La puerta se abre y él no parece sorprenderse de mi visita. Me mira, me
inspecciona de arriba abajo, con ojos cansados. Rojos, como los míos. Está
despeinado, sin camisa, con un pantalón de pijama y descalzo... Imagino que su cuerpo ya está sobre el mío y termino soltando un jadeo. No me pregunta, simplemente me abre la puerta. Me indica que pase. Me adelanto y, con él a mi espalda, olvido los preámbulos. Los dos
sabemos qué hago aquí. Dejo queel chaquetón caiga a mis pies. Temblando, me deshago el nudo de la bata. Me quedo con la ropa interior de encaje negro y las medias con ligas de encaje . El aire se mueve a nuestro alrededor, sé que es él acercándose. La luz está encendida y yo hago un enorme esfuerzo por no cerrar los
ojos cuando siento el tacto de su piel contra la mía. Noto cómo su torso se arrima al mío y contengo cualquier sonido de los que suplican escapar de mi boca.
Tae desliza la palma de la mano por mi espalda, desde los hombros hasta la cintura. Callado... impetuoso. Al subir, mcoge el pelo y me lo echa sobre la oreja derecha y pega los labios en la otra. Gimo incontrolablemente. Con las dos manos, me coge la cara desde atrás y me aprieta tan fuerte hacia él que me duele. Suelta un suspiro cerca de mi oído y, con presteza, me chupa el lóbulo de la oreja. Mi espalda termina apoyándose contra su pecho, sus dedos en mi cintura presionan, me exploran un poco más. Y baja, sus besos van resbalando al ritmo de su mano, mientras yo me voy consumiendo por dentro. Esto, lo que él me ofrece, es lo que me da tanto miedo. De no volver a sentirme igual en toda mi vida si no es con él. En mi cabeza resuena: «Tus orgasmos siempre serán míos. Te guste o no...». Noto que se hinca de rodillas, chupando con delicadeza la terminación debmi espalda, e introduce una mano entre mis muslos. Sin hablar, me indica que separe un poco más las piernas y yo obedezco. Sus caricias van
desapareciendo a medida que cruza la cara interna de mis muslos, sin llegar a mi abertura. Se deleita con las medias, por la zona del encaje, sé que le gusta. Advierto que muerde el borde de mi boxer y un puro y duro latigazo de placer se mezcla con mi anhelo, obligándome a soltar un grito. El calor entre mis piernas ya es intenso; él lo sabe y aguanta estoicamenteblas ganas que tiene de tocarme. Me tortura e insiste en desarmarme cuando desliza el boxer por mi trasero con los dientes. Se ayuda con el dedo por la zona de delante y, en segundos, la tela se desliza sin problemas por mis piernas. No suplico... aunque me muero por hacerlo. Hoy las palabras sobran. Somos eslavos de la piel... pese a nuestro pasado y presente en común. Pese al daño y el dolor. Nada importa, no podemos dominarnos. Me rodea con los brazos por las caderas, estrechándome, y me pongo a temblar. Me cuesta seguir en pie, mantener el equilibrio. Despacio, llega a donde estoy deseando.
-Ah... -gimoteo. Tengo el vello de punta, el corazón en la boca. Mis ganas son infinitas. Con la otra mano, me abre, me prepara para introducir dos dedos en mi
interior. Rozo el cielo, dejo caer la cabeza hacia atrás, perdido, exitado hasta el punto de que creo que llegaré al orgasmo sin que él necesite hacer nada más. Involuntariamente, cierro los ojos. Es suave, va conquistándome en cada caricia que me regala -T-Ta... -Me prohíbo decir su nombre. Va grabándose en mi piel, y entonces, de repente, deja de jugar. Me penetra una, dos, tres... hasta diez veces, con intensas y dolorosas invasiones. Arquea los dedos y aprieta las yemas hacia dentro, a mi interior, como formando un pequeño gancho... No sé qué pasa, no tengo tiempo de reaccionar ante lo que acaba de hacerme y llego al orgasmo de un modo salvaje. Entre espasmos que me sacuden y me dejan sin respiración. Sollozo y caigo de rodillas mientras todo da vueltas a mi alrededor. Me inclino hacia adelante y me muerdo los nudillos. Por Dios, ¿qué me ha hecho? Tengo la boca abierta, buscando un poco de aire. No lo encuentro. La frente sudorosa se me pega al suelo. Todo yo sigo con convulsiones.
Cuando Tae tira de mí, yo no me opongo. Mi fuerza de voluntad desaparece justo ahora que trato de controlarla. ¿Qué haré después de esto? Él sigue de rodillas y me coloca de modo que yo, en su misma postura pero de espaldas, me abro de piernas y, desde atrás, busca mi agujero, que de nuevo se ha encendido. Hace que le rodee el cuello con los brazos y descanse la cabeza en su hombro. Sólo de imaginar lo que vendrá me da miedo. No es brusco y, despacio, va irrumpiendo eróticamente con su prominente erección. Sus caderas empujan en busca del último tramo, para que encajemos, y, cuando sucede, me parece que me voy a morir. Me siento completo, lleno, complacido y vivo. Soy un doncel completo con él, sólo con él. Mi temor se convierte en realidad. Me contraigo cardiaco y a la vez temeroso. Él suelta un gemido contra mi cuello. Da marcha atrás y vuelve a colarse, impregnándose de mi humedad. Noto su respiración en mi oído, su contención, su goce. Todo ello cala en mí. Apenas puedo soportarlo, no obstante, me hago el fuerte. Sin embargo, cuando me pellizca el pezón, la tensión va en aumento y su miembro me ayuda a que me acople a sus movimientos. Como en un baile, sincronizados, nos mecemos juntos en el suelo, arrodillados, incapaces de mantener el control. Su mano vaga por mi piel, apretándome los pesones.
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DEPRIVED (VHope)
FanficLos cuerpos están conectados desde el minuto uno. La necesidad indescifrable que poseemos nos consume. Pero el error del pasado nos separa. Las cicatrices en nuestros corazones no han sanado sin importar que las de la piel ya no sean más que solo u...
