Un polvo parte 2

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Cierro la puerta, dejándome caer en el sofá de la sala, completamente
desorientado. No creo que vuelva a verlo. Dejaré a Jimin a cargo de este
asunto. La tarde del miércoles es un caos. Durante la mañana no he parado y estoy muerto de sueño. Llevo dos noches sin dormir mis ocho horas necesarias y con pocas ganas de ir al gimnasio, ya que es una hora escasa la que me queda para salir de aquí y llegar. Necesito un cigarrillo. Menos mal que tengo un té recién hecho, porque el estómago me ruge del hambre y con esto puedo despistarlo. Cojo el vaso y salgo con el cigarro a la puerta. Hay mucho viento, por lo que me encojo con un poco de frío. Doy un par de caladas, abstraído, en mi mundo. El ruido del acelerón de una moto me obliga a salir del trance. Es un pedazo de moto, incluso con dos maletines colgados a los lados. Encima, e inclinado hacia adelante y con su casco va... va ¡él!. Pisoteo el cigarrillo, entro corriendo en la oficina y dejo el té sobre el escritorio. A continuación, me pongo detrás de la puerta y pego los dedos a la cristalera en cuanto lo oigo subir los escalones; ese cristal es lo único que nos separa. ¡Maldita sea! Todo me pasa a mí. Levanto la vista, despacio, sabiendo de quién es la poderosa figura que se enfrenta a mí. Y cualquier recurso que mi cuerpo haya puesto en marcha para prohibirle la entrada hasta el momento, deja de funcionar.

—Hola, Hoseok— me saluda Kim Taehyung, el nombre que ha ocupado
cada minuto de mis pesadillas desde el lunes. Aprieto los dientes y él sonríe fugazmente.

— Te los vas a partir —dice, señalándome la boca. Me enfado, sin
entender su broma—. Los dientes — aclara jocoso. Me los repaso con la
lengua, descontrolado—. ¿Un café bien cargado?

Le miro las manos, sostiene dos vasos de plástico con sus tapaderas y dos
cucharillas. Estoy sorprendido, enfadado y... Haciendo un esfuerzo, recupero el control de mis sentidos. Empujo la puerta, luchando contra la puntera de su zapato. ¡No quiero que entre!

—Tu contrato estará mañana — gruño jadeante—. Jimin te lo dará. ¡Vete!

—¿Tienes miedo de caer? — me reta, sin alterarse.

—¡Que me dejes! — Su fuerza y mi rabia no se dan por vencidas, pero me aprovecho de que él no puede usar las manos y yo sí, para empujar la puerta con todo mi peso. Me cuesta, pues me resbalan los zapatos y a punto estoy de caerme de rodillas. «Un poco más». Consigo incorporarme y continúo resistiendo, casi sudando.

—¡Ah! —lo oigo gritar cuando estoy ganándole la partida—Has hecho
que me quemara. ¡Abre! — Obedezco asustado y veo con horror lo que he provocado. He derramado un café por completo en su camisa gris, y su rostro crispado delata el dolor que está sintiendo. ¡Mierda! Le quito el otro café lo más deprisa que puedo, lo dejo en el suelo, lo empujo hacia dentro, cierro la puerta y lo ayudo a sacarse la cazadora y luego la camisa, sin pensar muy bien en el desliz que estoy cometiendo; sólo quiero enmendar mi doloroso error.

—Ey, despacio — se mofa pícaro, atrapándome las manos. Una llamarada cargada de electricidad nos asalta de nuevo, paralizándolo. Luego añade más calmado— Tenemos tiempo para desnudarnos.

—¡Imbécil! — Aunque quiero que sufra, no soy capaz de dejarlo con la quemazón en el pecho. Así que con la mandíbula a punto de reventarme por la tensión, continúo desabrochándole la camisa a un ritmo más lento. Me cuesta volver a poner los dedos sobre él, me los noto ardiendo. Hace meses que no hago esto. Que no me dedico a desnudar a otra persona. Trato de controlar la conmoción de mi cuerpo, la violenta sacudida que experimentan mis sentidos. Mis dedos se vuelven lentos, mis ojos imprudentes al ir desvelándose su piel morena. Es apuesto, varonil. Sé que estoy comportándome como un auténtico idiota, pero no puedo evitar sentir lo que me produce el momento, las cosquillitas que afloran en la yema de mis dedos, curiosos por su desnudez.
Hago una parada en mitad del recorrido, me cuesta avanzar.

DEPRIVED   (VHope)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora