Ciudad Capital. 16 de noviembre del 879 d.d
Alexandra sintió como se le apretaba el estómago al entrar en la poca iluminada habitación, sabía que en el interior se encontraría con algo terrible para ella, pero nunca se imaginó que el grado de salvajismo de aquellos soldados descontrolados llegaría hasta tal punto. Su pequeño hermano se encontraba aun inconsciente, tendido como un cuerpo muerto sobre la pequeña cama, con el rostro hinchado y repleto de cardenales, se encontraba prácticamente irreconocible. Por suerte los doctores determinaron que ningún hueso del rostro se rompió durante la fuerte golpiza del día anterior, golpiza de la cual podría tardar incluso meses en despertar según los informes de los especialistas.
Se acercó con cautela, intentando no provocar ruido alguno que perturbase el indefinido sueño de su hermano. Observo de cerca los ojos amoratados, el cabello desaliñado, la nariz enrojecida, los labios hinchados, el corte en la ceja. Ningún hombre podía ser capaz de una atrocidad tan grande, de seguro los perpetradores de tal acto eran monstruos con piel humana.
Se tapó los labios con ambas manos luego de exhalar un dolorido sollozo, saco un pañuelo de su delantal y se secó las lágrimas que florecían desde sus hermosos ojos.
-Te recuperaras. –Dijo con voz baja y entrecortada.- Y los que te han hecho esto pagaran muy caro.
-Y yo me encargare de lo último. –Sentencio una voz masculina a sus espaldas.
Al voltearse se encontró con un hombre alto, musculoso, de mirada agresiva. El rostro del recién llegado se encontraba marcado por un montón de cicatrices causadas en su mayoría por el frio roce de una espada.
-¿Es usted quien ha cuidado de mi hermano? –Pregunto ella recuperando la compostura y acercándose al hombre.
-No me he separado de él desde el incidente. –Respondió el otro.
-Tiene mi más sincera gratitud, no sabría qué hacer si lo hubiera perdido, en esta vida solo somos él y yo. –Estuvo a punto, pero logro contener su llanto.- Solo tengo una pregunta.
-Hágala usted con toda confianza. –El hombre se sentó en una silla cercana a los pies de la cama.
-¿Por qué no le ayudo antes de llegar a este punto? –Pregunto ella apuntando a su inconsciente hermano.
-Porque lamentablemente no me encontraba en el lugar cuando todo comenzó. –Ella solo le miro esperando a que prosiguiera.- Pasaba yo por fuera de la posada cuando escuche el alboroto que causaban esos desgraciados. Si me hubiera encontrado en el lugar desde el principio tenga por seguro que su pequeño hermano se encontraría de pie y no postrado en un lecho.
-Entiendo. De todos modos, de no ser por usted Yazir ya ni siquiera se encontraría vivo.
-Solo me encargo de defender a la gente de los abusos. –Contesto el con una cariñosa sonrisa, un gesto que parecía ajeno a su duro rostro.
-Por cierto, mi nombre es Alexandra.
-Yo soy Héraut. –Respondió el poniéndose de pie y dedicándole una respetuosa reverencia.
-Para mí es un gusto. –Dijo Alexandra devolviendo la reverencia.- ¿Es usted conocedor del destino de los militares que han golpeado a mi hermano?
-Solo uno continua con vida, el rey mismo decidirá el destino de este hombre. –Una pausa, miro por la ventana.- Eso será dentro de unos minutos no muy lejos de aquí, si usted lo desea puedo acompañarla.
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Padres e hijos
ActionPadres hijos nos cuenta dos historias distintas pero a la vez muy relacionadas entre si. Teniendo como protagonistas a dos hombres de la misma aldea que son buenos amigos pero que se irán separando y volviendo a unir a medida que transcurre la hist...
