Capitulo 43: Sentimientos de culpa

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Thiser. 21 de enero del 880 d.d

Bardien observaba el cadáver de Héraut con cierto aire de victoria, como si hubiese sido el mismo quien le venciera en singular combate. Las cicatrices del rebelde le llamaban la atención, llevándole a preguntarse cómo era posible que un solo hombre fuese capaz de aguantar tantas laceraciones y dolor, quien o quienes las habían provocado; en aquellos momentos la curiosidad y el saber le obligaban a lamentar la muerte del hombre, vaya que le hubiera encantado conocer a detalle la historia que acompañaba a cada cicatriz.

‒ Un roble difícil de talar según lo comentado por Marcel.

El anciano giro en ciento ochenta para reconocer a quien le había hablado. Perseus caminaba en su dirección con las manos unidas tras la espalda, su espada colgaba del cinto ocasionando un débil tintineo cada vez que su segundo al mando daba un paso.

‒ Lo suficiente como para que ese idiota le matase por la espalda. ‒Respondió el capitán, claramente disgustado ante la cobarde acción de su subordinado.

‒ Solamente se encargó de terminar el trabajo que tu protegido se esmeraba en prolongar. ‒La réplica fue cruda, cargada de repudio en contra de Raven.‒ Pero no he venido a hablarte de eso.

‒ Habla pues.

Le apresuro. Como si se hubiesen puesto de acuerdo, ambos iniciaron una caminata para alejarse del cadáver, el cual se iba quedando atrás en compañía del resto de sus compañeros fallecidos, todos ellos acumulados en una zona alejada de las llamas, en donde el calor no se asegurase a apresurar su descomposición.

‒ Los hombres han encontrado a un grupo de aldeanos refugiados en un edificio. ‒Perseus tomo una gran bocanada de aire, como si se hubiese aguantado la respiración durante el corto periodo de tiempo pasado en compañía de los cadáveres.‒ He ordenado que les mantuvieran vigilados a todo momento bajo la obvia sospecha de avalar la causa rebelde.

Bardien le dirigió una mirada de aprobación.

‒ ¿Dónde están ahora?

‒Descansando junto a las carretas de transporte, la mayoría de ellos se mostraban sofocados tras pasar tanto tiempo en medio de las llamas.

‒ ¿Hay heridos?

‒ Solo un par de quemaduras leves, les enviamos a la capital en una carreta custodiada por Raven y los suyos. Ellos se encargaran de dejarles ante un médico antes de retirarse a descansar.

Pudo divisar las figuras de las carretas que se ubicaban a pocos metros de distancia, el incendio que devastaba a sus espaldas era tan fuerte que poco y nada le costaba distinguir a quienes se encontraban alrededor de estas. Había allí mujeres deprimidas, hombres preocupados por el futuro de sus familias, ancianos al borde del colapso, niños correteando alrededor de los adultos e incluso un par de perros y gatos de pelaje chamuscado, mascotas que quizás habían perdido a sus amados dueños y que ahora quedaban solos ante las inclemencias de las calles.

‒ No soy capaz de imaginarme cuantos sufren estas personas al ver como el fruto de una vida acaba convertido en cenizas, este ha sido un acto poco humanitario de tu parte.

Perseus le devolvió una mirada ofendida, el creía haber hecho lo correcto al impedir que aquellos traidores abandonasen la zona.

Llegaron juntos a los refugiados, quienes en un principio no le tomaron en cuenta, la mayoría de ellos se encontraban enfrascados pensando en que hacer ahora que lo habían perdido todo. Poco después se percataron del rango ostentado por los dos hombres recién llegados, ninguno de los presentes se quedó sin decir nada, todos ellos se lanzaron contra los militares acribillándoles bajo una lluvia de preguntas desesperadas. Perseus y Bardien comenzaban a retroceder temiendo que el asunto se les escapara de las manos en cualquier momento, incluso el primero se aseguró de llevarse la mano al pomo de la espada en caso de ser necesario, acto que fue detenido de inmediato por su superior.

Padres e hijosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora