Nunca quise hacerte daño —dice cauto, aunque visiblemente afectado. Le palpita el mentón y no sabe dónde poner las manos para mantenerlas lejos de mí—. Te lo prometo. Daría mi vida por borrar cada jodido momento malo de la tuya. Daría lo que fuera por que todo lo que me has contado no fuera cierto. Hoseok, ¡estoy hecho polvo! ¡¿No lo ves?! Sus manos caen al vacío, se le ve vulnerable.
ESTÁS LEYENDO
DEPRIVED (VHope)
FanfictionLos cuerpos están conectados desde el minuto uno. La necesidad indescifrable que poseemos nos consume. Pero el error del pasado nos separa. Las cicatrices en nuestros corazones no han sanado sin importar que las de la piel ya no sean más que solo u...
