Capitulo 29: De vuelta en casa

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Casa de Raven, Vaargler. 14 de enero del 880 d.d

Le sorprendió encontrarse con todo cuidadosamente ordenado y limpio, después de tanto tiempo fuera de casa se esperaba que la mayoría de cosas se mantuvieran cubiertas por una gruesa capa de polvo, con alguna clase de alimaña rondando por ahí o incluso habitada por un completo extraño. Pero nada de eso: cada objeto se encontraba exactamente donde él lo había dejado, la mesa desempolvada y las sillas descansando sobre esta, esperando impacientemente por volver a ser usadas como en tiempos de antaño; un rustico florero de madera adornaba el centro de la mesa, en su interior reposaba un surtido de flores recién cortadas, estas desprendían un aroma tan fresco y relajante que no pudo evitar dar una gran calada al sentir como este se internaba en su nariz.

Dio un par de pasos hacia el interior, observando con asombro el cuidado prodigado por alguien. Alexandra entro tras de él, encantándose con lo acogedor y bien cuidado de aquel hogar, le gustaba, la casa de Raven era perfecta.

‒ Bueno, me la esperaba un poco más sucia.

Edregan entraba en esos momentos, sonriendo ante la clara confusión del joven.

‒ Alguien se ha encargado de cuidarla muy bien por ti. ‒Le dijo levantando los hombros.

‒ Pues dime quien ha sido. ‒Raven lo miro a los ojos.‒ He de saber quién para agradecerle y disculparme por las molestias.

Edregan le sonrió de manera desafiante.

‒ Eso tendrás que descubrirlo por ti mismo. ‒Aspiro el aroma de las flores aun frescas.‒ Además, no creo que haya sido una molestia para quien ha hecho esto.

‒ Me imagine que no me dejarías las cosas tan fáciles.

Le dijo mientras se le acercaba. Una vez frente a él dejo caer su mano sobre el hombro del alcalde, le miraba con provocación.

‒ ¿Es necesario que te obligue? ‒Le mostro los dientes en una amplia sonrisa.

‒ Ya quisiera ver como lo intentas.

Ambos se miraban fijamente, desafiándose entre ellos.

Pasados un par de minutos la pareja de militares estallo en carcajadas, abrazándose en señal de profunda amistad.

‒ Venid a cenar con nosotros, celebraremos mi momentánea vuelta a casa. ‒Le invito.‒ Tú, Gazva, Alina, los niños. Os quiero a todos en mi casa esta tarde.

‒ Más que aceptado, así todos podremos conocer mejor a esta hermosa señorita. ‒Respondió mientras se separaban, Alexandra le dirigió un movimiento de cabeza a modo de agradecimiento por el cumplido.

Edregan se acercó a la puerta, se detuvo a pocos centímetros de encontrarse fuera.

‒ Es bueno tenerte de vuelta, los niños te extrañaban. ‒Dijo sin mirarle.

‒ Me alegra estar en casa.

El alcalde sonrió para sí mismo.

Reanudo su marcha de vuelta con Gazva y los pequeños.

Cuartel de las levas, Vaargler. 14 de enero del 880 d.d

Yazir se mostraba inquieto, nervioso ante la presencia del desconocido. Era un hombre bastante alto, muy por sobre la media del resto, la imagen de Héraut acudía a su mente mientras observaba la figuraba del gigante; una recta cicatriz comenzaba en su frente, bajando en dirección al parpado, deteniéndose a muy poca distancia de este. Llevaba el cabello largo, recogido en una amplia coleta nacida en la parte posterior de su cabeza; a modo de barba poseía una gruesa perilla moteada de tonos marrones. El cuerpo era ancho, de músculos pronunciados y bien definidos, como si llevara años cuidando de su aspecto físico; otra cicatriz nacía desde el dorso de la mano, ascendiendo en forma diagonal para luego perderse en el interior de sus ropas.

Padres e hijosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora