Vaargler. 30 de octubre de 874 d.d
Era una hermosa mujer, aquel rostro tan lleno de vitalidad y belleza le cautivo desde el momento en que le vio por primera vez. Ella estaba sentada al borde de la fuente con otra mujer que también era bella, pero no alcanzaba en ningún aspecto a su acompañante, al menos eso pensaba el, pues todos tienen ideales de belleza muy distintos. Ella charlaba amistosamente mientras jugaba con su mano, describiendo pequeños círculos en el agua, por otro lado, los poderosos rayos del sol causaban un hermoso brillo en su ondulado cabello color caoba.
-¿A quién miras tan embobado? –Pregunto Gazva de repente.
-A aquella sentada en la fuente, es hermosa. –Contesto sin despegar la mirada.
Al parecer su respuesta fue muy graciosa, porque Gazva no pudo evitar una pequeña carcajada tras escucharlo. Una vergüenza comenzaba a inundarlo y solo entonces pudo darse cuenta de que estaba mirándola demasiado, no podía creer que se había pasado tanto rato mirando a una mujer, nunca se lo hubiera imaginado tampoco, el, que siempre se había enfocado en las armas sin demostrar interés alguno en el sexo opuesto hasta hace poco se encontraba hipnotizado por una a la que ni siquiera conocía.
-Es tan hermosa que faltan palabras para describirla. –Comento Gazva mientras las miraba.- Aunque a mí me gusta mucho más su compañera, la de cabellos dorados.
-Ambas están bien para mí. –Contesto Edregan con una sonrisa.
-Tienes razón. –Él también estaba asombrado con la belleza de ambas mujeres.- ¿Sabes qué? Iremos a hablarles y les invitaremos a recorrer un poco.
-¿Qué estás diciendo? –Pensar en estar junto a ella lo puso algo nervioso.- Podrían ya tener compañía.
Gazva volvió a estallar en carcajadas.
-No te preocupes, te aseguro que nadie las acompaña.
-¿Cómo puedes estar tan seguro? –Le miro desconfiado.
-Te lo demostrare, tu solo mira. –Una desafiante sonrisa se dibujó en sus labios.- ¡Olyra!
Su compañero comenzó a agitar uno de sus brazos en el aire, la joven sentada en la pileta comenzó a mirar en todas direcciones como si alguien le hubiese llamado por su nombre. Al notar a Gazva tomo del brazo a su amiga y juntas comenzaron a caminar en dirección al par de hombres, con cada paso que ella daba la veía aún más hermosa, entre más cerca la tenía sus facciones se iban dibujando de mejor manera. No cabía duda alguna, ella había logrado cautivar su duro corazón.
-Edregan, amigo mío, te presento a Olyra Recinof, una gran amiga de la infancia a la cual aprecio mucho, y que además es la hija de Gurna Recinof, nuestro nuevo alcalde. –Dijo mientras apuntaba con la palma extendida a la mujer que le había cautivado.
Casa de Edregan. 27 de abril del 875 d.d
Era el día más feliz en toda la vida de ambos. Después de un tiempo conociéndose se dieron cuenta de que se amaban mutuamente y que sus corazones no podían latir por separado. Por esta, y más razones, habían llegado juntos hasta aquel punto de su historia conjunta, su matrimonio había sido hermoso, todos sus amigos y seres queridos estuvieron presentes en la ceremonia, incluso todavía se encontraban festejando en otro lugar de la casa, pero ellos se habían retirado un momento para poder estar en la intimidad y dar rienda suelta a su pasión.
Desnudos, ambos dejaban que la luz lunar que entraba por la ventana les inundara, dándole a su piel una tonalidad azulada. Acaban de enlazar sus cuerpos en la prueba máxima de amor y ambos se encontraban un tanto cansados. Ella acaricio el lampiño pecho de su amante por unos segundos mientras le miraba directamente a los ojos, pocos segundos después ambos enlazaron sus labios en un apasionado beso.
-Eres lo mejor que me podría haber sucedido. –Dijo el después de haberse separado.- Gracias por todo.
-No tienes nada que agradecerme. –Contesto ella, con una sonrisa que dejaba ver sus hermosos dientes.
-¿Eso crees? De no haber sido por ti aun estaría sumido en aquel agujero en el cual caía cada vez más profundo. Tus cuidados y tu incondicional cariño me ayudaron a volver a levantarme.
-No es para tanto. –Aunque él no se daba cuenta, Olyra se encontraba sonrojada en aquel momento.
-Créeme que sí. –Le contesto antes de volver a besarla.
Casa de Edregan. 15 de octubre de 879 d.d
Al final, después de tantos buenos recuerdos, pudo salir de su profundo estado de trance. El comenzar a recordar el tiempo que habían vivido juntos no la iba a devolver a la vida, aunque tampoco lo harían los deseos de venganza, pero al menos así podría dejar que el alma de su amada descansara en paz.
Camino lentamente hasta estar junto a ella, una vez a su lado se dejó caer de rodillas para luego llorar sobre su regazo, la sangre comenzaba a macharle las ropas y el cabello, pero eso no le importaba en lo más mínimo, la ropa se podía reemplazar y su cabello podía lavar, cortar incluso si era necesario. Paso así varios minutos, apegado al cuerpo inerte de Olyra hasta que decidió secarse las lágrimas y acariciar por última vez las tersas mejillas de aquel hermoso rostro que no había cambiado desde la primera vez que la había visto, habían pasado alrededor de cinco años y ella se mantenía hermosa incluso tras la muerte.
-No sé qué voy a hacer sin ti. –Dijo mientras sujetaba una de sus manos, la piel estaba helada al tacto.
-Cuidar de tu hija por ejemplo. –Dijo Gazva mientras entraba, camino hasta estar junto a él para dejar caer su mano sobre uno de los hombres de Edregan.- Eso a dicho con sus últimas palabras, que cuidaras muy bien de Lyra.
-¿Tú las has escuchado? –Pregunto con la voz entrecortada, sin apartar la mirada del cadáver. De sus ojos comenzaban a aflorar nuevas lágrimas.
-Yo y Alina fuimos los primeros en llegar. La encontramos muy malherida, supimos de inmediato que no teníamos forma de salvarla. Lamento mucho tu perdida, pero tu hija te está esperando.
-Ahora no puedo ir con ella. –Respondió mientras comenzaba a levantarse.
-¿Qué estás diciendo?
-No hasta que cumpla con su venganza. Por favor cuida de ella.
Edregan camino hasta un armario que había en un lugar de la habitación, al abrir ambas puertas una brillante y ya antigua armadura destelló con un brillo pálido. Gazva quedo asombrado, era la misma que su compañero había usado durante todos sus años de servicio, no podía creer que estuviera tan loco como para salir en busca de los asesinos de su esposa, era el momento en que su hija más le iba necesitar pero él estaba decidido a ausentarse hasta quien sabe cuándo, incluso si eso significada no asistir a los funerales. Gazva quiso reclamar, decirle que estaba a punto de cometer una locura, pero sabía que todo esfuerzo de hacerle entrar en razón iba a ser vano, cuando Edregan se decidía a algo no existía persona en el mundo que lograra detenerlo.
-¡Maldita sea! –Exclamo de pronto Edregan. –Se han llevado solo la espada.
-El resto era demasiado pesado como para que pudieran escapar, además de que esta armadura esta ya obsoleta, es un modelo de hace diez años. –Su compañero lo miro furibundo, creyendo que Gazva se estaba burlando de él. Era la primera vez desde que le conociera que contemplaba aquella mirada asesina en los ojos de su compañero, ni siquiera en el campo de batalla.- Toma.- Le dijo mientras le lanzaba su sable, el otro lo atrapo con facilidad.
Edregan comenzó a acercársele, aquella mirada había desaparecido de su rostro, lo que para el resulto ser un alivio, la forma en que esos ojos le habían amenazado le causaron un estremecimiento por todo el cuerpo.
-Perdona mi reacción. –Dijo mientras abrazaba a Gazva.- Por favor cuida de Lyra un poco.
-Tan solo procura sobrevivir por ella.
Edregan se agacho nuevamente para besar por última vez la frente de su amada, el adiós definitivo acompañado del trágico final de aquella historia de amor. Tras levantarse comenzó a caminar en dirección a la puerta sin mirar atrás, estaba decidido a cobrar la venganza sin importar que le pudiese llegar a ocurrir.
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Padres e hijos
ActionPadres hijos nos cuenta dos historias distintas pero a la vez muy relacionadas entre si. Teniendo como protagonistas a dos hombres de la misma aldea que son buenos amigos pero que se irán separando y volviendo a unir a medida que transcurre la hist...
