Palacio, Ciudad Capital. 21 de enero del 880 d.d
La sala del trono se mostraba tranquila, muy contraria a como lo había sido durante gran parte de la mañana, saturada de vida y movimiento como lo fue en los tiempos del padre de Osmar. A esas alturas ya solo se desplazaban las siluetas de unos cuantos nobles que por lo visto aun no pensaban en irse; tío y sobrino se presentaban ante sus invitados con amplias sonrisas, la mayoría del tiempo se la pasaban bromeando con sus compañeros de mesa, enalteciendo la victoria de los capitanes allí presentes, y tan solo de vez en cuando, dirigiéndose la palabra entre ellos, como si una pesada puerta de acero se interpusiera entre ambos, abriéndose de tanto en tanto para no levantar sospechas entre los comensales.
Owen, cansado ya de tanta adulación, se levantó de la silla sosteniendo una copa carente de contenido.
‒ Os pido silencio.
Las palabras emergieron de sus labios mezclando la solicitud y el mandato, como si quisiese mostrarse igual al resto, pero a la vez tan autoritario e imponente como todo heredero al trono debía comportarse ante aquellos consolidados como el pilar económico del reino. Fue como si el tiempo se hubiese detenido al interior de la sala, sonoras carcajadas se silenciaron gradualmente hasta quedar convertidas en ligeras exhalaciones, los brillantes cubiertos de plata dejaron de estrellarse contra la porcelana, cesaron las masticadas y las copas se detuvieron en el aire, a pocos centímetros de su objetivo final.
Solo tres palabras faltaron para que toda la atención se centrase en el heredero al trono, quien agradeció a sus invitados con un ligero movimiento de cabeza acompañado de una sonrisa.
‒ ¿Descartes?
Llamó a uno de los sirvientes con el mismo tono de voz utilizado con anterioridad, el aludido emergió de las sombras con una jarra de fino vino entre sus ancianas y resecas manos.
‒ Si fueras tan amable.
Owen estiro su mano hacia al anciano, presentándole el vacío interior, apenas adornado por unas diminutas gotitas de tonalidad oscura, las cuales luchaban por reunirse en el centro del recipiente.
El sirviente respondió con una respetuosa inclinación, acto seguido, procedió con el mandato.
‒ Puedes retirarte. ‒Ordeno Owen luego de que la tarea del anciano fuese concluida. El joven heredero aguardo pacientemente hasta que la atención volvió a posicionarse sobre su persona, momento que aprovecho para dirigirse a los nobles que aún se encontraban presentes.‒ Ha sido una comida agradable, pero va siendo la hora de que yo y mi tío nos retiremos a la sala del consejo, todavía nos quedan algunos asuntos que deben ser tratados antes de que este día concluya, obviamente, vosotros podéis quedaros aquí y continuar con la celebración durante el tiempo que estimen conveniente. ‒Se tomó una pausa para tragar saliva, la cual fue se vio inundada por las agradecidas palabras de los comensales. Tras unos segundos, Owen decidió continuar.‒ Pero no nos retiramos sin antes alzar las copas por última vez en nombre de todos aquellos valientes soldados que lucharon contra el levantamiento de aquellos criminales que se hacían llamar Citoyen, pero hagámoslo en especial por los valientes capitanes que se encuentran presentes en nuestra mesa, también por el ausente Marcel, quien aún se entrega a la tarea de cazar supervivientes.
Cada uno de los presentes alzo su copa en dirección al techo, algunos con tanta brusquedad que las gotas de vino se precipitaron al suelo como si de lluvia se tratase, una tan oscura y viscosa como la sangre misma.
‒ ¡Salud! ‒Corearon todos al mismo tiempo.
Palacio, Ciudad Capital. 21 de enero del 880 d.d
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Padres e hijos
AcciónPadres hijos nos cuenta dos historias distintas pero a la vez muy relacionadas entre si. Teniendo como protagonistas a dos hombres de la misma aldea que son buenos amigos pero que se irán separando y volviendo a unir a medida que transcurre la hist...
