Palacio de Dorrak. 16 de octubre del 879 d.d
Por suerte el sobrino del rey era muy parecido a él en cuanto a contextura física, por lo cual para que acudiera presentable a su encuentro con el soberano se le entregaron unos ropajes muy finos que antes pertenecieran al posible futuro heredero a la corona. Frente al espejo de la habitación que se le designara se veía a si mismo completamente diferente, las maneras de vestir entre las gentes de las ciudades grandes eran muy diferentes a la de los habitantes de pueblos y aldeas.
Miro la espada que descansaba sobre la cama y pensó si debía llevarla consigo a la reunión, dentro de los límites del palacio no era necesario ir armado con tanto guardia vigilando, pero como miembro de la leva estaba acostumbrado ya a llevar su arma a todos lados, el acero era prácticamente su más fiel compañero. Pero si se presentaba armado ante la presencia del rey podía ser mal visto por el resto, por lo que la tomo entre sus manos y la oculto bajo el cómodo lecho.
Ahora que estaba listo solo le quedaba esperar a que una de las sirvientas llegara a buscarle para luego conducirle ante la presencia de Osmar III, en su mente solo deseaba que aquella que llegase fuera la hermosa Alexandra, la mujer que cautivara su corazón hace cuestión de horas. Pensado estaba en los bellos ojos verdes de la muchacha cuando comenzó a acercarse a la única ventana de la habitación, desde allí podía tener una hermosa vista de los jardines durante la noche. De pronto los cristales comenzaron a presentar pequeñas perlas por todos lados, las cuales iban acompañadas por un débil sonido que a él le pareció bastante agradable. Era la primera lluvia del año, este pequeño evento de la naturaleza marcaba el inicio del invierno en el reino de Dorrak, de seguro desde Drakenor hacia el sur la nieve caería en cuestión de nada. Imaginar el paisaje que proporcionaba el conocido Blanco Eterno le provocaba ganas de viajar hacia tierras tan alejadas, por un momento se le ocurrió llevarse a Alexandra con él, pero ella no podía abandonar su trabajo.
Sus viajeros pensamientos fueron interrumpidos por unos golpecitos en la puerta, se alejó de la ventana sin dejar atrás sus deseos de recorrer el reino para encontrarse con una anciana criada que le dedico una reverencia una vez estuvieron frente a frente.
-Me han enviado para llevarle ante el rey. -Dijo ella aun inclinada
-Por favor levante la cabeza, no soy nadie que merezca estas señales de respeto. -Contesto Raven algo nervioso.
-Si es un invitado del rey debe de ser alguien importante.
-Para nada, solo he tenido suerte.
-¿De veras? -El joven asintió con la cabeza.- Si es así entonces es alguien con mucha suerte, la diosa de la fortuna debe de tenerlo en gran estima.
-Esperemos que así sea. -Contesto con una sonrisa.
-No hagamos esperar al monarca, no es una persona de mucha paciencia.
Raven le dedico un gesto para que le guiase a través de los largos pasillos de palacio, la anciana caminaba con rapidez y confianza como si llevara mucho tiempo dentro de aquellos helados muros. Doblaron en una esquina para poco más allá subir unas escaleras, continuaron por un oscuro pasillo pasando por fuera de varias puertas hasta llegar a una que era doble, fuera de ella dos soldados aguardan siempre en guardia.
-El joven señor ha sido invitado a la mesa del rey. -Dijo la anciana.
De inmediato las puertas se abrieron para dar paso a un gran salón perfectamente iluminado, en el centro de este se encontraba una gran mesa servida con varios platos exquisitos que le despertaron el apetito de inmediato. El monarca le esperaba sentado con una copa de vino en la mano, detrás de él dos sirvientes aguardaban atentos a cualquier orden del hombre más poderoso del reino.
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Padres e hijos
AksiPadres hijos nos cuenta dos historias distintas pero a la vez muy relacionadas entre si. Teniendo como protagonistas a dos hombres de la misma aldea que son buenos amigos pero que se irán separando y volviendo a unir a medida que transcurre la hist...
