Capitulo 24: El primer choque

139 26 15
                                        


Posada, Ciudad Capital. 10 de enero del 880 d.d

Raven abrió la puerta del lugar al mismo tiempo que dedicaba una seña con el brazo a Alexandra, invitándola a entrar antes que él, la joven le correspondió con su hermosa sonrisa antes de dirigirse al interior de la ya restaurada posada que volvía a funcionar luego de un tiempo inactiva producto del caos y la confusión provocados por el asalto al almacén. Ahora el lugar se encontraba en su máximo esplendor, remodelada con ayuda monetaria por parte de Raven la afluencia de clientes era mucho mayor, las ganancias aumentaban así como el personal que llegaba en busca de trabajo atraídos por el renombre del lugar. El militar aún continuaba destinando dinero, invirtiendo una parte de su sueldo para los gastos comunes como compra de provisiones o pago de sueldos, y es que luego de casi dos meses se había convertido en un socio de la dependienta, lo cual le generaba las ganancias suficientes como para vivir modestamente y enviar una parte de lo ganado a Vaargler para dedicarlo a la mantención de las levas que ya comenzaba a extrañar.

Varios de los clientes más habituales les dedicaron saludos al reconocerles, ya fuera levantando sus copas, con simples palabras o moviendo las manos de un lado al otro. Casi todos los que acudían al lugar en busca de comida o bebida les conocían y a la vez les profesaban un gran cariño, puesto que ambos eran muy cercanos con la gente y les encantaba pasar el rato manteniendo alegres conversaciones con los clientes.

Entre los clientes reunidos aquel día hubo uno de ellos que al reconocer al joven soldado se levantó de su asiento, dejando sobre la mesa una jarra de cerveza y un trozo de carne a medio terminar. Raven conocía al hombre desde bastante tiempo atrás, pero no fue hasta que comenzó a invertir en el lugar que se convirtieron en buenos amigos. Se trataba de Visages de Rappel, un soldado encargado de custodiar una de las tantas puertas de entrada a la Ciudad Capital, mismo hombre que en dos ocasiones dedicara parte de su tiempo a llenar los papeles necesarios para que Raven entrara en la ciudad, el mismo que contara al joven sobre su peculiar habilidad de recordar los rostros de la gente por muy poco que los hubiera observado.

Cuando Raven se dio cuenta de quien se aproximaba se detuvo en seco para saludarle con un fuerte apretón de manos acompañado de un afectuoso abrazo, Alexandra por su parte continúo con su camino en dirección a la dependienta, quien en ese momento se dedicaba a las cuentas del día anterior.

‒Ven y siéntate conmigo, imagino que has caminado bastante y que una buena porción de cerveza te ayudara. ‒Dijo Visages apuntando a la mesa en donde hasta hace poco degustara en silencio.

‒No existe razón alguna para no compartir con un buen amigo. ‒Contesto Raven con una sonrisa, se encontraba exhausto luego de tanto andar y una buena ración de cerveza le ayudaría a recomponerse, más aun si era acompañada de una agradable conversación.

Se sentaron uno frente al otro en la mesa que hasta hace poco era ocupada por Visages, quien de inmediato pidió una ración de cerveza y comida a la camarera más cercana. Pasaron alrededor de cinco minutos antes de que la joven volviera con una gran jarra acompañada de un buen trozo de carne aún caliente.

‒Ha pasado ya un tiempo desde la última vez. ‒Visages le hinco el diente a su porción.

Raven bebió un buen sorbo, más de lo que hubiera podido aguantar normalmente.

‒ ¡Raven!

El joven giro la cabeza directo a la dirección desde donde provenían los gritos. Allí, en las escaleras, se encontró con una desesperada Alexandra que bajaba a todo prisa los escalones, saltando de dos en dos, intentando no resbalar y caer. Una vez abajo se acercó a su enamorado con el rostro enrojecido, a punto de estallar en lágrimas.

Padres e hijosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora