Ciudad Capital. 30 de enero del 880
La tumba yacía frente a el con aire melancólico, recientemente estrenada, la porosa superficie de la lapida se mostraba tibia gracias a la intervención del débil pero agradable sol de aquella tarde. Recién durante la noche anterior se habían detenido las torrentosas lluvias que acompañaron toda la semana siguiente a la ejecución y posterior renuncia de Raven, que por suerte para él fue un proceso rápido, gracias a la ayuda del rey, claro, quien ordeno que se le permitiese marchar de inmediato sin tanta pregunta.
Raven acaricio la lapida con ternura, como si esperase que el muerto enterrado bajo esta sintiera el cariño de su acción.
Leyó el nombre tallado en la roca y sus ojos se llenaron de liquido, amargas lagrimas que recorrieron sus mejillas con crueldad, escociéndole en la piel.
Visages de Rappel
846─880
En su vida Raven jamás imagino volverse amigo del hombre que le detuvo a las puertas de la ciudad para sobrecargarle de preguntas burocráticas, y sin embargo, allí estaba, llorando a moco tendido por la persona que fue capaz de entregar su vida para ayudarle a el y Alexandra. Visages se mantuvo en el delgado filo que separa la vida de la muerte durante varios días, debatiéndose sobre cual lado elegir antes de optar por abandonar todo el sufrimiento que las heridas le causaban.
De todo corazón, Raven esperaba que el alma de quien había matado a su amigo se encontrara sufriendo en lo mas interno del Gélido Profundo.
Rebusco entre los bolsillos de su ropa una pequeña petaca que había tomado prestada de la cocina de la taberna y derramo su contenido sobre la lápida, cuidando que ninguna gota de vino cayese sobre el suelo aun blando.
─ Este será nuestro ultimo trago amigo mío, me marcho de vuelta a casa y no creo volver en un buen tiempo. -Se llevo la petaca a la boca y bebió los últimos sorbos con calma. -Perdóname por causar que las cosas terminaran así para ti, conocía los riesgos de llevarte conmigo y aun así acepte tu ayuda cuando me la ofreciste.
Un frio viento le llego desde el norte, calándose los huesos. Cuando miro el cielo se dio cuenta de que había vuelto a nublarse, oscuras nubes se acercaban a toda prisa desde donde soplaba el viento. Volvería a llover, debería apresurarse en emprender el viaje si no quería que el aguacero le sorprendiese a medio camino de Vaargler, pero una parte de su corazón deseaba quedarse ahí para siempre.
Se dejo caer sobre el suelo y se quedó allí largo rato, rememorando tiempo cercanos que en ese momento parecían demasiado lejanos, como si fueran de otra década.
─ No tienes que estar aquí. -Dijo una voz femenina tras a su espalda. -Eres un imbécil si crees que por sentarte allí me devolverás a mi marido.
Se puso en pie con lentitud, recriminando a los Hacedores por ponerle ante una situación tan incomoda, solo quería despedirse de su amigo y ellos le enfrentaban contra la viuda. Al volverse en su dirección, se encontró con la severa mirada de la mujer, que sin pronunciar palabras le expresaba cuando lo odiaba. Se trataba de una mujer entrada en carnes, varios años mayor que Visages.
─ Es tu culpa que ahora se encuentre ahí, enterrado bajo dos metros de tierra húmeda.
Chillo ella, apuntando con un dedo regordete al suelo bajo la lápida.
Raven comenzó a retroceder, sin encontrar palabras que pudiesen consolarla.
Las palabras de la mujer se le clavaban en el alma como puñales en la carme, pero no le culpaba por pronunciarlas, después de todo, si fuese ella, actuaria del mismo modo. Esperaba que jamás le pasase, pero imaginaba que perder a su alma gemela era uno de los dolores más grandes que podía experimentar el ser humano.
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Padres e hijos
AzionePadres hijos nos cuenta dos historias distintas pero a la vez muy relacionadas entre si. Teniendo como protagonistas a dos hombres de la misma aldea que son buenos amigos pero que se irán separando y volviendo a unir a medida que transcurre la hist...
